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Ideas

Opinión, portada02 · 21.02.2005

Muchos son los elementos del tratado constitucional de la UE que invitan a la polémica. Uno de ellos lo aporta el tratamiento dispensado por aquél a los derechos sociales. De hecho, lejos de los micrófonos son muchos los partidarios del tratado que confiesan su malestar al respecto, y que se preguntan cómo desde posiciones progresistas ha podido formalizarse un texto como el que nos ocupa.

Subrayemos, antes de nada, que hay una inquietante distancia entre las partes primera y segunda del tratado, por un lado, y la tercera, por el otro. Esta última se destina a describir las políticas precisas que la UE debe desplegar y plantea un problema severo : en la democracia liberal, la determinación de las políticas concretas debe ser el producto temporal de unas u otras mayorías electorales. Al plasmar aquéllas en un texto de ínfulas constitucionales se está reduciendo nuestro derecho a revisar esas políticas y, con él, el de las generaciones venideras. Lo anterior es tanto más preocupante cuanto que el tratado que se nos ofrece se antoja difícilmente reformable.

Opinión · Antonio Pérez Collado · 18.07.2019

19 de julio de 1936: 83 años manipulando la memoria histórica

Artículo de opinión de Antonio Pérez Collado.

Opinión, Violencia de Género · Emilia Caballero Álvarez y Obdulia Martínez Asensi · 18.07.2019

De la justicia patriarcal a una sentencia justa

Artículo de opinión de Emilia Caballero Álvarez y Obdulia Martínez Asensi, abogadas y miembras de la Asamblea 8M de Alicante.

Opinión · Carlos de Urabá · 18.07.2019

Hace 50 años un par de imbéciles pisotearon la luna

Artículo de opinión de Carlos de Urabá.

Comunicados · Secretariado Permanente del Comité Confederal de la CGT · 16.07.2019

Por la defensa de la libertad, la autogestión y la autonomía del Pueblo Nación Mapuche contra la avaricia del Estado noruego y su empresa pública Startkraf

Desde la Confederación General del Trabajo saludamos y manifestamos nuestro respeto por la lucha del Pueblo Nación Mapuche en la defensa de su autonomía frente a la oligarquía capitalista, en este caso del Estado noruego y su empresa pública STARTKRAF.