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Las fosas de la vergüenza

 

Artículo de opinión de Joan Pinyana - CGT-Castelló.

Joan Pinyana - CGT-Castelló


A la memoria de todas la mujeres que padecieron, lloraron y en silencio, casi siempre, sufrieron en sus carnes la desaparición y muerte del ser querido, de aquellos hombres de su casas, por la recuperación de la dignidad de aquellas madres, compañeras, hermanas, hijas, a mi abuela Estefanía, de Cantavieja, represaliada por la marcha y muerte en el frente de Teruel del abuelo, del miliciano Martín, rapada cada viernes santo por los malditos falangistas, para hacerle pagar que fuese un luchador contra el fascismo, nunca sabremos cuánto padecieron y sufrieron. Se lo debemos.

Dedicado a Joaquín Claramonte Martínez, “Conillet”, de Almassora, pueblo donde nací, y en el que el compañero asesinado vil y cobardemente, fue responsable local de CNT/FAI, miembro del Comité Revolucionario y uno de los últimos “desaparecidos”, encontrado en la fosa común del cementerio de Borriana, en 2018.

Cuando el 20N de 2018, acometimos la apertura, tras más de 80 años del primer fusilamiento en Castelló, de la fosa común de los fusilados por el franquismo, en estas tierras, llevábamos ya desde 2004, más de catorce años, rescatando de la amnesia colectiva, del olvido social, a esta buena gente que murió por sus ideales, asesinada por el fascismo y la intolerancia.

Mucho trabajo de recuperación de datos, muchas horas de visitar familiares, pueblos y centros documentales, acceso a juicios sumarísimos, algunas y algunos llevamos desde la infancia intuyendo que había una generación desaparecida, escondida, silenciada. Mucho silencio en las casas obreras, también en la mía, se callaba y no se decía nada del abuelo. Ha costado mucho reencontrarles y ahora ya son nuestra memoria, SON NUESTROS MUERTOS, nadie nos arrebatará su memoria.

Con la apertura de la fosa de Castelló se hace justicia histórica, se devuelve a la sociedad colectiva, al pueblo trabajador, sus referentes, sus luchadores, hombres de todas las profesiones, de diferentes ideales y nacidos en diferentes pueblos, que compartieron la sangre y la sepultura.

Hemos documentado sobre 970 los compañeros fusilados, de los 530 cadáveres se enterraron en esta fosa común. Seguimos investigando dónde está el resto. Y también las fosas anónimas de las cunetas, de los campos de concentración de otros pueblos.

Hemos conseguido ya exhumar 11 cuerpos, en noviembre de 2018, devolviéndolos a sus familias, tras la correspondiente prueba de ADN en tres casos, el resto descansará dignamente junto a sus compañeros, sabiendo que no los hemos olvidado, que mientras permanezcan en nuestra memoria, seguirán vivos.

Las fosas de la vergüenza han pasado a ser las fosas del recuerdo, de la dignidad y la justicia.

Salut,

Joan Pinyana

CGT-Castelló

noviembre 2018

 

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