Artículo publicado en Rojo y Negro nº 384 de diciembre

Continuamos el artículo reseñando las desigualdades estructurales en las que ha devenido el país a causa de las estructuras económicas creadas basadas en las oligarquías y fundamentadas en el apoyo de las potencias expoliadoras.

Análisis socioeconómico

La actual población brasileña se puede dividir en dos bloques intrínsecos. Por un lado, está la élite, conformada una minoría blanca y descendiente de los antiguos hacendados y militares. La clase media como tal no existe salvo pequeños empresarios, funcionariado y algunas profesiones liberales. El grueso de la población vive al día y tiene acceso a algunos servicios básicos; tienen una filosofía sin grandes ambiciones: vivir el momento. El escalón más bajo se encuentra en las ciudades, no tienen nada. Viven entre cartones tirados por las calles —literalmente— y esperando la caridad cristiana o de los turistas. Muchos acaban adictos al crack o cogiendo enfermedades que no pueden tratarse en el país. No hay ni comparación con lo peor que nos podamos imaginar en el Estado español, no hay palabras para describir su situación, hay que verlo in situ. Por último, está surgiendo una nueva clase social que se ha gestado con las nuevas políticas laborales, igual que en el resto del mundo, y que se puede definir como aquellas personas que aun teniendo un empleo a jornada completa su miserable salario no alcanza para cubrir el mínimo de sus necesidades básicas.
El otro vector que puede ayudarnos a entender la conformación de la sociedad brasileña es el tono del color de la piel. Los blancos son los descendientes de la élite, pero también de los emigrantes europeos del siglo XX. Aquellos con piel oscura o marrón son los descendientes de los esclavos y de los antiguos pobladores, sufren una discriminación social muy instaurada en las instituciones que se traduce en violencia, abusos policiales, discriminación laboral, etc. Vítor Moreira, un traductor que nos acompañó en el encuentro, hablaba de los “quilombos”: lugares donde antaño se acogía a los esclavos (negros) para protegerles y sacarles de la esclavitud y añade que actualmente sigue existiendo la esclavitud en el interior de Brasil, concretamente en zonas muy apartadas, en la maderera/minería ilegal y que hay elevados índices de prostitución. Jair Bolsonaro redujo la sección de la Policía que se encargaba de perseguir a los esclavistas. Por el contrario, existe el llamado Movimiento Quilombolas donde los indígenas y los quilombos se unieron contra este enemigo común. Al igual que en Portugal, en Brasil se hereda primero el apellido de la madre y después del padre, este hito permite aflorar la herencia de la esclavitud y de los hijos de los amos con las esclavas; actualmente no es obligatorio pero se sigue la costumbre.
La división racial se observa en los oficios: los morenos hacen los trabajos menos valorados. Por otro lado, el mundo fabril está casi totalmente. La mujer sigue cumpliendo con los estereotipos laborales de género u oficios vinculados al textil, comercio o servicios, pero —al menos en la ciudad— ya se introduce en otros sectores como en la industria e incluso trabajan en las cadenas. Es un buen comienzo, pero todavía quedan muchas barreras que romper.
El choque cultural es inevitable, su alimentación básica se puede simplificar a un plato mixto con arroz, judías pardas y algo de carne, generalmente pollo. Gustan también de carne en salchicha similar al chorizo, pero sin curar y que acompañan con alguna salsa de tomate. Es raro que haya pan, queda más para el desayuno. Las frutas que en nuestras latitudes son exóticas allí son completamente habituales, gustan mucho de sabores dulces. Los refrescos son de las mismas compañías multinacionales, pero este mercado demanda el dulzón, por ello pueden tener hasta el 50% de zumo cuando en España no llegan ni al 5%. También se combinan con alcohol, pero solo un 5% de volumen. Los precios pueden estar entre 8 y 10 reales (±1,20 €), el tabaco industrial varía entre marcas, pero las más caras no pasan de los 8 reales; el tabaco tradicional se llama Palheiros que aúna una hoja de maíz con el tabaco. La gente pudiente acude a los “shopping”, que son los centros comerciales, las marcas y los precios son similares a España y comparando su poder adquisitivo resultan excesivamente elevados y sólo una minoría puede permitírselo. La gente corriente acude a los mercados ubicados en el centro urbano. El modelo de alimentación americano y de fast eat no está implantado porque estos establecimientos se encuentran en los shopping y, por tanto, limitado al poder adquisitivo. Respecto al dinero es muy poco frecuente usar metálico, salvo que seas una persona mayor o un turista; tienen muy implantado el pago con tarjeta, Bizum o incluso criptos. Un aspecto curioso es la libertad sexual que predican, el hecho de estar casada/o no es ninguna barrera moral para intentar algún cálido encuentro.
La apariencia de las construcciones recuerda a otro tiempo: muy caóticas y sin estética conjunta. Incluso el encofrado para el hormigón se hace aún con tablas de madera. Los calles son caóticas, a un lado puede estar una casa de dos plantas y seguido un rascacielos de 25 pisos. Suelen ir decorados con colores cálidos, pero la estética general es como si fuera un estilo desgastado o ruinoso. La seguridad privada es increíble en hoteles, oficinas, centros shoppings, etc. Hay una considerable abundancia de iglesias de distintas ramas, parece ser que la población, cuando no tiene soluciones terrenales a la miseria lo único que puede hacer es apelar a lo divino.
Brasil supone un reto para la clase trabajadora desde cualquier punto de vista, tienen problemas estructurales y sociales que en el Estado español fueron solventados hace décadas; a lo que se suma la racialización social y el acopio de la riqueza en pocas manos. La clase trabajadora debe apoyarse y caminar elocuente hacia el futuro.

David Blanco (Sº. RR.II.)
Alberto García Lerma (FESIM)

 


Fuente: Rojo y Negro