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Visita a España de ex niños de la calle brasileños

 

“Si no me hubieran recogido de la calle habría caído en la marginalidad, la prostitución y las drogas”, cuenta un ex niño de la calle, Jonatan, hoy con 21 años, que acude desde hace cuatro a la ONG Associação de Solidariedade aos Meninos e Meninas de Fortaleza, una ciudad con 2,5 millones de habitantes y considerada la quinta con mayor índice de violencia de Brasil.



 

Muy alto y delgado, de cabello largo y lacio, Jonatan completó un curso de costura y ahora estudia educación física en Brasil gracias a un apadrinamiento en España. La organización humanitaria brasileña le abrió también las puertas a su primer trabajo como profesor de baile y hoy es educador de otros jóvenes y niños en situación de vulnerabilidad.

La Associação de Solidariedade aos Meninos e Meninas de Fortaleza nació hace 20 años y desde hace 17 es la contraparte de la malagueña Asociación de Niñas y Niños de la calle de Fortaleza, que ya ha logrado en tres ocasiones financiación pública para que un grupo de jóvenes visite España durante un mes y muestre sus danzas folclóricas. Se trata, pues, de la tercera visita de estos jóvenes beneficiarios del trabajo conjunto de estas dos asociaciones que tienen como misión capacitar a adolescentes en situación de explotación sexual, a madres solteras y a travestis en extrema pobreza, para orientarlas en la búsqueda de un empleo.

Los jóvenes, de entre 13 y 21 años, regresaron a Brasil esta semana tras ofrecer durante 20 días 27 espectáculos de bailes tradicionales en colegios, centros culturales, organizaciones de la sociedad civil y en el Ayuntamientos de Málaga ante un total de 5.000 espectadores.

“El objetivo es dar testimonio de cómo el baile ha ayudado a cambiar sus vidas y sensibilizar a los malagueños”, cuenta el brasileño Mario Almeida, un educador y miembro de la organización en Málaga.

La coordinadora del proyecto en Fortaleza, la educadora brasileña Regina Mesquita, alerta sobre la gran brecha social y violencia estructural existente en esta populosa ciudad, “donde hay niños y niñas que se prostituyen desde los nueve años para lograr dinero para sus familias”.

La entrada de los niños, niñas y adolescentes en el mundo de las drogas ilegales se produce a través de la prostitución, “a menudo como una forma de poder soportarla“, comentó Mesquita, quien advirtió del aumento de casos de abusos sexuales, violaciones y asesinatos.

Los jóvenes ven en el baile y la música una forma de escapar a los problemas que les rodean en sus familias desestructuradas y las favelas (asentamientos irregulares y pobres). Los trajes que visten en los espectáculos los confeccionan ellos mismos, como parte de un taller de empleo para confeccionar ropas artesanales.

Desde 1997, la asociación cuenta en Fortaleza con la Casa de Andalucía, un centro de día que acoge a los menores una vez que han sido atendidos en la calle y les anima a participar en grupos de formación, alfabetización alternativa, talleres de costura o en el grupo de danza llamado “Estrellas da rua”.

En 17 años, unos 400 jóvenes han participado en los talleres de costura y se pueden contar por miles los que han pasado por la asociación, resume la presidenta de la organización de Málaga, Belén García, quien destacó que 90 por ciento de los que asisten a esta formación dejan la calle. También valoró que 30 por ciento de los que pasan por Casa de Andalucía consiguen empleo, y entre 40 y 50 por ciento retoman los estudios.

La Casa de Andalucía, un edificio de dos plantas que cuenta con cuatro educadoras, centra en gran medida su trabajo en las niñas menores de edad que ejercen o están en riesgo social de caer en la prostitución infantil. “Durante esta visita hemos logrado que los seis jóvenes sean apadrinados para que puedan completar sus estudios en Brasil”, explica la coordinadora de los apadrinamientos de la organización brasileña, Irene García. Actualmente hay una veintena de niños y niñas pertenecientes a la asociación con apadrinamientos, que unos utilizan para subsistir y otros para costearse estudios profesionales y universitarios, según se informa en la página web de la asociación.

“La danza es para mí como una salvación. Si no bailara estaría perdido en la calle. Ha sido un cambio de vida”, reconoció David, de 19 años, quien lleva uno acudiendo a la sede de la organización en Fortaleza y baila desde los siete años porque le gusta “mucho”. La asociación, cuenta, le ayudó a ser menos tímido y a madurar.

Mesquita explicó que se valen de actuaciones de baile como un puente para establecer el primer contacto con los niños y niñas en la calle. Los que se sienten atraídos, empiezan a acudir a las clases de danza y después continúan con talleres donde aprenden a fabricar ropas artesanales.

Destacó la gran demanda que tienen los talleres de costura, cuya última convocatoria recibió más de 500 solicitudes para 40 plazas. El equipo educativo del centro está conformado prácticamente en su totalidad por educadoras y dinamizadoras sociales, mujeres entre los 20 y los 40 años de edad.

El fin es favorecer la permanencia o la vuelta a la escuela de los niños, promover su autoestima, capacitarlos y ofrecerles oportunidades para que se incorporen al mercado de trabajo, explicó Mesquita, quien advirtió que “el proceso es lento. Es un paso a paso”. “Hay mucha violencia en las calles, asaltos y peleas”, contó Bianca, de 16 años, quien pertenece desde hace uno al grupo de danza de la asociación. “Fui a ver un ensayo y me gustó mucho”, recuerda.

En la Casa de Andalucía también brindan la posibilidad de hacer pruebas rápidas del virus de inmunodeficiencia humana (VIH), causante del sida, dijo la presidenta de la ONG de Málaga, un proyecto “pionero” en Fortaleza. La ONG también trabaja con niños más pequeños en los barrios a través de educadoras que realizan reuniones mensuales.

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