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Pedro Sánchez o la ejemonía

 

Artículo de opinión de Rafael Cid

Rafael Cid


“Un elefante se balanceaba

sobre la tela de una araña,…”

(Canción infantil)

La historia la escriben los vencedores, y Pedro Sánchez ya tiene enmarcados los titulares. En menos de una semana ha resucitado y con él sus apóstoles más fieles. Todo gracias a una hegemonía “recosida” sobre un triple eje: el ideológico, el hidráulico y el geométrico. Con el ideológico, aprovechando el chaparrón Gürtel, ha hecho percibir el lema “somos la izquierda” como algo más que un reclamo publicitario. Mediante el hidráulico, al lograr salir del fondo del pozo en el que le situaban las encuestan para coronar la cumbre, se ha apropiado del halo invictus que la gente otorga a los temerarios. Y con el geométrico, al uncir en un mismo afán la confesionalidad centralista del 155 con el apoyo plurinacional de soberanistas e independentistas, ha cuadrado el círculo centro-periferia. El secretario general del PSOE ha cabalgado el tigre de la moción de censura a golpe de “ejemonía” sin probar el parvulario gramsciano ni pretenderlo.

Una especie de triángulo de la fortuna que, sin embargo, se beneficia de otro triple eje legado del defenestrado Mariano Rajoy. Porque junto a la presidencia de gobierno de España recibe un presupuesto heredado del PP que Sánchez demonizó casi hasta la víspera, y que ahora ha utilizado como dote para su decisiva alianza con el PNV; capitaliza el inmediato desarme operativo del artículo 155 contra los nacionalistas catalanes que le han otorgado su voto; y asume un ciclo económico que progresa adecuadamente (un PIB por encima de la media de la UE y mejora relativa de los datos de paro, inversión, déficit, prima de riesgo, exportaciones, turismo, etc.). Aunque la partida económica puede torcerse si se frenan los vientos de cola, sigue encareciéndose la factura del petróleo y se ahonda el cisma proteccionista con Estados Unidos.

En cualquier caso, Sánchez tiene el BOE y margen de maniobra darse alguna alegría tras salir del túnel de la irrelevancia. Bastaría con una batería de medidas que recordaran aquella primera legislatura virtuosa de José Luis Rodríguez Zapatero. Asuntos como revertir la contrarreforma laboral y de pensiones del PP (no las del PSOE, claro); derogar la “ley mordaza” (ya en proceso legislativo); avanzar en la legalización plena de la eutanasia sin eufemismos; reimplantar la sanidad universal sin copago; acabar con la mercantilización de los estudios universitarios; y poner en marcha una radiotelevisión pública realmente independiente y de calidad que no sea la correa de transmisión del partido en el poder. Palancas todas ellas que pueden suministrar al PSOE sanchista crédito suficiente para que el fallo de los ERE, de incriminar a Chaves, Griñán y demás familia, no sea valorado como el mayúsculo caso de corrupción que de hecho es. Nuevas tareas, como replantear las relaciones con el Vaticano y poner coto a la financiación pública de la enseñanza religiosa y sexista, ya son harina de otro costal.

Con todo esos ases en la manga, Sánchez recuperaría posiciones cara a las elecciones europeas, autonómicas y locales de 2019, y despojaría a Ciudadanos de esa demoscópica pose de líder de la oposición que pronosticaban los sondeos hasta hace quince días. Pero todo ello pende del hilo de araña sobre el que se balancea el procés. Si Torra se encabrona y lo relanza, abandonando la “anomalía” concordataria con que se ha revestido últimamente, Pedro Sánchez se vería en el compromiso de convertirse en un segundo Torquemada y recuperar el 155 con todo su arsenal reaccionario. También pudiera ocurrir que el actual inquilino de la Generalitat sufriera la voladura de la CUP, lo que provocaría efectos parecidos para los de Ferraz. En la jeringonza de unionistas y soberanistas sobre la que se erige la “era Sánchez” la presencia de independientes en el gobierno como gesto de apertura a la sociedad, y el buen hacer de políticos como Odon Elorza y Margarita Robles con hilo directo en Vitoria, serán claves para balizar el periplo “ejemónico” que ahora se inaugura. Un estado de buena esperanza que tendrá como partera codiciosa al imperio mediático “casa Roures” y como negacionista al declinante grupo Prisa, el mismo que en un editorial calificó a Pedro Sánchez de “insensato sin escrúpulos”. Por cierto, quien también ha dado la nota ha sido el equipo parlamentario de Unidos Podemos. Que de aquel coral “PP, PSOE, la misma mierda es”, de su etapa activista. ha pasado en su actual rol institucional a gritar “Sí, se puede” para celebrar la victoria socialista. La misma formación política que en su periodo monclovita impuso la reforma del artículo 135 de la Constitución, perpetró las primeras reformas regresivas del mercado laboral y del sistema público de pensiones, y secundó dócilmente la aplicación del 155 para combatir el derecho a decidir de los ciudadanos catalanes.

Rafael Cid

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