Pues sí. Solo podía pasar en España. En un país esperpéntico en el que los ministros apelan a lo sobrenatural para solucionar temas mundanos como la pobreza o el paro. Condecorar a una u otra Virgen (porque hay pocas religiones tan politeistas como la católica) no es una novedad. A los actuales padres de la patria les va más la ficción que la fea realidad. ¡Dónde va a parar! ¿O va a ser igual tener como colaboradora a Nuestra Señora María Santísima del Amor que a cualquier mindundi carnal sin superpoderes?

El ministro de interior no tiene dudas. Aunque no aclara como se materializa la colaboración mariana, le quiere conceder a esta Virgen, la del Amor nada menos, la medalla al mérito policial. ¡Olé tus bemoles ministro! Que le den las dos orejas, el rabo y doble vuelta al ruedo en la plaza del surrealismo ibérico. Se lo ha ganado el hombre. Mantener estas conexiones entre lo divino y lo humano desempeñando a la par un ministerio en un país aconfesional requiere aplomo. Hay mucho descreído, mucho ateo que reniega de la virginal intervención en los asuntos policiales.

El ministro de interior no tiene dudas. Aunque no aclara como se materializa la colaboración mariana, le quiere conceder a esta Virgen, la del Amor nada menos, la medalla al mérito policial. ¡Olé tus bemoles ministro! Que le den las dos orejas, el rabo y doble vuelta al ruedo en la plaza del surrealismo ibérico. Se lo ha ganado el hombre. Mantener estas conexiones entre lo divino y lo humano desempeñando a la par un ministerio en un país aconfesional requiere aplomo. Hay mucho descreído, mucho ateo que reniega de la virginal intervención en los asuntos policiales. Pero todo tiene una explicación. Por ejemplo: cuando los quince emigrantes se ahogaron en Melilla, Nuestra Señora del Amor, estaba disfrutando unos moscosos. Por desgracia para ellos, ese día no tocó milagro. En respuesta a la «creativa» propuesta del ministro, Change.org ha presentado una petición, que servidora ha firmado ipso facto, pidiendo la concesión de esta medalla del mérito policial a Mortadelo y Filemón. Los argumentos a favor de los entrañables personajes de Ibáñez son mucho más sólidos que los de la candidata ministerial. Los miles de ciudadanos que ya apoyamos la propuesta entendemos que la T.I.A. ha hecho más por la seguridad ciudadana que la susodicha virgen. Nos han hecho reír. Y no amargamente, como sucede con asuntos tan delirantes como mezclar churras con divinas o invocar a los cielos para que estos suplan la incompetencia o la desidia del gobierno. Puestos a escoger una ficción, definitivamente me quedo con Mortadelo y Filemón. Al menos, leyendo sus detectivescas aventuras nunca se te pone «mala virgen». Algo de lo que andan sobrados algunos responsables policiales. Mucha, mucha «mala virgen».

Ana Cuevas


Fuente: Ana Cuevas