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Sánchez y la impostura

 

Artículo de opinión de Rafael Cid

Rafael Cid


“Lo esencial sucede en lo imaginario

y lo irrelevante en la realidad”

(Robert Musil)

La apuesta de Pedro Sánchez para movilizar al electorado representa una versión multimedia de aquella “alerta antifascista” con que Pablo Iglesias, el socio más notorio del PSOE en este interregno que concluye, respondió a la formación de un gobierno de PP y Ciudadanos en Andalucía. Aunque allí no le salieron las cuentas, porque Vox desbordó el “cordón sanitario” que los socialistas habían intentado levantar entre la opinión pública, los estrategas de Moncloa piensan ahora que esa es una baza ganadora. Debido seguramente a la extraordinaria visualización que supuso en todo el país la foto de las tres derechas en la madrileña plaza de Colón. Desde entonces todos los mensajes insisten en esa dirección. Algo tendrá el agua cuando la bendicen.

Debemos suponer, por tanto, que Sánchez y la cúpula de Ferraz creen en lo que hacen y dicen, más allá de los inevitables gestos propagandísticos que encierran todas las campañas electorales. Que existe un compromiso para evitar en el plano de los hechos políticos y jurídicos que el reloj de arena de la reciente historia española invierta su curso. Con la mayoría parlamentaria salida a su favor en la moción de censura Sánchez podría poner banderillas de fuego a esa amenaza retrógrada. Pero para ello debería atreverse con lo que hasta ahora ningún gobierno hizo. Si después de 42 años del final biológico del franquismo todavía hay gentes que creen que esas señas de identidad siguen siendo válidas, ha sido por la falta de voluntad política de quienes ostentaron el poder durante más de cuatro décadas.

Primero permitiendo que fueran de curso legal partidos nostálgicos de la dictadura y sus contravalores, nuevos como Democracia Nacional y veteranos como las variadas Falanges. Y luego, y sobre todo, por no haber querido avanzar en la escuálida Ley de Memoria Histórica (LMH) aprobada en tiempos de Rodríguez Zapatero, verdadero campo de minas donde naufragaron buenas intenciones, propósitos de enmienda y simples postureos. El PSOE de Sánchez no tiene excusa para llevar a la realidad jurídica la anulación de los juicios del franquismo y la completa, definitiva e integral reparación de las víctimas o sus allegados sin ningún tipo de reserva ni discriminación.

Solo así hará creíble su “alerta antifascista”. Sería una impostura más en una larga serie de imposturas que antes de disolverse las Cortes el próximo 5 de marzo el presidente Sánchez no saldará la cuenta largamente pendiente con la sociedad democrática. Resultaría un insulto a la inteligencia y un contrasentido que toda la fuerza de su gobierno se concentrara en la mediática exhumación de la momia de Franco mientras la aberrante huella de sus genocidas políticas sigue campando a sus anchas en el entramado normativo vigente. Le descalificaría como persona y le incluiría en la ristra de dirigentes que mantienen infame lealtad al legado franquista después de muerto. Y le haría cómplice del sufrimiento infringido.

Glosando la “ideología de Pedro Sánchez”, decía el otro día a toda plana un periodista, directivo del diario progubernamental El País y patrono a su vez de la Fundación Felipe González, que <<la verdadera idea y fuerza de Manual de resistencia es la vinculación indisoluble de los conceptos “socialdemocracia” y “Europa”>>. Suena a ditirambo electoral de parte. La presidencia del parlamento europeo acaba de prohibir un acto de La Falange y de Democracia Nacional en su sede porque su presencia “amenaza la integridad y la dignidad institucional”, dos grupos que contra toda lógica concurrirán con todas las de la ley a las elecciones el próximo 28-A. Y hace 13 años, en el ya lejano 2006, la Comisión Permanente de la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa, por unanimidad, condenaba el franquismo y urgía al Estado español a honrar a sus víctimas, denunciando con firmeza “las múltiples y graves violaciones” cometidas en España en el periodo comprendido entre los años 1939 y 1975. (https://elpais.com/diario/2006/03/18/espana/1142636420_850215.html).Hasta la fecha. Zapatero, el presidente de gobierno que pasó el testigo en el escalafón socialista a Pedro Sánchez, fue incapaz de asumir el reto histórico que Europa demandaba, contentándose con pergeñar una mortecina, limitada, infradotada, caduca y segregacionista Ley de Memoria Histórica.

A Pedro Sánchez se le acaba el tiempo para demostrar que su “alerta antifascista” no es solo un gesto propagandístico más para consumo de su hinchada. La última impostura.

Rafael Cid

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