Artículo publicado en Rojo y Negro nº 386 de febrero

Contra la explotación de las mujeres y la vida, reivindicamos los cuidados y la economía reproductiva

Hablamos con Mari T. y María H. afiliadas de CGT, y del Sindicato de Madres en la Diversidad Funcional. Tienen mucho que decir al respecto en nuestro entorno de economía reproductiva impuesta por el capitalismo patriarcal.

Este importe es totalmente insuficiente que además ha estado congelada durante 12 años y ahora, durante la última campaña electoral, aprobaron una subida de poco más de 400, subida que en Catalunya todavía no se ha hecho efectiva.
Por otra parte, curiosamente, en Catalunya es donde menos personas tienen el reconocimiento del Grado III de dependencia.

¿Qué opináis sobre el Decreto de Escuela Inclusiva?

Es un insulto, otra estafa. En Catalunya querían alardear la medalla de que existe escuela inclusiva. El decreto es del 2017, pero el papel lo aguanta todo. Nació sin la dotación económica necesaria y sin recursos, y niega a menores de edad un derecho básico como es la educación, su presente y un futuro. Sin recursos no funciona, lo saben los docentes, lo sabemos las familias y lo sufren las criaturas.
Actualmente estamos peor que en 2017. Hace pocos días Laia Asso (directora general de Educación Inclusiva) afirmaba toda risueña que “se han PETADO el presupuesto” y que este curso no habrá más horas de monitoras de apoyo. Pero sí gastan 55 millones de euros en vales escolares¡¡¡¡ (puntuales, concedidos cada año). En cualquier caso, el Decreto de Escuela Inclusiva no se puede desplegar sin recursos.
Estamos a favor de la internalización de las monitoras de apoyo y de todo el personal que acompaña a nuestras hijas e hijos. Deberíamos confluir familias, docentes y el tercer sector para reivindicar unas escuelas públicas de calidad para todos, inclusivas de verdad. El respeto y atención a las discapacidades es una cuestión de derechos humanos. Los servicios públicos que garantizan derechos crean grueso democrático, que nos protege a todas.
Sabemos que no son sólo gasto. Debemos luchar. Como se hizo y se hace por la jornada laboral, la sanidad o la educación.

A veces, después de haber pasado por la pública ordinaria, algunas de las criaturas pasan a escuelas de educación especial. Nos podéis explicar algo, ¿cómo es este paso?

En mi caso, los primeros años de escolarización fueron a la escuela ordinaria, en nuestro barrio y en donde habíamos decidido. Al carecer de recursos, la criatura sufría. Al cabo de unos años, el EAP nos comunicó que no podía continuar en la escuela ordinaria y debía marchar a la escuela de EE. Con nosotros, el EAP se cubrió de gloria.
De entrada, es un shock, es difícil de aceptar, pero enseguida vi que era un cambio a mejor: eran grandes profesionales con formación específica, algo que en la ordinaria no tenían. Para muchas familias, es una experiencia positiva. Elegir centro no es fácil, existen pocas escuelas públicas y la mayoría son concertadas. Por otra parte, también hay que decir que hay familias que no quieren oír hablar de estas escuelas y sólo reivindican recursos para la escuela inclusiva ordinaria, tan necesarios, pero no para los centros de educación especial, que también tienen muchas necesidades.

Hablemos ahora de las cuidadoras, parece que sus derechos no están escritos…

Hasta hace poco no existían voces en clave de derechos humanos ni feministas para hablar de las cuidadoras en el contexto de las discapacidades. En broma, pero con rabia, muchas veces decimos que cuando las discapacidades entran por la puerta, el feminismo salta por la ventana.
El de las cuidadoras es un ámbito donde se repite el cliché de madres coraje, abnegadas, hipersacrificadas, que se autosuperan hasta la extenuación. Y entonces no siempre surgen las reivindicaciones en clave de derechos básicos, no nos detecta ni el feminismo, ni a nosotros ni a nuestras hijas. Queremos dar voz a todas las mujeres cuidadoras, las madres de hijas dependientes de por vida y al resto, sanitarias, de educación…, profesionales o no. Sin olvidar la “cuarta presencia”, las madres que trabajan fuera y en casa. Queremos ganar visibilidad, de lo que no se habla no existe. El trabajo de cuidados familiares debe tener reconocimiento social y económico. Sostenemos la vida y reclamamos vidas dignas de ser vividas. Juntas somos muchas.

La economía feminista reivindica el trabajo reproductivo, imprescindible para la vida y para los mercados, que los estados, la economía y la sociedad ignoran de forma interesada…

Sí, sin los cuidados no existiría ni el mercado laboral ni nada, pero todavía no existe corresponsabilidad social. Tradicionalmente se sobreentiende que somos las mujeres quienes nos ocupamos de la familia. Y a las cuidadoras no se nos tiene en cuenta. En el mercado laboral, las trabajadoras del SAD (atención domiciliaria para personas dependientes), de Sindillar o Kellys realizan trabajos feminizados y precarizados. Son guerreras y están organizadas. Las apoyamos, son nuestras hermanas. Pero nosotras estamos por debajo, cara a la administración y la sociedad no existimos. No nos escuchan porque no tenemos tiempo ni fuerzas para influir, porque no podemos abandonar los cuidados. Muchas hemos tenido que abandonar nuestros puestos de trabajo, porque, además, si hay una pareja hombre-mujer, ¿quién abandona el trabajo? Quien cobra menos. Trabajamos en casa y cuando se cierran las puertas. Son cuidados silenciados, sin derecho alguno. Nos abandonamos a nosotras mismas, cuidamos todo el día, aunque tengamos pareja, sin bajas por enfermedad ni vacaciones. No tenemos contratos ni salario, no podemos acercarnos a un sindicato. Estamos condenadas a la pobreza cuando seamos mayores. Seremos mayores y más vulnerables y seguramente seguiremos cuidando porque no hay residencias para nuestras hijas, ni asistentes personales, ni se fomenta la autonomía… Somos la precariedad de la precariedad. Ya es hora de que los sindicatos miren los márgenes de la precariedad. Porque las cuidadoras familiares somos muchas.

Cuando habláis del sindicato y de sus luchas, se os ilumina la cara. ¿Por qué?

La lucha nos ha dado mucha vida y muchas alegrías. Nos reconocemos y ayudamos. Juntas tenemos voz. Nunca más solas. Y unidas al resto de cuidadoras somos muchas. Luchamos por cada uno de los recursos y no hay lucha pequeña. Juntas nos hemos dado cuenta de que estamos en un sistema abusivo y depredador de los cuidados y de la naturaleza que nos enferma.
El cuidado es la primera explotación, trabajo básico no remunerado. Es la primera violencia machista. Los feminismos, luchando contra la violencia de género, deberían empezar por ahí, la primera violencia, la base del resto de violencias. Por eso son tan importantes las luchas de las cuidadoras. Solo juntas nuestra lucha tiene sentido.

Texto: Elena Calvo Escartín
Ilustración: Roser Pineda


Fuente: Rojo y Negro