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Migrantes y nigromantes. 18 diciembre, Día Internacional del Migrante

 

Artículo de opinión de Rafael Fenoy Rico

Rafael Fenoy Rico


Ambos conceptos están dramáticamente unidos, ya que en los círculos del poder de Washington, Beijín  o Bruselas  la nigromancia se encarga de los migrantes, invocando los dramas de miles de personas muertas al intentar llegar a la nueva tierra. Una tierra  buena, un paraíso,  promesa  a cada recién nacido, pero que la avaricia de unos pocos hacen que se convierta en infierno. Del  cual las gentes huyen  por millones.

Y es que ¿quién no tiene o ha tenido, entre sus amigos y familiares migrantes? Tanto los que llegan, inmigrantes, como los que marchan fuera,  emigrantes, en la mayoría de las ocasiones, lo hacen por la fuerza de las circunstancias. Así se manifiesta la a Sra. Audrey Azoulay, Directora General de la UNESCO “La decisión de abandonar el hogar propio es siempre extrema y, con demasiada frecuencia, supone el comienzo de un viaje peligroso, a veces funesto.” Y casi todas las personas abrigan en su interior un profundo deseo de volver, aunque sea como en la canción: “Volver, con la frente marchita, las nieves del tiempo platearon mi sien”. Y sobre todo con la conciencia profunda de que “es un soplo la vida, que veinte años no es nada”…

Los nigromantes de hoy promueven esas dolorosas circunstancias con el miedo, la explotación y la miseria, en inmensos territorios para, invocando a los muertos migrantes, hacer presente un futuro adivinado como más propicio para seguir acumulando riqueza.  Porque la nigromancía moderna, adoptando la forma de neo-liberalismo,  promueve las migraciones precisamente porque ya no precisa  conjurar el futuro para adivinarlo.  Se han dado cuenta, estos nigromantes modernos, que han alcanzado el poder suficiente para diseñarlo. Un poder que antaño poseían sólo los antiguos dioses. Y si, para que el diseño se haga realidad, deben pasar por encima de miles de cadáveres, pues se hace y punto.

Que otro sentido tiene que, multinacionales y gobiernos del llamado primer mundo, consoliden directamente dictaduras africanas, apoyen los integrismos, el adiestramiento de terroristas, las guerras entre tribus, etnias, religiones, las matanzas, el exterminio de pueblos enteros. Con ello, crean las condiciones objetivas para que los pueblos sean más sumisos, para que la inteligencia huya, para que las gentes valiosas y valerosas emigren intentado sobrevivir. Y en ese camino de miseria y dolor, al despedir este 2017, más de 3.000 de ellas dejaron sus vidas en el Mediterráneo, 160 en nuestras costas. ¿Hasta cuándo vamos a permitir que estos nigromantes neo-liberales sigan con sus conjuros de muerte? 

Rafael Fenoy Rico

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