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Duro regreso a Sudán del Sur

 

Justin Sana Gonugu pasó 35 años en Jartum, la capital de Sudán. Decidió volver hace un año, cuando Sudán del Sur se preparaba para su independencia, concretada el 9 de julio. Pero apenas logró llegar hasta Kosti, una localidad ubicada a orillas del Nilo, dentro del estado sudanés de Nilo Blanco. Está a unos 270 kilómetros de Jartum y a 930 de Yuba, la capital de Sudán del Sur.



 

En los meses siguientes, mientras Gonugu esperaba el transporte para cruzar la frontera, llegaron otros miles de sursudaneses, a la espera de que su gobierno y las agencias humanitarias los llevaran a Yuba en barcaza por el Nilo. Pero las barcazas solo podían transportar a una fracción de quienes llegaban a Kosti, y miles quedaron varados, mientras se deterioraba la seguridad a lo largo de la frontera.

Fuerzas sudanesas y sursudanesas se han enfrentado de modo intermitente desde que el Sur se escindió. Pero el mes pasado, estos países casi iniciaron una guerra luego de que Sudán del Sur ocupó el área limítrofe de Heglig, a 515 kilómetros de Jartum, alegando que Sudán la usaba para lanzar ataques transfronterizos.

Aunque Sudán del Sur también reclama el área, Heglig es administrada por Sudán, y los yacimientos petroleros allí ubicados representan la mitad de la producción sudanesa. El Sur se retiró el 20 de abril, luego de 10 días, a pedido del Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas (ONU).

Pero Sudán continuó llevando a cabo bombardeos en territorio sursudanés, y las fuerzas de tierra se enfrentaron.

Vincent Hourver, jefe de la misión de la Organización Internacional para las Migraciones, dijo que el hecho de que la situación de seguridad haya empeorado convenció a las autoridades de que tenían que sacar por aire a quienes habían retornado en vez de continuar usando barcazas. En las próximas semanas, esos vuelos transportarán a 12.000 de los atrapados en Kosti hacia Yuba, aumentando las llegadas a 1.000 por día.

“Estoy muy cansado. Fue un año sin alimentos, sin visitar a nuestra gente”, dijo Gonugu, tras bajar de uno de los primeros vuelos el 16 de este mes. ”Ahora estoy muy bien”, agregó.

Gonugu es uno de los alrededor de 375.000 sursudaneses que regresaron desde octubre de 2010, y todavía hay medio millón más en el norte. Se espera que vuelvan muchos más, especialmente dado que las tensiones entre los dos países han escalado en los últimos meses, despertando temores de que puedan enfrentar abusos por parte de las autoridades sudanesas.

La llegada masiva de retornados presionará aun más a la cada vez más frágil red de seguridad humanitaria en Sudán del Sur. Varias agencias alertan que el empeoramiento de la crisis económica está empujando los precios de los alimentos al alza. Esto hará que más personas de las previstas necesiten ayuda alimentaria este año.

Sudán del Sur decidió a fines de enero interrumpir su producción de petróleo, luego de acusar a Sudán de robarle crudo por valor de 815 millones de dólares. Sudán dijo haber tomado el petróleo para cubrir deudas impagas. Ambos países han participado en negociaciones fallidas para acordar cuánto debería pagar el Sur para usar cañerías e instalaciones de procesamiento en Sudán.

Sudán del Sur dijo que clausuró su producción petrolera como último recurso, pero la decisión le costó al gobierno 98 por ciento de sus ganancias. Al no contar con ingresos procedentes de lo que prácticamente era su único producto de exportación, ahora depende de sus reservas de divisas.

La falta de dólares tuvo efectos predecibles: la libra, moneda local, se devaluó rápidamente. Aunque el precio oficial es de 2,95 libras el dólar, ahora ha pasado a cinco libras en el mercado negro, donde en enero se cotizaba a 3,5. El costo de los alimentos y otros productos también se disparó, y el país enfrenta una escasez de combustible.

Lise Grande, coordinadora de la ONU para Asuntos Humanitarios en Sudán del Sur, dijo que, según estimaciones de la organización, este año harán falta 760 millones de dólares para cubrir las necesidades en este rubro, pero que apenas recibió 32 por ciento. En vista de la decisión sursudanesa de frenar la producción de petróleo, las agencias de la ONU vienen realizando una nueva evaluación, que debería estar lista en pocos días.  De no retomarse la producción petrolera, se necesitará una mayor asistencia, dijo Grande.

Antes de interrumpirse, el Programa Mundial de Alimentos, dependiente de la ONU, buscó aportar ayuda alimentaria a 2,7 millones de personas, mientras que otras agencias estiman que alrededor de la mitad de los 8,26 millones de habitantes del país enfrentarán inseguridad en este sentido. Es probable que ese número aumente junto con los costos de los alimentos, señaló Grande. Los precios de los productos básicos en comunidades fronterizas se incrementaron incluso 200 por ciento, agregó.

Áreas cercanas a la frontera que dependían de las tradicionales rutas de comercio norte-sur se vieron particularmente afectadas por las tensiones entre los dos países, que el mes pasado estuvieron al borde de una guerra total. Sudán restringió el comercio transfronterizo incluso antes de que el Sur se escindiera, pero además en abril Jartum impuso un estado de emergencia en las zonas limítrofes.

La escasez de combustible también presiona a las organizaciones de asistencia, dijo Helen McElhinney, analista política de Oxfam Internacional. La agencia brinda agua y saneamiento a 37.000 refugiados del campamento de Jamam, cerca de la frontera con Sudán.

“Desde enero, el precio de la gasolina se disparó más de 100 por ciento”, señaló. ”Las agencias continuarán satisfaciendo las necesidades humanitarias, pero la carestía vuelve aun más difícil una respuesta, que ya es todo un desafío”, agregó.

Los refugiados en Jamam proceden del estado de Nilo Azul, donde Jartum combate a insurgentes en una campaña que ya ha empujado a más de 100.000 habitantes del lugar a Sudán del Sur y Etiopía. A Sudán del Sur también llegan refugiados del vecino estado de Kordofán del Sur, donde Jartum lucha contra los mismos rebeldes.

“Muchos están traumatizados, y cada vez más niños están desnutridos”, dijo Grande. ”Los refugiados nos dicen que llegan a Sudán del Sur porque tienen hambre”, añadió.

El 15 de este mes, organizaciones humanitarias como el Comité Internacional de Rescate y Refugees International divulgaron un comunicado conjunto en el que alertaron sobre la probabilidad de que la situación empeore. Las entidades llamaron a poner fin al conflicto en Nilo Azul y Kordofán del Sur, y urgieron a Sudán y a Sudán del Sur a firmar un acuerdo de paz y a recuperar sus economías fallidas.

“Una combinación tóxica de conflicto, carestía de alimentos y de combustibles y severa falta de liquidez está teniendo un efecto devastador sobre la población civil de ambos países”, dijo Jon Cunliffe, director de Save the Children para Sudán del Sur.

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