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Esa NO ES la hoja de servicios de Billy el Niño

 

Artículo de opinión de Rafael Cid

Rafael Cid


Tras la votación de PSOE y Unidas Podemos en la Junta de Portavoces haciendo piña con el <<trifachito>> para denegar la publicación de la Hoja de Servicios del ex esbirro torturador Antonio González Pacheco, se han sucedido reacciones que, en algunos casos, son tan esperpénticas como la propia decisión de censurar el currículum policial de Billy el Niño. En lugar destacado, y a mucha distancia en cuanto a indecencia sobrevenida, figura la del propio vicepresidente segundo del Gobierno y secretario general de UP, Pablo Iglesias, con su descargo de conciencia por el <<lapsus>> perpetrado. Aparearse a ese macizo de la raza del PP, Ciudadanos y Vox en un caso que no tiene excusa ni justificación. Ni siquiera en cumplimiento de la obediencia debida a que Iglesias se obligó en solemne declaración con su socio para <<asaltar los cielos con perseverancia>>.

El otro capítulo de la parte contratante tiene que ver con la eficacia del documento de marras, explicitado por medios próximos a los nuevos inquilinos de la Moncloa como la Hoja de Servicios del hampón. Y su exhibición urbi et orbi es un contrasentido. Porque si un reputado digital ha tenido acceso a la codiciada presa, todavía es más lamentable que los edecanes parlamentarios del Ejecutivo <<rotundamente progresista>> decidan su ocultación al unísono con <<las tres derechas>>. Salvo que haya que entender que existe un formato de <<trifachito>> útil para jalear a la opinión pública con ayuda de la opinión publicada y otro que impone el armisticio cuando se trata de asuntos de mayor cuantía. En sistemas herederos de dictaduras sangrientas amnistiadas por el consenso de las cúpulas de los partidos en transición, hay razones de Estado, secretos de Estado y cloacas de Estado. Lo que escasea es una sociedad civil capaz de erigirse en eficaz control de lo que el poder llama democracia y se identifica amparando el negacionismo que cuestiona su legitimidad.

Al grano. Lo divulgado no es la hoja de servicios de Billy el Niño porque esta amputada. Recoge solo el periodo comprendido entre el 1 de septiembre de 1969 y el 14 de febrero de 1977. O sea hasta la víspera de aprobarse Ley de Reforma Política que dio paso de la dictadura la democracia de ley a ley. Y por supuesto tras las dos amnistías que sellaron la impunidad de los actos de represión cometidos por los servidores de aquel régimen de ignominia. L ley de punto final con derecho al olvido alcanzó no solo a policías, sino también a jueces, fiscales, militares y demás cargos de aquella administración corrupta y criminal en origen. Por tanto, el conocimiento de la referida Hoja de Servicios no tiene más consecuencia que la de fijar el foco fuera de campo.

Lo importante desde el punto de vista de la imprescindible regeneración democrática es saber la parte que falta. La referida a los años posteriores, durante los cuales, con bastante probabilidad, los diferentes gobiernos habidos, tanto de la derecha como de la sedicente izquierda, continuaron reconocimiento los servicios prestados de aquel sanguinario funcionario. En el último escalafón del Cuerpo Superior de Policía que conservó, cerrado a 30 de junio de 1982, González Pacheco figura en activo y con destino en la Dirección General (número general de orden 2108). ¿Cuántas menciones recibió por su trabajo en los años que siguieron? ¿Quiénes fueron sus padrinos y valedores? Ese es el eslabón perdido. No sería la primera vez que alguien con esa funesta trayectoria obtuviera los parabienes de los poderes democráticos. En su magnífico libro, El cura y los mandarines, Gregorio Morán refiere que policías implicados en el asesinato del universitario Enrique Ruano fueron condecorados años después por el primer ministro socialista de Interior, José Barrionuevo, antes de que en 1996 se reabriera el sumario y resultaran encausados. Y, en otro orden de cosas, hay que recordar que el polémico ex comisario Villarejo fue fichado por Alfredo Pérez Rubalcaba para defender al Estado y a sus amiguetes desde las alcantarillas. Billy el Niño, como algunos otros de su generación que han escalado posiciones de relieve en el cuerpo, desarrolló una intensa actividad en lo que se conoció como <<guerra sucia contra ETA>>, en concreto en el entorno del GAL, que llevó el ojo por ojo y diente por diente a territorio francés con las trágicas consecuencias ya sabidas. Vulgo terrorismo de Estado.

Termino con una <<batallita>>. A principios del pasado noviembre recibí una llamada de Ainhoa Prieto de la televisión pública vasca para participar en un programa del prestigiado espacio 360 Grados dedicado a la figura de Billy el Niño. De entrada rechacé la invitación, tengo una experimentada desconfianza acerca de la independencia de las cadenas comerciales y gubernamentales. Pero ante su insistencia, aducían que se les había caído un entrevistado, terminé aceptando como mínimo homenaje a algunos amigos vascos y en especial a mi estimado colega Pepe Rey. Con esas, recibí en mi domicilio al equipo de la ETB y a lo largo de una mañana grabaron mi testimonio sobre el personaje. Forzando el guion, que versaba sobre todo acerca del Billy el Niño torturador durante el franquismo y su relación con el atentado al Bar Hendayais en 1980, abundé sobre el lado menos sabido de un González Pacheco como estrecho colaborador policial en la democracia. En concreto documenté su presencia junto a los hermanos Perret, antiguos miembros de la mafia marsellesa y jefes de los mercenarios del GAL, en un piso franco de la localidad alicantina de Benicasim, y su contacto con Joaquín Gambín, condenado por el Caso Scala de Barcelona, entre otros episodios igualmente escabrosos. Al parecer con el beneplácito de los responsables de 360 Grados, quienes me comunicaron por correo electrónico que <<había estado muy bien>>. Así, hasta la semana previa a la emisión, momento en que una representante de la productora me hizo saber que no iban a emitir la entrevista por <<falta de espacio>>. En el País Vasco gobierna una coalición del PNV y el PSOE (PSE-EE) con el apoyo parlamentario de Unidas Podemos.

¡Equilecuá!

Rafael Cid

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