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Materiales de Reflexión 62: Crisis Global

 


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Ciertamente entender todo lo que está ocurriendo en la crisis actual no es sencillo. Para comprenderlo se hace necesario mirar a las bases sobre las que se sostenía (más bien levitaba) la gran burbuja financiera que en estos meses está estallando. Pero no sólo eso, también hay que analizar su relación con la economía productiva y el entorno natural.

Lo primero que hay que aclarar es que la economía financiera es la que crea dinero a través de la especulación con el dinero, no mediando la producción de algo que luego se vende, es decir, sin

que exista casi ningún intercambio de materia, trabajo y energía.

En la economía financiera, por ejemplo, yo compro acciones de Telefónica a 20 euros y las intento vender a 45, obteniendo con ello un beneficio sin haber aportado nada a la sociedad.

El capitalismo funciona con una única premisa: el aumento de beneficio individual rápido, de manera que las inversiones se van a las áreas donde este beneficio es máximo. Hasta finales de los años 60 las tasas de beneficios mayores estuvieron en la economía productiva, pues además existía una fuerte “represión financiera” de carácter político, como resultado de la debacle de los años 30. Pero, en esos años, se entró en una crisis de sobreproducción (aumento continuado de la oferta sin incrementar la capacidad de consumo mundial).

El sistema intentó responder con tres medidas básicas. Dos de ellas se relacionan con la globalización neoliberal de la “economía real”: reformulación de las relaciones capital-trabajo (e incremento de la presión sobre el entorno) para abaratar los costes de producción a escala estatal y global, e incremento de los ámbitos de la vida y territorios bajo la lógica del capitalismo para incrementar la base del consumo. Esto posibilitó ampliar la producción y el consumo. La otra fue posibilitar que la “economía financiera” se convirtiese en un monstruo que diese inmensos beneficios.