Artículo publicado en Rojo y Negro nº 387 de marzo

Entre las muchas y olvidadas personalidades que produjo una época tan apasionante y conflictiva como la II República española es digna de rescatar la figura del periodista libertario Jacinto Toryho, nacido el 1 de febrero de 1909 en la localidad zamorana de Villanueva del Campo.

Toryho, cuyo verdadero nombre era Jacinto Torio Rodríguez, sufrió una drástica transformación personal que en muy poco tiempo le hizo transitar desde el seminario, hasta el anarquismo más radical. Esa transición no fue sencilla. El joven periodista fue simpatizante primero de los pujantes movimientos agrarios previos a la instauración de la II República. El desencanto con los mismos le convirtió durante muy poco tiempo en un joven propagandista al servicio del nuevo régimen para a continuación, tras pasar por la Escuela de Periodismo de El Debate fundada por el futuro Cardenal Herrera Oria, convertirse en un furibundo nacionalista español enfrentado a las concesiones autonomistas y laicas de la República.
De nuevo su vida dará un brusco volantazo cuando en la primavera de 1932 se tope con una ideología que marcará su vida indeleblemente: el anarquismo. Rápidamente, se implicará en la creación de la Federación Ibérica de Juventudes Libertarias que se constituirán como organización juvenil del Movimiento Libertario en su primer Congreso celebrado en Madrid ese mismo verano. Torio dejará entonces de escribir en las conservadoras cabeceras regionales ligadas a los propagandistas católicos, para pasarse con lápices y bagajes a la prensa libertaria. Para cerrar definitivamente el anterior capítulo de su vida, transformará su apellido en Toryho, que será la firma que le consagrará como exitoso cronista en las principales cabeceras de la prensa anarquista de la época.
Desde Madrid sus escritos serán cada vez más habituales en Solidaridad Obrera y en Tierra y Libertad, además de en otras muchas publicaciones ácratas. En 1933 se trasladará a Barcelona y allí su prestigio como militante de la CNT y como periodista libertario no hará más que crecer. Toryho ingresará en la Federación Anarquista Ibérica y ayudará a desarrollar una de las mejores revistas libertarias de la época dorada del anarquismo ibérico: Tiempos Nuevos.
En Barcelona protagonizará múltiples polémicas, sus reportajes conocerán un éxito sin igual, se enfrentará a conocidos militantes libertarios y defenderá la implantación en Cataluña de las Juventudes Libertarias, una organización vista como exógena en una regional tan importante dentro del Movimiento Libertario como la catalana.
Toryho jugará un destacadísimo papel en los hechos que acabarán confluyendo en la revuelta de octubre de 1934 que acabará con la disolución de la autonomía catalana y con el propio Companys en la cárcel.
Durante estos años defenderá a ultranza algunos principios: la necesidad de aprovechar el tiempo, el protagonismo de la juventud en el movimiento revolucionario, el valor de la disciplina también entre los anarquistas y el plantar batalla ideológica al pujante fascismo. Por el camino tendrá tiempo de dar a conocer una canción en cuya creación jugó un destacado papel en el Madrid de 1933 y que él mismo trasladó a Barcelona: “A las barricadas”, convertida ya en inolvidable himno revolucionario.
Su capacidad dialéctica y como escritor, además de su dinamismo harán que su personalidad, al lado de su mentor Diego Abad de Santillán, vaya ganando enteros entre la militancia libertaria de la época. No es de extrañar pues, que llegado el 18 de julio, Toryho sea colocado al frente de las Oficinas de Prensa y Propaganda de la CNT-FAI de Barcelona. Desde allí se convertirá en la voz del pujante proceso revolucionario.
Todo ese prestigio acumulado le empujará, no sin polémica, a la dirección de Solidaridad Obrera en noviembre de 1936. Toryho tuvo que enfrentarse a grandes presiones para mantenerse al frente de la principal cabecera del anarcosindicalismo ibérico. Bajo su dirección, Solidaridad Obrera alcanzó la mayor difusión de su historia y se convirtió en el órgano “fiscalizador del proceso revolucionario”, en palabras del propio periodista.
Se mantendrá al frente del periódico hasta mayo de 1938. Imposible recoger en estas pocas líneas la labor del periodista durante esos meses. Tras su cese como director, Toryho se convirtió en uno de los primeros analistas de las causas del fracaso revolucionario y, a la postre, de la derrota en la guerra.
Toryho abandonó Barcelona pocos días antes de la caída de la ciudad en manos de las tropas franquistas. Pronto consiguió instalarse en París, aunque en condiciones muy precarias. Durante un tiempo continuó escribiendo sobre las causas de la derrota y del fracaso revolucionario.
Su precoz anticomunismo, acrecentado durante la guerra, no hizo sino aumentar al conocer el último acto de la Guerra Civil en Madrid. Allí, socialistas, republicanos y anarquistas unidos al coronel Casado deponían al gobierno de Negrín, al que acusaban de estar en manos del Partido Comunista Español, partido que bajo su análisis no actuaba en defensa de los intereses españoles, sino como títere en manos de Stalin.
Durante su estancia en París, Toryho tramitará la nacionalidad cubana para él y su por entonces compañera, la joven de origen ruso Rosa Zimerman. Para ello, probablemente aprovechó su amistad con Alejandro Saavedra, militante de su propio grupo de la FAI, el grupo “A” y nieto de un veterano militante hispano-cubano: Abelardo Saavedra, y la buena disposición hacia los republicanos españoles de la agregada cultural de la embajada cubana en París: la escritora Flora Díaz Parrado. Gracias a ese pasaporte Toryho y su pareja abandonarán Europa en julio de 1939 desde el puerto de La Pallice, en La Rochelle.
Toryho tenía motivos sobrados para abandonar Europa. Su compañera era de origen judío y para entonces estaba claro cuál era el futuro que la Alemania nazi deparaba a los judíos en un próximo conflicto bélico que cada día parecía más cercano.
Antes de partir de Francia, Toryho había conseguido establecer contacto con las Sociedades Hispanas Confederadas (SHC), organización estadounidense formaba por emigrantes hispanos residentes en los EE.UU., muchos de ellos de ideología libertaria. La ayuda de la SHC les permitió abandonar Francia y, en la medida de sus posibilidades, continuará mientras residan en Cuba. A comienzos de 1940, les trasladará a los EE.UU. y finalmente también les permitirá dirigirse a Argentina.
También serán esos contactos los que posibilitarán sus colaboraciones con diferentes publicaciones de lengua hispana editadas en los EE.UU. Inicialmente en la veterana cabecera anarquista Cultura Proletaria, pero también en Frente Popular. Pronto a esas cabeceras se van a unir otras nuevas surgidas en los EE.UU. como España Libre o Vía Libre, y también en Cuba, como es el caso de Rumbos Nuevos.
Los primeros artículos de Toryho en el exilio continuarán la senda de aquellos que estaba escribiendo en Barcelona desde mediados de 1938. Las causas del fracaso revolucionario y, en su análisis, derivado de esta, la derrota en la guerra. Pero muy pronto va a producirse un acontecimiento histórico que le obligará a abrir un nuevo foco de interés en sus artículos.
El 23 de agosto de 1939 se produce un hecho que, en palabras del propio periodista, asombra al mundo. Ese día los ministros de Exteriores de la Alemania nazi, Joachim Von Ribbentrop y de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, Viacheslav Molotov firman en Moscú el “Tratado de no Agresión entre Alemania y la URSS”, más conocido como Pacto Ribbentrop-Molotov.
Dos enemigos, en teoría irreconciliables, como el nacionalsocialismo alemán y el comunismo soviético firman un pacto que abre, de facto, el camino a Hitler para comenzar la II Guerra Mundial. De hecho, el dictador alemán solo tardará nueve días en invadir Polonia. País que pronto quedará repartido entre las dos potencias firmantes del acuerdo.
Toryho calificó semejante pacto como una “traición al proletariado mundial” que será un nuevo argumento, y no menor, para acrecentar su anticomunismo. Inmediatamente el periodista comenzará a escribir artículos y folletos sobre esta nueva “aberración”. Considera que, ahora sí, la clase trabajadora de todo el globo tiene oportunidad de conocer la verdadera naturaleza del comunismo soviético.
Recientemente, la editorial sevillana Renacimiento ha editado Años de hierro, un libro que recopila algunos de los artículos que Toryho escribió sobre el origen y desarrollo de la II Guerra Mundial, tanto en Cuba como en los Estados Unidos y Argentina; país en el que definitivamente se instalará a mediados de 1940.
Toryho fallecerá en Buenos Aires en 1989. Aunque regresó puntualmente a España en diferentes ocasiones tras la muerte de Franco, decidió permanecer en el país que le había adoptado tras la derrota en España.
Por supuesto, Toryho dedicó su atención a otros muchos aspectos, dignos de interés. Sin duda la suya es una figura poliédrica y sumamente interesante. Probablemente tan interesante como desconocida por la historiografía actual. Lo aquí narrado no es más que una pequeña parte de su trayectoria vital. Confiamos en que la próxima aparición de una biografía sobre su figura, en la que hemos trabajado durante los últimos años, contribuya a redescubrir los aspectos más interesantes de su personalidad, sin obviar los elementos más polémicos de la misma. Mientras tanto sirva esta recopilación de artículos para reconocer su capacidad como periodista.

José Miguel Fernández Barreira


Fuente: Rojo y Negro