Así, Doña Esperanza Aguirre, que su afición a los toros se la inculcó su abuelo. Está bien saberlo teniendo en cuenta que era Usted la niña de sus ojos y que probablemente, tan ilustre yayo, condecorado por Francisco Franco con la Gran Cruz de la Orden de Isabel la Católica, le dejó además de su pasión por la tauromaquia las filias políticas que con tanta desenvoltura demuestra, Señora Condesa consorte de Murillo y Grande de España.

Sí, desenvoltura, porque aunque se esfuerce en disimularlo su naturaleza le
supera, y le jueguen o no una mala pasada los micrófonos siempre le sale la que
lleva dentro, la verdadera Esperanza Aguirre Gil de Biedma.

Sí, desenvoltura, porque aunque se esfuerce en disimularlo su naturaleza le
supera, y le jueguen o no una mala pasada los micrófonos siempre le sale la que
lleva dentro, la verdadera Esperanza Aguirre Gil de Biedma.

Como auténtica es la que dispone de una
fortuna personal de esas a las que la crisis ni cosquillas le hace, por más que
la que otra Esperanza, la diseñada, contase en su día que no tenía dinero para
pagar la calefacción de su palacete (valorado en unos cuatro millones de euros)
o que se compra la ropa en Zara. Lo que no nos ha aclarado es si se tira a la
que tiene taras, que es todavía más barata y puestos a mentir, la falacia así
resulta más popular, perdón, populista.

Su pregón en la apertura de la feria
taurina de Málaga ha tenido de todo: toros agresivos que viven casi tan bien
como Usted, toreros con un par de revalorizaciones de cuidado (como las tierras
de la familia de su marido gracias al AVE) y cómo no: antitaurinos malos, de
los que en el colmo de la ironía y del gracejo Usted afirma “que han
prestado un servicio muy grande a la Fiesta”.
Sí, seguro, sobre todo
en Cataluña, o en todos los municipios (alguno de ellos en Madrid), que poco a
poco van prohibiendo este vestigio de la España más cutre y violenta, la de
nuestros abuelos. Bueno, la del suyo más que del mío, que a Don José Luis
Aguirre le concedieron el máximo reconocimiento y al mío cárcel por defender la
República.

Las siguientes frases son suyas durante
ese alegato a favor de la tortura: «Creo
que la clave de la emoción del toreo está en que todo lo que ocurre en la arena
es verdad. Allí no hay no hay impostura, allí no hay trampa ni cartón”.
¿Con
qué estaba estableciendo la comparación en su fuero interno?, ¿tal vez con su
gestión política? Tiene razón Señora Presidenta de la Comunidad que ha
declarado las corridas de toros Bien de Interés Cultural: todo es verdad.
Incluido el sufrimiento del toro, sus heridas, las subvenciones, y como
acabamos de ver en las últimas horas: empresarios que saltan a la arena a matar
ilegalmente a un toro y lo dejan agonizando y desangrándose, o incumplimiento
de leyes acerca de los cabestros y de la asistencia de menores a la plaza. No
hay trampa ni cartón en todo eso. Lo curioso – y trágico – es que a Usted, con
responsabilidades de gobierno, esas realidades le parezcan dignas y necesarias.

Julio Ortega Fraile. Delegado de LIBERA! en Pontevedra