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Rafael Cid : "Zapatero y el caballo de Troya"

 

Bush (el malo) le dijo a Aznar que España tenía que entrar en la guerra de Irak. Obama (el bueno) le ha ordenado a Zapatero que meta ya en cintura a la economía. Y el Fondo Monetario Internacional, el Banco Central Europeo y los mercados de capitales le han señalado qué condiciones tiene que cumplir para optar al rescate de la Unión Europea. Los desayunos de oración en Washington y las visitas a los ricos de Davos cuestan muy caro, sobre todo si se presume de ateo y de izquierdas sin ser practicante ni de lo uno ni de lo ...



Bush (el malo) le dijo a Aznar que España tenía que entrar en la guerra de Irak. Obama (el bueno) le ha ordenado a Zapatero que meta ya en cintura a la economía. Y el Fondo Monetario Internacional, el Banco Central Europeo y los mercados de capitales le han señalado qué condiciones tiene que cumplir para optar al rescate de la Unión Europea. Los desayunos de oración en Washington y las visitas a los ricos de Davos cuestan muy caro, sobre todo si se presume de ateo y de izquierdas sin ser practicante ni de lo uno ni de lo otro. De “España va bien”, “estamos en la liga de campeones” y”vamos hacia el pleno empleo”, coreado por la derecha y la izquierda en orden y consenso, hemos brincado al ajuste duro y clasista escenificado por ZP el miércoles 12 de mayo en el Congreso. Brusca reducción salarial para los funcionarios, congelación de las pensiones, recorte del subsidio de dependencia y retirada del cheque-bebe son algunas de las medidas que nos llevaran, según el gobierno-caballo de Troya, de los brotes verdes de hoy al radiante porvenir de mañana. Mientras las víctimas de la crisis pagan por enésima los platos rotos (paro oficial del 20% ; multimillonarios recursos públicos para “indemnizar” a los malhechores que provocaron la crisis y recortes sociales a granel), para dar ejemplo, los altos cargos de la Administración se reducen en unos insignificantes 16 millones de euros, Botín y los suyos de la banca cleptómana se conceden pensiones siderales (85,7 el consejero delegado de Banesto, Alfredo Sáez) y la Bolsa aplaude el inicio de una era de miseria y desdichas sin paliativos para la masa trabajadora, productiva y ciudadana. Nunca tan pocos explotaron a tantos.

Creer que al partido en el gobierno en Alemania le va el dispendio, es pecar de ilusos. Si en el caso del rescate de Grecia Ángela Merkel se lo pensó dos veces y sólo atendió al S.O.S de los helenos cuando estaban a punto de hundirse, carece de lógica pensar que tras el batacazo recibido en las decisivas elecciones de Renania del Norte su actitud iba a ser muy diferente. Los dineros no tienen alma y si ahora Merkel se pone al frente de un impresionante Plan Marshall de 750.000 millones de euros para los países en crisis no es por un arrebato de altruismo eurocentrista . Es para condicionar una agenda oculta que significa en la práctica imponer traumáticas y selectivas reformas estructurales de carácter neoliberal, salvar a la gran banca francoalemana tenedora de deuda mala de esas naciones contagiadas, garantizar expectativas para sus exportaciones a la eurozona y, si llega el caso, mostrar a sus gobiernos que aparte del control de la política monetaria que ostenta el Banco Central Europeo (BCE), tras esa mayúscula operación rescate, la política fiscal será de soberanía compartida entre las instituciones de la Unión y sus Estados. La cotización de la banca se disparó en la bolsa española (y en otras muchas de Europa) el pasado 10 de mayo porque el plan aprobado tiene en ella el mayor beneficiario. Prestamista de doble entrada (a los Estados y a las empresas), la banca no sólo veía peligrar sus balances con el aumento de la morosidad hipotecaria, sino que el crecimiento del riesgo-país acumulaba incertidumbre sobre el futuro de sus créditos, públicos y privados, que en el caso español representan en conjunto una de las mayores deudas globales del mundo en términos relativos. Una cosa es que la banca haga un suculento negocio pidiendo dinero al BCE al 1% y prestándolo más caro a los Estados en situación de emergencia, y otra muy distinta que por culpa de unos gobiernos que temen fracasos en las urnas si acometen sin red los ajustes draconianos que se les demandan, sus cuentas corran peligro.

La crisis se ha convertido en una serpiente (cascabel) que se muerde la cola. Comenzó con el fiasco de las subprimes como frustrada alternativa al pinchazo de los puntocom, en el caso de Estados Unidos, y con la debacle de las hipotecas en el de España. Dos “negocios” que se cebaron sobre trabajadores y contribuyentes mientras una parte de la banca pillada en la trama era salvada con fondos públicos y otra, la menos comprometida, lograba beneficios históricos en medio de la tragedia general. Y ahora, esa misma banca hace el negocio de su vida con la transferencia de riqueza que supone el tomar dinero barato del BCE y prestar al alza a los Estados miembros, consiguiendo además blindar sus potenciales beneficios a través de un Plan Marshall (en realidad Plan Merkel) sufragado otra vez con fondos públicos (comunitarios y estatales) pero con el añadido ideológico-estratégico del patrocinio del Banco Central Europeo (BCE) y el Fondo Monetario Internacional F(MI) para tutelar las imperiosas exigencias de reformas estructurales de gran calado “para refundar el capitalismo”.

El contradictorio papel desempeñado en esta crisis por el BCE -metáfora viva del dominio franco-alemán al estar la institución encargada de la política monetaria en la UE dirigida por un francés (Jean Claude Trichet) y tener su sede en territorio alemán- está siendo revelador del juego político que se esconde tras decisiones globales que se presumen exclusivamente técnicas. Haciendo bueno el principio de quien paga manda, y Alemania, y Francia representan las mayores cuotas de aportación al presupuesto de la UE, el BCE permitió que las principales economías del área se saltaron en los inicios de la crisis el Pacto de Estabilidad y Convergencia que limitaba al 3% sobre el PIB el nivel de déficit y al 60% el de deuda ; luego se enrocó no abaratando los tipos de interés con la excusa de reprimir brotes inflacionarios, y ahora, tras una etapa inicial de negativa a asumir la deuda Griega por no contravenir la normativa anti-proteccionista del Tratado de Lisboa, se descuelga con un ¡salga el sol por Antequera ! al participar como protagonista estelar aceptando deuda pública y privada contra la garantía del BCE. Todo un dechado de incongruencias que seguramente tienen que ver con la agenda oculta que está monitorizando todo el proceso. Aunque en este último caso, su política intervencionista (ora regulando, ora des-regulando), roza el anatema, al quebrantar el axioma neoliberal que señala al aumento de la masa monetaria como el factor determinante de la inflación (nada más y nada menos que 750.000 millones de euros, 7 veces el volumen del Plan Marsahll fletado para reconstruir Europa tras la Segunda Guerra Mundial), precisamente una de las razones de la existencia del BCE.

Como si se tratara de una receta prodigiosa de la vieja medicina homeopático, la fórmula redoble del rescate, más deuda para combatir la deuda, parece pura coña a no ser que el objetivo sea crear tal nivel de dependencia entre esos gobiernos, vía volumen de deuda y condiciones de pago, que haga imposible cualquier política de resistencia a las reformas (como la revuelta del pueblo griego) exigidas por muy brutales que sean. Que son las que anunció ZP en Davos, MAFO desde el Banco de España y Díaz Ferrán en la CEOE, pero sin anestesia. Quien presta manda.

Rafael Cid

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