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Miguel Jara. ¡Joder, tío !, ¿quién nos ha cambiado el clima ?

 
A pesar de la larga lucha del ecologismo y del rechazo generalizado de la población, el discurso pro energía nuclear ha vuelto a reavivarse con motivo de la amenaza del cambio climático. Empresas de relaciones públicas ; think tanks (palabro cursi anglosajón que significa tanques de pensamiento) como la FAES -que preside José Mª Aznar- ; líderes de opinión entre los que se encuentran desde políticos hasta míticos personajes del movimiento ecologista, leáse James Lovelock ; o grupos de presión industrial (los populares lobbies), están tratando de mejorar la dañada imagen de estas fuentes energéticas.
Miguel Jara


Así, 22 empresas lideradas por Iberdrola, la alemana RWE Power y la francesa EDF, acudieron en noviembre de 2004 a Bruselas para presentar un documento en el que afirman que la energía nuclear es “un elemento central en la futura planificación energética de la UE”. Allí estuvieron directivos de empresas como Electrabel y Westinghouse (Bélgica), Cez (República Checa), Areva y EDF (Francia), TVO (Finlandia), RWE Power y Eon (Alemania), NRG (Holanda), Nuclearelectrica (Rumanía), Vattenfall (Suecia), BNFL y Urenco (Reino Unido), o NOK (Suiza), además de las citadas. Estos señores pidieron a los políticos que potencien la energía nuclear.

Las empresas patrias que han rubricado con su firma el citado documento son, además de Iberdrola, Nuclenor, Empresarios Agrupados y Tecnatom. La patronal nuclear quiere que todas las opciones de producir energía se mantengan y esto incluye a las plantas nucleares.

Por ello, su declaración fue enviada a todos los dirigentes de la UE con competencias en política energética. Este lobby pro nuclear no duda en utilizar argumentos más propios del ecologismo que del sector energético. Así, hablan de la industria nuclear como suministradora de “energía limpia y segura” ; desean que se fomente “la eficiencia energética” ; y que se realicen más inversiones en fuentes energéticas que, “como las renovables y la atómica, no emitan gases con efecto invernadero”. El lobby nuclear está destacando que, al no producir dióxido de carbono, la atómica ayuda a cumplir con los compromisos de Kioto.

Los gobiernos han hecho suya esta petición. En una de las últimas reuniones del G8, los ministros de energía abogaron por un “desarrollo a gran escala” de la energía nuclear. Volvieron a escucharse los ecos del discurso “verde” en la voz de los ministros, que al tiempo se pronunciaron a favor del “desarrollo de energías renovables y alternativas”.

La ex vicepresidenta de la Comisión Europea, Loyola de Palacio, poco antes de morir aseguró que “si hoy España desenchufara todas sus centrales nucleares incrementaría la emisión de CO2 de forma espectacular”. De Palacio, junto con el socialista Joaquín Almunia, Comisario Europeo de Asuntos Económicos y Monetarios, son dos de los líderes de opinión pro nucleares más activos en los últimos años. Este último se ha pronunciado a favor de “reabrir y profundizar en el debate sobre la energía nuclear, y no hacerlo con los mismos parámetros de 1982”, fecha en la que él mismo se oponía a esta fuente energética. Y eso que su partido prometía en su programa electoral el cierre de todas las nucleares.

Las empresas estadounidenses han intentado la estrategia de convertirse en aliados “verdes”. General Electric ha aprovechado el temor al calentamiento global para intentar atraerse a la ciudadanía y, de paso, a los ecologistas, con su proyecto “Ecomagination”, en el que participa la organización ambientalista World Resources Institute, según afirma Steven J. Milloy en un artículo publicado en la página del Grupo de Estudios Estratégicos, otro think tank que actúa en España con una orientación ultraderechista. La iniciativa consiste en vender “productos ambientalmente avanzados”, según la propia compañía, que además asegura que son muy rentables.

Entretanto, el Informe Stern sobre cambio climático ha despertado el compromiso ecologista de Tony Blair, facilita la gira mundial de Al Gore en avión privado y al menos por aquí continuamos sin una apuesta decisiva por la energía solar. ¿Por qué ? Pues porque no beneficia tanto a los empresarios como a las personas. Sí, tiene todas las características para convertirse en un sistema energético descentralizado : las comunidades de vecinos podrían instalar en su tejado su propia central solar y autogestionar sus necesidades, amortizarla en pocos años y disfrutar de energía gratuita durante incalculables temporadas.

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