Desde las siete de la mañana, un grupo de 50 activistas de la organización Greenpeace lleva a cabo una acción de protesta pacífica en las instalaciones de la compañía Moyresa, perteneciente al grupo multinacional Bunge, para denunciar que dicha empresa comercia con alimentos transgénicos. Una parte de los activistas se ha encaramado a unos almacenes con pancartas en las que se pueden leer frases como No a los alimentos transgénicos.

Desde las siete de la mañana, un grupo de 50 activistas de la organización Greenpeace lleva a cabo una acción de protesta pacífica en las instalaciones de la compañía Moyresa, perteneciente al grupo multinacional Bunge, para denunciar que dicha empresa comercia con alimentos transgénicos. Una parte de los activistas se ha encaramado a unos almacenes con pancartas en las que se pueden leer frases como No a los alimentos transgénicos.

Otro grupo se ha apostado en las verjas de entrada bajo el lema Los transgénicos destruyen el planeta con el fin de evitar que la soja no transgénica procedente de Brasil sea contaminada en una instalación que procesa indiferentemente soja transgénica y no transgénica. Finalmente, otros activistas han realizado una pintada en el tejado de una de las naves en la que se puede leer contiene soja MG, aludiendo a la nueva legislación Europea de etiquetado que entró en vigor el pasado Domingo. Esta acción se enmarca en un tour internacional contra los transgénicos que la organización ecologista está llevando a cabo en diferentes continentes ; así el barco de Greenpeace MV Esperanza, que llegó el pasado sábado a Cartagena, está llevando a cabo la parte europea del tour, mientras el Artic Sunrise y el Rainbow Warrior hacen campaña en América del Sur y Asia, respectivamente.

Esta empresa contamina las partidas de soja no transgénica al mezclarlas en los silos que contienen soja argentina o de EE UU, negando así a los ciudadanos el derecho a elegir una alimentación libre de transgénicos. “Greenpeace seguirá denunciando ante la opinión pública a aquellas empresas que siguen optando por hacer negocio con la soja transgénica.” – ha declarado el responsable de la campaña – “dado que estos productos tienen como destino la industria alimentaria, Moyresa/Bunge Ibérica tiene una posición privilegiada para influir sobre estos mercados y sobre la calidad de la alimentación de todos los ciudadanos europeos”.

España es el segundo importador europeo de soja con seis millones de toneladas anuales procedentes de Argentina, EEUU y Brasil. Greenpeace estima que aproximadamente el 66% de las importaciones españolas de soja corresponden a soja transgénica. Moyresa acapara el 70% del mercado nacional de molturación o molienda. Bunge, la compañía matriz de Moyresa, es el mayor molturador y exportador de soja de Norte y Sudamérica así como el mayor procesador mundial de cultivos oleaginosos.

Los efectos negativos de la soja transgénica de Monsanto sobre el medio ambiente se hacen más evidentes cada año y aún quedan sin resolver dudas serias sobre la inocuidad de esta soja transgénica. No existen estudios suficientes para demostrar que los transgénicos no son perjudiciales para la salud. Los organismos modificados genéticamente proceden de una tecnología burda e imprecisa que es inherentemente insegura para el medio ambiente y la salud humana. Por ejemplo, los análisis de impacto sobre la salud no estudian la posible aparición de tóxicos inesperados. Ésta es la soja transgénica que entra en la cadena alimentaria de los españoles.

La contaminación genética ha generado graves problemas agrarios y ambientales. Agentina, el tercer exportador mundial de transgénicos, sufre los efectos económicos, sociales y ambientales de haber optado por el cultivo de soja transgénica a gran escala (98% de la soja argentina). Por ejemplo, un reciente artículo en la revista británica New Scientist afirma que “unos 150.000 agricultores han perdido sus tierras y también que la producción de alimentos esenciales como la leche, el arroz, o la patatas ha descendido poniendo en peligro la seguridad alimentaria de Argentina”, tal y como se demostró en la reciente crisis que vivió ese país. En este artículo, se señala a la soja como la responsable de una crisis medioambiental que está amenazando la frágil recuperación económica del país. España importa más de dos millones y medio de toneladas de esta soja transgénica argentina.

El último país exportador en sumarse al cultivo de soja transgénica es Brasil. Aunque hasta hace unos meses estaban prohibidos los organismos modificados genéticamente, en los últimos años ha sufrido continuas contaminaciones ilegales principalmente en el estado de Rio Grande do Sul. Defraudando a la mayor parte de los agricultores, el gobierno ha autorizado el cultivo de soja transgénica de forma provisional en este estado.

Bunge tiene una responsabilidad ineludible sobre la destrucción del medio ambiente y de los medios de vida de muchos agricultores en países como Brasil, Argentina o los EEUU. En opinión de Greenpeace, un compromiso de Bunge lanzaría una señal a estos mercados y podría ser un paso decisivo para frenar la expansión de los transgénicos.

Por todo ello, Greenpeace ha demandado en una carta a la empresa Moyresa/Bunge :

 El grupo Bunge debe comprometerse por escrito a suministrar únicamente soja no transgénica.

 Con relación a Moyresa/Bunge Ibérica, la empresa debe comprometerse públicamente y por escrito a importar, procesar y suministrar exclusivamente soja no transgénica en las cinco instalaciones que tiene en territorio español, así como a través de las empresas consignatarias habitualmente contratadas por la compañía.

Si deseas obtener más información sobre esta campaña y el tour contra los transgénicos entra en :

http://archivo.greenpeace.org/toursoja/index.htm

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