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Robin Hahnel : "Planificación anarquista para las economías del siglo XXI : una propuesta"

 
Escrito para la Conferencia de Conmemoración del Centenario de la fundación de la Confederación Nacional del Trabajo (CNT) celebrada en Barcelona, Cataluña, el 10 de abril de 2010. Es un artículo denso, detallado y por lo tanto, extenso. Aquí se ofrece una parte del mismo…. Para leerlo completo pinchar en el enlace al final.


Planificación anarquista para las economías del siglo XXI : una propuesta. Robin Hahnel

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Los primeros años de una revolución son tan especiales como difíciles. Por definicion, lo mismo el optimismo que el entusiasmo suelen estar en pleo apogeo. Aparecen con inusitada frecuencia el tipo de peligros y dificultades palpables que provocan, incluso en contextos no revolucionarios, torrentes de solidaridad por encima de lo común. Hemos comprobado algo parecido recientemente con la tragedia de Haití. Y creo que se puede defender de forma convincente que todos estos factores fueron especialmente significativos en España a lo largo de aquellos escasos tres años. ¿Hubiese funcionado tan bien la economía como lo hizo entre 1936 y 1939 si Franco hubiese sido derrotado ? ¿Existían durante la guerra unos objetivos económicos simples y obvios ? Proporcionar armas, municiones y ropa a las tropas. Proporcionar a las colectividades los insumos necesarios para cultivar la tierra. Hacer llegar alimentos a los barrios de las ciudades. En definitiva, con unas prioridades bien marcadas, la coordinación entre productores y consumidores es mucho más sencilla, y en tiempos de guerra se está mucho más dispuesto a realizar sacrificios. Pero, ¿hubiesen cumplido con su función los procedimientos empleados durante la guerra para planificar las relaciones entre las distintas fábricas, colectividades, y barrios, una vez alcanzadas las metas, siendo las prioridades más complejas y menos obvias, y habiendo muerto ya el fervor revolucionario ? Es decir, ¿es realmente cierto que pueden hallarse todos los componentes necesarios para autogestionar la economía en las prácticas de estos compañeros revolucionarios ? ¿O acaso faltaban otros aspectos que convendría que los socialistas libertarios explorasen ?

Por supuesto que se habría aprendido mucho más de esta experiencia si la Revolución Española no hubiese sido reprimida. Y tal vez exista una mejor manera de formular mi pregunta : ¿Hemos aprendido algo desde 1939 sobre cómo gestionar una economía que nuestros compañeros revolucionarios de la CNT encontrarían útil para solucionar los problemas que no habían resuelto aún de forma definitiva ? O, ¿cómo harían nuestros compañeros de la CNT hoy día para planificar la economía española si tuvieran la oportunidad ?

Me parece que la forma en que se debería organizar una planificación económica integral y democrática es cualquier cosa excepto obvia. De hecho, me da la sensación de que muchos de los que defienden la planificación democrática por parte de trabajadores y consumidores viven felizmente inconscientes de que muchas de sus ideas para conseguirlo han fracasado. Creo que este fallo intelectual radica en dos puntos flacos del pensamiento izquierdista tradicional acerca de la planificación democrática. La perspectiva socialista tradicional de este tipo de planificación sigue sin ver la necesidad de proporcionar a los trabajadores en las empresas y a los consumidores en los barrios un grado considerable de autonomía sobre su propio comportamiento. Por otro lado, la perspectiva anarquista no ve la necesidad de planificar detalladamente los procedimientos que ayuden a productores y consumidores, quienes deberían tener autonomía en algunos aspectos pero no en otros. Actividades de planificación que están fuertemente interrelacionadas y que deben realizarse simultáneamente de forma equitativa y eficiente. Por desgracia, como economista profesional debo decir que me parece que todo el debate dentro de la Izquierda acerca de cómo organizar de hecho una economía autogestionada peca de… ¿cómo decir esto sin caer en el insulto ?… ingenuidad y desinformación, le sobra la tozudez del creyente pero carece de soluciones concretas para problemas reales.

El Reto

El reto consiste en dar poder a los consejos de trabajadores y de consumidores protegiendo al mismo tiempo los intereses del resto de agentes económicos afectados por lo que aquéllos deciden. El reto consiste en dotar a los distintos grupos de trabajadores de derechos de uso sobre parte de los recursos productivos de la sociedad, incluido lo que los economistas llaman el “capital humano” de las personas, sin permitir que se beneficien injustamente de aquéllos de esos recursos productivos que pertenecen y deberían de beneficiar a todos.

Lo que los socialistas han tenido siempre claro es que aquello que haga cualquier agente económico afectará necesariamente a muchos otros. La conclusión que sacan de este hecho es que la planificación democrática debe permitir a todo el mundo tener voz y voto en lo que a las decisiones económicas se refiere. Hasta aquí, por supuesto, ningún problema. Pero las distintas decisiones que puedan tomarse, no afectan a todo el mundo por igual. Esto podría llamarse el dilema fundamental al que se nos enfrentamos aquéllos que queremos organizar un sistema de decisiones económicas que dé poder de decisión a las personas en función del grado en que dichas decisiones les afecten : la mayoría de éstas afectan a muchas personas, pero no de igual modo. El reto consiste en dotar a trabajadores y consumidores de un grado de autonomía de decisión en sus propios consejos que no sea desproporcionado.

Fomentar la participación popular en la toma de decisiones económicas es difícil. Al fin y al cabo, desde que los humanos “ascendimos” desde las sociedades de caza y recolección hasta las sociedades de clases con élites gobernantes, se ha impedido a las personas encargadas de trabajar, participar en la toma de decisiones sobre asuntos económicos. Y durante los últimos 300 años se les ha dicho que no sirven para tomar decisiones económicas importantes, y que deben dar gracias a su suerte por que existen empresarios capitalistas y gestores que piensan por ellos.

Desarrollar una cultura que incentive a esa mayoría que ha sido siempre silenciada en sus centros de trabajo a participar activamente en la toma de decisiones acerca de qué y cómo producir, es ya de por sí difícil, a pesar de que estas decisiones tengan un impacto inmediato y palpable en el día a día de los trabajadores. Fomentar la participación popular en la coordinación de las actividades interrelacionadas de millones de lugares de trabajo y vecindarios distintos, y en la inversión y planificación estratégica a largo plazo, cuyo impacto sobre la vida de cada individuo queda más diluido y es menos obvio, es incluso más dificil. Y sin embargo, éste es el legado histórico de la alienación capitalista que el socialismo debe superar. Es más, el precio del fracaso sería monstruoso. Los biólogos nos enseñan que la naturaleza aborrece el vacío ecológico, lo cual significa que en sistemas ecológicos complejos, cualquier nicho vacío será rápidamente ocupado por un organismo u otro. Si existe una sola lección que podamos aprender de la historia de la humanidad, ésta es que la sociedad aborrece los vacíos de poder. Si las personas no controlan sus propias vidas, lo harán otros por ellas. Si existe una única lección que podamos aprender de la historia del socialismo del siglo XX, es que si los trabajadores y los consumidores no gestionan sus economías, entonces una élite económica lo hará en su lugar.

Una Solución : La Planificación Participativa

¿Cómo dotar a trabajadores y consumidores de la autonomía necesaria en sus consejos para conseguir que participen de forma continuada en la toma de decisiones económicas a la vez que nos aseguramos de que no tomen decisiones socialmente dañinas ? ¿Cómo garantizar a los pequeños grupos de trabajadores y consumidores la autonomía necesaria para que dediquen tiempo y esfuerzo en participar sin que ello impida que los afectados por su toma de decisiones, por muy poco que les afecten, también puedan decidir ? ¿Cómo podemos garantizar a los grupos de trabajadores el uso de los recursos productivos de la sociedad y a la vez impedir que se beneficien injustamente de ello ? ¿Cómo convencer a un trabajador o consumidor que ha sido apartado de todas las formas imaginables de la toma de decisiones económicas de que las cosas han cambiado, y que participar merece ahora la pena ? La planificación participativa, que forma parte del modelo conocido como “economía participativa”, fue diseñada para resolver estos problemas.

El proceso de planificación participativa vincula a consejos y federaciones de trabajadores y de consumidores, y a un Comité de Asistencia a la Iteración (CAI). Conceptualmente, el proceso de planificación es bastante simple : (1) El CAI publica estimaciones actualizadas del coste de oportunidad de utilizar todos los recursos, categorías laborales, y stocks de capital, así como las estimaciones actualizadas del coste social de producir todos los bienes y servicios. (2) Las federaciones y consejos de consumidores contestan con propuestas de consumo. Las Federaciones y consejos de trabajadores, contestan con propuestas de producción, enumerando los productos que proponen fabricar y los insumos que necesitarán. (3) El CAI calcula el exceso de demanda u oferta para cada bien y servicio final, para cada bien de capital, materia prima y categoría laboral, y ajusta las estimaciones del coste de oportunidad o coste social en proporción al grado de exceso de demanda u oferta para cada bien. (4) Con las nuevas estimaciones de los costes social y de oportunidad, los consejos y federaciones de trabajadores y consumidores revisan y reenvían sus propuestas hasta que finalmente se envíe una que el resto de consejos acepten. La planificación continuará hasta que no haya exceso de demanda para ningún bien, categoría laboral, materia prima o stock de capital, es decir hasta que se alcance un plan factible.

Los miembros de los consejos de trabajadores se reunirán para decidir sus propuestas de producción los insumos que les harán falta. Los miembros de los consejos vecinales de consumo, se reunirán para discutir qué bienes públicos necesitan para el barrio. Y los representantes de los consejos de consumidores que formen una federación se reunirán para determinar qué bienes públicos necesitan grupos de consumidores más amplios. Estas reuniones incumben a los miembros de cada uno de los consejos y de las federaciones, no se trata de reuniones entre consejos y federaciones. Es más, se trata de reuniones en las que sólo se estudian las necesidades específicas de cada consejo y de cada federación. La discusión no gira en torno a lo que se opina de la planificación económica general en su conjunto, sino de lo que se podrían llamar propuestas de “actividades propias”.

Cuando los consejos de trabajadores realizan una propuesta, piden permiso para el uso particular de una parte de los recursos productivos pertenecientes a la sociedad. Sus propuestas vendrían a decir “si a ustedes, con quienes compartimos una división cooperativa del trabajo, les parece bien permitirnos el uso de los recursos productivos, insumos que son de todos, entonces, prometemos proporcionarles los siguientes bienes y servicios.” Cuando los consejos de consumidores piden permiso para consumir bienes y servicios cuya producción implica un coste social, su propuesta dice en realidad : “a partir de la valoración que de nuestro esfuerzo han hecho los demás trabajadores, y teniendo en cuenta la proporción asignada a los miembros de los hogares, creemos que es justo que consumamos los siguientes bienes y servicios, cuya producción implica un coste social equivalente.”

El proceso de planificación está diseñado para esclarecer si la propuesta de un consejo de trabajadores es ineficiente o si la de un consejo vecinal de consumo es injusta, a la vez que permite a otros consejos retirar el apoyo a propuestas cuando éstas parecen ineficientes o injustas. Pero son los propios consejos de trabajadores y de consumidores los que hacen las propuestas iniciales de sus propias actividades así como todas las revisiones correspondientes. Es decir, si una propuesta de producción de un consejo de trabajadores o una propuesta de un consejo de consumidores se declina, el consejo que realizó dicha propuesta deberá revisarla para poder reenviarla en la próxima ronda del proceso de planificación. Este aspecto distingue a la planificación participativa de cualquier otro modelo de planificación y resulta crucial, porque permite que trabajadores y consumidores disfruten de un grado significativo de autogestión.

Si bien a los economistas nos preocupa que los recursos productivos se utilicen de manera eficiente (y hemos demostrado que nuestro procedimiento lo consigue bajo supuestos mucho menos restrictivos que los necesarios para demostrar que una economía de mercado alcanza un equilibrio general Pareto óptimo), a los socialistas les debería preocupar más si el proceso de planificación fomenta la participación popular en la toma de decisiones. Estoy convencido de que esto es lo que hace que la planificación participativa anual destaque sobre el resto de propuestas de planificación democrática. ………

Robin Hahnel


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Original en inglés : Robin Hahnel en ZNET

Sobre Robin Hahnel : http://es.wikipedia.org/wiki/Robin_Hahnel

ICEA : Entrevista a Robin Hahnel : "la economía participativa es una necesidad"

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