El pasado 6 de enero falleció el compañero de CGT de Salamanca Luis Santadaría. Un albañil con mucha clase (con conciencia) nacido en la época más oscura de la dictadura, en 1945, en un barrio humilde de Salamanca. Perdió a su madre a los 4 años, lo que le marcaría para siempre. Creció en una familia de 10 hermanos y desde niño observaba las insalvables diferencias sociales cuando los “señoritos” de la ciudad charra le ordenaban que fuera a buscar a su abuelo, ciego, para que tocara la guitarra flamenca en los tugurios del barrio Chino.

No tuvo tiempo de estudiar pues su padre lo puso a trabajar a destajo en la obra a los 12 años. Así aprendió el oficio de ensolador y alicatador y fue adquiriendo conciencia de clase en el andamio. Sin estar sindicado ni ser “enlace” llevó a la práctica la acción directa aleccionando e instigando a sus compañeros a luchar por sus derechos, organizando plantes en su centro de trabajo para exigir aumentos y pagos de horas extras, o intentando convencerlos de rechazar los destajos. Siempre con el respaldo exterior de los compañeros de la CNT de la construcción. Participó activamente en las largas huelgas de la construcción de los años 70 y nunca tuvo miedo a las amenazas de posibles represalias.

Tras sufrir varios infartos le declaran la invalidez y desde entonces se integró activamente en la CGT de Salamanca, donde siempre arrimó el hombro, renunciando a puestos orgánicos, pero en todo momento animando a la acción directa en la calle. Nos echaba en cara cuando íbamos a las manifestaciones como a una procesión, si mostrábamos poca vehemencia.

Luis era de sobra conocido en Ruesta por sus trabajos solidarios en la reconstrucción del pueblo, en el SAC de Suecia a donde fue varios veranos a exponer nuestras luchas a los compas aquel país. Colaboró activamente con los movimientos sociales de Salamanca, colectivos ecologistas, plataformas de servicios públicos o contra los desahucios. Lo llamaban por su nombre cuando acudía a las movilizaciones de Madrid, Valladolid cualquier otra ciudad donde convocara la CGT. Pero nunca, hasta que sus fuerzas le flaquearon, dejó de repartir el Rojo y Negro por bibliotecas, centros educativos, o bares de la ciudad, y mucho menos, de pegar carteles a cepillo y cola de pegar, pues pensaba, no sin razón, que las redes y los aparatos no servían, por sí solas, para transformar la realidad.

Salamanca y la CGT está en deuda contigo: Compañero!


Fuente: SOV de CGT de Salamanca