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Puedo prometer y prometo: ER(r)E que ER(r)E

 

Artículo de opinión de Rafael Cid

Rafael Cid


“Como periodista siempre busco la verdad:

¿es casero el caldo Gallina Blanca?”

(Mónica Carrillo, presentadora del telediario de  Atresmedia y novelista, en un spot)

Celtiberia show vuelve a estar a la orden del día en múltiples escenarios:

-En el “periodismo de extorsión” que acaba de tumbar  a la cínica y corrupta Cristina Cifuentes con un video-basura de la factoría Eduardo Inda-Florentino Pérez que hace del delito de divulgación de imágenes privadas la apoteosis del linchamiento público.

-En el triángulo de las Bermudas inaugurado por Manuela Carmena y el dúo patatús Bescansa-Errejón.

-En las tarjetas black que socializan como un sindicato vertical a representantes de los trabajadores, empresarios y políticos de todos los colores.

-En el fraude de los ERE, con dirigentes de CCOO y UGT compartiendo mordida con presidentes de la Junta andaluza y líderes del socialismo rociero mientras pregonan su lucha contra el paro y el subempleo.

-En el tinglado de las pensiones, latrocinadas por PP y PSOE, aunque en la cabeza de la protesta ondeen  banderas del PSOE, cuya ejecutiva tiene seguros privados suscritos con la banca, y de las “centrales  mayoritarias”, que ofrecen a sus afiliados planes de pensiones asociados, con el BBVA en el caso de CCOO (http://servicios.ccoo.es/servicios/Inicio:216--Plan_de_Pensiones_Asociado), y con Inversis, propiedad de la Banca March, en el caso de UGT (https://www.atlantis-seguros.es/general/productos/planes-de-pensiones.aspx).

-En la corrupta alma mater universitaria, un mercado de títulos al mejor postor para cebar  currículos de políticos en disposición de trepar y “ovejas negras” de familias de postín.

-En el “no a la guerra”, salvo que el belicoso sea uno de los nuestros y no suponga merma de la “carga de trabajo”. Como explicó el comité de empresa de Navantia ante las críticas por el contrato para construir varias corbetas destinadas al feudal y genocida gobierno de Arabia Saudí, que mantiene una cruel guerra ofensiva en el Yemen.

En este mundo traidor, todo vale, todo se aprovecha, de un cuerno se hace una percha. ¿Posverdad? No, la simple lógica de la irresponsabilidad y la delegación como modus vivendi. Concebidas las relaciones sociales en un régimen de servidumbre voluntaria, no es extraño que el resultado sea el monopolio de la mentira, la impostura y la infamia. Muy alejado de aquel principio suscrito por los obreros de la Primera Internacional que decía “no más deberes sin derechos, ni más derechos sin deberes”. La norma de convivencia hoy, sin embargo, discurre en una única dirección. Derechos sin deberes. Sin apreciar que esa falta de interacción, y el abuso de la representación, elimina la necesaria experiencia propia de la existencia y configura arquetipos zombis. Por eso, la memoria individual y colectiva suele ser tan voluble y acomodaticia.

De lo contrario, aprenderíamos de la experiencia vivida y radiada, y hechos calamitosos que ya sucedieron en el pasado inmediato no se reproducirían como si nada hubiera sucedido. Nos echamos las manos a la cabeza con el bufonesco y sórdido affaire Cifuentes, pero muchos de los que justamente lo jalean fueron protagonistas fervorosos de otros casos aún más denigrantes. ¿Hay que recordar el bochorno de una clase política, empresarial y mediática (Polanco, Asensio, Pedro J. Ramírez, Ansón, etc.), en los fastos de la investidura de Mario Conde en la Universidad Complutense un año antes de que MC fuera encarcelado por gánster? “Un intelectual de la banca que busca el equilibrio ético. El homo novus de la economía española”, dijo del delincuente en su  laudatio el embajador israelí Shlomo Ben Ami ante el Rey Juan Carlos I que presidia el homenaje.

En España hay desigualdad social en lo económico-material. Qué duda cabe. Pero sin duda donde esa lacra es más corrosiva, y sin embargo se denuncia menos, es en los ámbitos de la vida cotidiana, pública y privada. Quizás porque para que haya corrupción efectiva se necesitan dos polos en comunicación. Un corruptor y un corrompido. Consentidor y consentido. Y no solo fluye de arriba-abajo, del poderoso al sometido. Es bidireccional. El nepotismo, el enchufismo, el chanchullismo y el clientelismo, mucho más que el mérito y la capacidad, siguen siendo los vectores fundamentales de promoción social aquí y ahora. Y excusarlo en lo del “capitalismo de amiguetes” es una forma como otra cualquiera de esconder la cabeza bajo el ala. Apenas hay sitio donde mirar que no cobije una fechoría. En nuestra universidad, el supuesto campus de la excelencia y la transmisión del conocimiento, según estudios solventes, hay un 73% de docentes de estirpe endogámica. O sea, de individuos-funcionarios con vínculos y/o intereses compartidos. No sorprende, pues, la omertá con que ha reaccionado el rectorado de la  Rey Juan Carlos ante el mastergate. Una universidad que cuenta con cuatrocientos profesores visitantes en nómina de una plantilla de 1.400 docentes lleva el estigma en su ADN. Por cierto, el responsable de un centro de estudios superiores de Sevilla tenía colocados a 22 familiares y amigos (entre otros: 2 hijos, 4 hermanos, 6 sobrinos, 1 cuñado, 1 suegro, la suegra de un hermano, un hermano del yerno y una vecina). Una reforma radical que acabara con esas prácticas tramposas no sería reforma, sería una revolución.

Eso en la base. En la cúspide, si cabe es peor, porque es un iceberg del que solo asuma la parte más inocente. Como botón de muestra está lo conocido del Tribunal de Cuentas, el máximo órgano de la administración que tiene la misión de fiscalizar las cuentas del Estado y del sector público. Pues bien, de sus setecientos empleados más de cien están ligados por algún grado de parentesco, destacando sobre todo el personal vinculado a los sindicatos y la cúpula de la entidad. Según reveló en su día la prensa, los dos últimos presidentes del TdC compartían sede de trabajo con diecisiete allegados. Y si tiramos por elevación en la ruta de la cleptomanía y la desfachatez, no encontramos con un país que tiene dos reyes en nómina de los presupuestos. Y uno no es el de la baraja, sino el emérito. Aunque no exista por ningún lugar normativa ni estatuto que regule esa curiosa titularidad a costa del dinero de todos. Solo el Vaticano se acerca a nuestro modelo, con dos papás en candelero.

Extraño país este, de broncos contrastes y escasas entendederas:

-Donde el jefe de Estado a título de Rey designado por Franco, y mandatario interino en la dictadura durante la enfermedad del Caudillo, pasa a ser jefe de Estado en la democracia por acuerdo de las fuerzas políticas de derecha e izquierda (Juan Carlos I, hoy Rey emérito)

-En el que el secretario general del partido único fascista (el Movimiento Nacional) se convierte tras ganar las elecciones en el primer presidente de gobierno constitucional del régimen democrático (Adolfo Suarez).

Rafael Cid

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