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Rafael Fenoy : "Componentes fascistas en la doctrina de la Iglesia. (Primera parte)"

 

A propósito de la visita oficial del Jefe del Estado Vaticano al Reino de España.

En otro momento escribía estas palabras sobre el fascismo : “Cuando se habla de fascismo, surge en el imaginario personajes ataviados con la camisa caqui, o azul, botas de montar, cinturones militares, esvásticas o flechas y yugos… También los grupos neofascistas han generado una estética definida con gruesas botas, pantalones de camuflaje o negros, cadenas, cabezas rapadas… Las imágenes ayudan en ocasiones a iden...



A propósito de la visita oficial del Jefe del Estado Vaticano al Reino de España.

En otro momento escribía estas palabras sobre el fascismo : “Cuando se habla de fascismo, surge en el imaginario personajes ataviados con la camisa caqui, o azul, botas de montar, cinturones militares, esvásticas o flechas y yugos… También los grupos neofascistas han generado una estética definida con gruesas botas, pantalones de camuflaje o negros, cadenas, cabezas rapadas… Las imágenes ayudan en ocasiones a identificar mediante la forma algo de los contenidos y permiten a propios y extraños a situarse ante el fenómeno. Es bastante más complejo identificar los componentes ideológicos que se desarrollan y difunden mediante organizaciones que mantienen una estética totalmente alejada de los estereotipos fascistas, pero que no por ello se sitúan fuera de esa macabra órbita”.

En esta ocasión, analizando la doctrina de la iglesia católica sobre la educación, se perciben claramente elementos totalitarios en ella, es decir que pretenden englobar totalmente una determinada realidad, presentándose como la única forma de afrontarla. Este análisis pretende hacer visible aspectos de la doctrina de la iglesia que entran de lleno en el autoritarismo.

Extraemos de la obra “dos encíclicas de Pío XI”1 lo siguiente : “Para ello es necesario que toda enseñanza y toda organización de la escuela ; maestros, programas y libros, en cada disciplina, estén imbuidos de espíritu cristiano bajo la dirección y vigilancia maternal de la Iglesia, de suerte que la religión sea verdaderamente fundamento y corona de toda instrucción, en todos los grados, no sólo el elemental, sino también en el medio y superior”.

El hecho inequívoco del carácter totalizador de la institución eclesial, en muchos aspectos en general y en la educación en particular, se refuerza por la condena del naturalismo pedagógico, la educación sexual, la escuela laica y la coeducación. Elementos básicos que fundamental una buena parte del actual sistema educativo y que explican la confrontación, más de 80 años después de la publicación de la encíclica, de sectores integristas, y no tan integristas, del catolicismo con la capacidad del estado para legislar en materia educativa. La iglesia católica no acaba de definirse inequívocamente en este asunto y mantiene una premeditada duplicidad de mensajes calculadamente indefinidos.

Así se argumenta que “es falso todo naturalismo pedagógico que de cualquier modo excluya o aminore la formación sobrenatural cristiana en la institución de la juventud y es erróneo todo método de educación que se funde en todo o en parte, sobre la negación u olvido del pecado original y de la Gracia, y por tano sobre las fuerzas solas de la naturaleza humana”. La contundencia del mensaje es clara, ya que toda educación que no parta de las premisas del dogma es errónea. Un envite tan evidente no precisa mayor comentario para situarlo dentro del más puro estilo autoritario.

Pero continua la prédica argumentando en un sentido diferente, más cercano a un pensamiento civil (no religioso) y que pretende conectar con un imaginario extendido entre la parte más retrógrada de la docencia de la época y el pensamiento de algunas familias de “orden”. “Tales son generalmente esos sistemas actuales de nombre diverso, que apelan a una pretendida autonomía y libertad ilimitada del niño y que disminuyen o aun suprimen la autoridad y la obra del educador, atribuyendo al niño una preeminencia exclusiva de iniciativa y una actividad independiente de toda ley superior natural y divina en la obra de su educación”2. El desarrollo de la Educación Nueva, en las primeras décadas del siglo XX sobre todo en Francia e Italia, que es la referencia del texto, no promueve en modo alguno esa “autonomía y libertad ilimitada del niño”. Argumento falaz a poco que se conozca el pensamiento y teorías educativas de ese movimiento renovador de la escuela. Ya que es precisamente el desarrollo de la psicología, que permite comprender mejor las relaciones entre los procesos madurativos del ser humano, y la comprensión del mundo del niño como momento evolutivo con características propias y necesidades concretas, la que impulsa una manera de organizar la educación en función de los niños y niñas que se educan. Se pasa de la materia “logocentrismo” (aquello de que la letra con sangre entra), al respeto profundo por el principal objeto de la educación que es garantizar un desarrollo humano del alumnado “paidocentrismo”.

No obstante insiste la encíclica en que el sentido último legitimador de toda educación se encuentra en la religión. “así que en nuestros días se da el caso, a la verdad bien extraño, de educadores y filósofos que se afanan por descubrir un código moral universal de educación, como si no existiese ni el Decálogo (diez mandamientos), ni al ley evangélica, y ni siquiera la ley natural esculpida por Dios en el corazón del hombre…. Así mismo tales innovadores suelen denominar como por desprecio a la educación cristiana “heterónoma”, “pasiva”, “anticuada”, porque se funda en la autoridad divina y su santa ley.”3 Nos encontramos con un elemento reiterativo de la obra descalificadora de todo pensamiento moral que no se fundamente en los diez mandamientos, rechazando la ética como instrumento al servicio de una vida plenamente humana. Un pensamiento tan totalitario no puede menos de calificarse de fascista, ya que no es posible ninguna educación, ninguna pauta de comportamiento individual o social fuera del “decálogo”.

Fdo. Rafael Fenoy Rico Secretario de Jurídica y Comunicación de CGT.

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