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Julián Zubieta. La Transición : compromisos y concesiones.

 
¿Actuaron los actores de la transición correctamente o incorrectamente ? ¿Quién se siente capaz de juzgar este hecho ? En cualquier caso, sobre esas fechas irrecuperables recae una decisión que ha ido mucho más allá, viajando a través de nuestro tiempo, y su repercusión en nuestra sociedad la estamos pagando todos. Quien hace una concesión, ya no puede evitar la siguiente. Lo mismo que los compromisos conducen inevitablemente a nuevos compromisos.
Julián Zubieta


El franquismo fue un movimiento totalitario que, como el fascismo, favoreció a los ricos y a otras elites. La muerte de Franco (recordemos que fue en la cama y rodeado de sus acólitos) era esperada y, por lo tanto, calculada en sus planteamientos posteriores. El sistema monárquico ya estaba decidido desde dentro del régimen franquista, lo único que faltaba eran las concesiones y compromisos que los actores políticos del momento estaban dispuestos a negociar con el franquismo.

La Transición amnistió a muchos políticos y militares que, desde 1936 hasta 1975, habían actuado en la barbarie dictatorial sin dar explicaciones más que al régimen. Ernesto Sábato desde Argentina, tras la promulgación de las leyes de impunidad de 1986 y 1987, nos advertía de la inmensa vergüenza que sentía al saber que, al recorrer las calles y plazas, se cruzaba con los asesinos y torturadores de sus amigos y desconocidos. En este país, no podemos olvidar que los vencidos que quedaron vivos, tuvieron que apartarse y dejar su sitio a los que ganaron una guerra provocada por los intereses que, más tarde, cuando la victoria, fueron favorecidos por Franco. Las ideas moderadas que hoy reconocen los hechos, pero reclaman el olvido, son útiles para una prolongación del continuismo planeado. Pero no borran de la memoria las filas de hambre, el estraperlo, las bulas, la limosna, la exaltación patriótica, la Iglesia, el miedo a hablar y el miedo a no vivir de los que quedaron con vida y no eran como ellos.

La burocracia franquista continuó en la maquinaria del Estado ; la Transición no se interesó en el saneamiento de las cloacas del corporativismo. La parte trasera del negocio seguía enriqueciendo a los mismos, eso sí, ahora amparados por la legalidad de la esperada democracia. El continuismo en las directrices de la burocracia, hoy sembrada de adscripción y no de logro, sigue siendo una de las fuerzas económicas más poderosas de este país, frente a lo cual, a los perdedores sólo nos queda el reclamo silencioso, hasta hace poco, de los muertos y de nuestros recuerdos.

Las muertes y nuestro recuerdo vivo no han sido en vano, y, aunque desde muchos lugares se nos intente avergonzar no nos tenemos que esconder, en otros territorios se sienten con la obligación humana de reconocer las atrocidades cometidas por las ideas totalitarias. Debemos reclamar la libertad, la de entonces y la de ahora. Debemos abogar por la justicia y por la dignidad de los vivos de ahora y de los muertos de entonces ; su recuerdo y reconocimiento es necesario para construir una sociedad que mitigue las deudas de los verdugos y simpatizantes, que hoy todavía están adornando calles con su nombres ; en otras ocasiones las viejas parroquias e iglesias de los pueblos y ciudades narran y cuentan la historia su legado de muerte. Historias convertidas ahora en piedras, donde se alojan sus nombres. En cambio nuestra memoria y nuestros nombres residen en las fosas comunes, desde donde se alimenta la naturaleza virgen, chupando nuestros recuerdos y enseñándolos cada primavera.

Hoy se defiende como ejemplar la Transición española. Muchos intelectuales la toman como aquel mayo francés en el que todos estaban, como dogma inalterable y como la ortodoxia de las transiciones. Otras transiciones políticas anteriores nos señalan logros que la de este país no consiguió, por ejemplo : en Alemania, la “Ley de Igualación de Cargas” (lastenausgleichgesetz) aprobada en 1952, siete años después de finalizada la II GM contribuyó al inicio de la igualdad económica entre la población (bajo esta ley, cerca de la mitad de los activos financieros de los alemanes, por lo menos de los que seguían teniendo, se redistribuyeron entre los alemanes que carecían de recursos, y se disolvieron algunas corporaciones que ayudaron a reducir la desigualdad de renta). Eso siete años después de acabada la guerra ; aquí, seis años después de la muerte Franco hubo un intento, todavía no muy claro, de golpe de estado. Italia, al igual que Alemania tras la experiencia totalitaria, demostró la intención de romper con el régimen anterior, declarando una transición que aprobó una ley electoral para la Asamblea Constituyente. En un decreto fechado en 1946 separa la decisión sobre la forma de Estado, que se resolverá mediante referéndum popular, de la redacción de la Constitución. El resultado obtenido fue que Humberto II tuvo que irse al exilio. Japón, un país asiático de configuración estructural totalmente diferente a los países occidentales a los que se ha hecho referencia (eso sí, como los anteriores países también bajo la supervisión de los Estados Unidos) fue capaz de reconocer la soberanía popular frente al imperialismo tradicionalista japonés, imponiendo un sistema democrático que rompía con su pasado Meiji.

Hay más ejemplos, pero lo que no podemos olvidar es que la democracia no se define en función de unos valores o compromisos morales de unos cuantos, sino mediante unos procedimientos formales y no bajo el supuesto de la orientación egoísta y estratégica de unos autores para alcanzar acuerdos y equilibrios políticos suficientes. La cooperación entre los actores puede llegar a ser útil para los intereses egoístas de los individuos que decidieron, o pudieron, embarcarse en su travesía. Al final, una democracia se consolida cuando un sistema determinado de instituciones se convierte en el único deseable, esto es, cuando no hay más alternativas políticas plausibles ni deseadas. Detalle del que este país se olvido intencionadamente o no. La Transición no fue transparente en los acuerdos alcanzados, el respeto por el orden instaurado, el autosacrificio católico, la familia, la dominación masculina y el rango declaran, entre otras pautas, la corrección conservadora que se mantuvo. Está claro que las tradiciones y la cultura mudan a un ritmo mucho más lento que la organización social o la tecnología del progreso.

En las consecuencias de las decisiones tomadas por los visionarios de la Transición encontramos las semillas de la actualidad.

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