En el lenguaje español, la palabra “libertario” remite a las ideas anarquistas; particularmente, las consideramos sinónimos y las utilizamos en el mismo sentido: ideas libertarias = ideas anarquistas. Sin embargo, creemos que todos nos hemos encontrado con personas que se consideran libertarios, pero no necesariamente anarquistas. ¿Por qué es así?

No nos referimos a los llamados libertarian, que se ha traducido en castellano alegremente como “libertarianos”, y a su ideario como “libertarismo”, los cuales realizan una crítica al Estado, en beneficio de la libertad individual, pero que consideran sagrada la propiedad privada y están a favor, en lo económico, de una liberalismo salvaje y del laissez-faire. No obstante, este concepto libertariano añade no poca confusión al asunto, ya que se considera heredero del liberalismo clásico, más situado en la derecha, al menos en lo económico, mientras que lo libertario (anarquista) se ha considerado tradicionalmente una corriente izquierdista por su carácter social (aunque recordando que también recoge un legado del liberalismo, especialmente en cuestiones de defensa de la libertad individual).

Desgraciadamente, no podemos quitar importancia tampoco a esta confusión entre libertarian y libertario, de hecho en no pocos textos en internet se ha traducido así la palabra inglesa (renunciando al términolibertariano, no aceptado por la Rae, como tampoco lo está “libertarismo”), ya que la polarización política entre liberalismo y socialismo se ha reducido al enfrentamiento entre la libertad individual y el totalitarismo; el gran perjudicado de esa dicotomía, pob

Desgraciadamente, no podemos quitar importancia tampoco a esta confusión entre libertarian y libertario, de hecho en no pocos textos en internet se ha traducido así la palabra inglesa (renunciando al términolibertariano, no aceptado por la Rae, como tampoco lo está “libertarismo”), ya que la polarización política entre liberalismo y socialismo se ha reducido al enfrentamiento entre la libertad individual y el totalitarismo; el gran perjudicado de esa dicotomía, pobre y esquemática, utilizada en gran medida por la derecha, pero provocada por los horrores de algunos regímenes socialistas de Estado, es el anarquismo, que siempre ha colocado la libertad del individuo como centro de su filosofía, pero entendiendo su carácter eminentemente social.

Volvamos al uso de libertario como sinónimo, o no exactamente para algunos, de anarquista. Al parecer, el origen del término se remonta a la Ilustración y ya a finales del siglo XIX se usa como eufemismo de “anarquista” en Francia debido a la prohibición por ley del anarquismo. Hay que decir que por aquel entonces era ya un sinónimo del verdadero anarquismo: un innovador movimiento defensor de la libertad, pero con un carácter social e igualitario, bien diferenciado del liberalismo clásico y siendo en origen una corriente socialista. Solo en el mundo anglosajón, a partir de la segunda mitad del siglo XX, aparece el término libertarian para añadir esa cierta confusión.

¿Por qué entonces esa renuencia de ciertas personas a hablar de anarquismo, pero sí a utilizar alegremente la palabra “libertario”? La explicación, para mí, está, por un lado, en el acercamiento que han tenido algunos socialistas de otras tendencias, visto el fracaso de la vía estatal, hacia el anarquismo: de ahí que se hable de “socialismo libertario”, en términos más generales, o de “marxismo libertario” de forma más concreta; por otro lado, tal vez con una actitud sincera, y aunque se preconice vías políticas y económicas como la descentralización y la autogestión, no se quiera hablar de anarquismo porque se considera que la palabra es una suerte anatema vinculada a posturas extremas. En mi opinión, la primera actitud debería reconocer, sin más, ese acercamiento al anarquismo (no sé si confluencia); la segunda actitud es, sencillamente, una estupidez, los rasgos anarquistas son, obviamente, muy radicales como corresponden a unas ideas que profundizan y desean transformar la sociedad confiando en que sean sus miembros los que gestionen sus propios asunto de forma directa. Si se considera una postura extrema el fin del Estado, ya es otro asunto, pero llegamos entonces a la ambigüedad con que quiere emplearse el término libertario.

Otras personas, incluso, añaden el apelativo “libertario” al propio anarquismo, tal vez para diferenciarlo del anteriormente mencionado “libertarismo” o del ya delirio que supone el llamado anarcocapitalismo. “Anarquismo libertario” es, obviamente, un pleonasmo al igual que no es compatible el capitalismo, basado en el uso privado de los medios de producción para explotar el trabajo ajeno, con las ideas anarquistas. Seguimos tratando de dejar las cosas claras, en la filosofía política, y ser honestos con un anarquismo, que no necesita apelativo alguno. No se trata, en absoluto, de reclamar la “pureza”de las ideas anarquistas, algo que debería serle ajeno junto a toda ortodoxia, sino de dilucidar una verdadera vía antiautoritaria en aras de la autogestión social. El anarquismo es una corriente que, ya en el siglo XX, puede considerarse una síntesis entre las dos grandes filosofías políticas de la modernidad: liberalismo y socialismo. Obviamente, las ideas anarquistas, o libertarias, deben ser puestas a prueba con el paso del tiempo y con las diversas experiencias históricas, enriqueciéndose con nuevas aportaciones y renunciando a otras por obsoletas o inaplicables. El término libertario, sustantivo o adjetivo, me parece que está inequívocamente vinculado a las ideas anarquistas, precisamente por ser, en mi opinión, las que más han aportado al concepto de libertad en la modernidad. Soy partidario de usarlas como sinónimos y reivindicar así ese legado sujeto a una constante innovación.

Capi Vidal
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