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La historia del tío Carando

 

Artículo publicado en Barricada de Papel

Carolina Garrido


Esta es la historia del tío Carando, un tipo bastante caradura de la época de cuando aun vivían los padres de mis padres. Me he acordado de ella cuando empecé a leer la noticia de la firma del preacuerdo, en la que los sindicatos CCOO y UGT, al margen de los trabajadores y de CGT han suscrito tras dos años de larga lucha y huelgas del sector de telemarketing.

El tío Carando que caminaba por el monte, devanándose los sesos… de cómo ganar dinero fácilmente, se tropezó con una enorme y resquebrajada mierda. La observó con detenimiento y empezó a pensar en la manera que podría sacarle rentabilidad a tal hallazgo. Iba a celebrarse la feria del pueblo así que pensó que podría montar un puesto y dedicarse a la venta. Tenía que pensar muy bien como vender la mierda porque no era un artículo fácil de vender, así que ideó un plan. La convertiría en polvo y lo envolvería en unos papeles de colores con sus filos dorados y los vendería como los papelitos de la adivinanza.

El tío Carando sonrío pensando en la suma de dinero que le haría ganar la venta. Agarró la mierda y la guardó en su zurrón como el que guarda el mayor de los tesoros.

Al día siguiente, en la plaza del pueblo estaban todos los vendedores, entre ellos los que vendían fruta, los vendedores de verduras, los que vendían cachivaches, también los que vendían ganado y como había pensado, también estaba el tío Carando.

Entre la multitud se podía oír el reclamo:

─Papelitos...papelitos de la adivinanza. Papelitos...papelitos de la adivinanza.

Un grupo de jóvenes se acercó al puesto y curiosos le preguntaron.

─Tío Carando, eso que vendes ¿Qué es?

─Los papeles de la adivinanza. Con ellos puedes predecir el futuro ─respondió, restregándose las manos.

Los jóvenes deseosos, preguntaron el precio. Aún pareciéndoles un poco caro, decidieron comprarlos, no sin antes consultar cómo funcionaba.

El tío Carando les explicó que debían echar el polvo sobre la palma de sus manos, añadir un poco de saliva y remover con el dedo.

Todos impacientes extendieron el polvo sobre las palmas de sus manos y tras echar una buena cantidad de saliva empezaron a alejar la mano de su cara, gritando enfurecidos.

-Tío Carando, esto huele a mierda y éste le contestó con una sonrisa

-Ya vas adivinando, ya vas adivinando.

Como iba diciendo al principio del relato, volviendo al preacuerdo, por muy bien que se venda la mierda, no deja de ser mierda. Y esa es la realidad del preacuerdo de telemarketing, donde los sindicatos CCOO y UGT abusan del desconocimiento de las plantillas y venden como logros la pérdida de poder adquisitivo y derechos que ya antes legalmente correspondían a los trabajadores del sector, cuyo incumplimiento precisamente se debe a su inacción de realizar verdadera labor sindical.

Carolina Garrido

 

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