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Entrevista a Martha Ackelsberg: “El problema de los roles continua existiendo"

 

Ha estudiado el grupo Mujeres Libres y de su papel dentro del movimiento libertario.

"Aunque el movimiento libertario está comprometido con la lucha por la igualdad de género, somos el producto de una sociedad patriarcal y estos valores están muy interiorizados".

"A diferencia de la revolución soviética, aquí, la revolución creció desde abajo, fruto de 70 años de preparación mediante sindicatos, ateneos libertarios, la escuela racionalista ..."

 

Carles Masià


Martha Ackelsberg (Nueva York, 1946) es profesora de ciencias políticas en el Smith College de Northampton (Massachusetts). Su interés por las relaciones de género cristalizó en un libro que recoge el testimonio del grupo de mujeres Mujeres Libres, que durante la Guerra Civil se organizó para defender sus derechos y jugar un papel activo dentro del movimiento libertario. En junio de este año visitó Barcelona para participar en una serie de actos de homenaje a un colectivo pionero en cuanto a la amplitud y radicalidad de sus propuestas. 

 ¿Cuáles son las aportaciones más destacables del colectivo Mujeres Libres que ha incorporado la lucha feminista hoy, tanto en el aspecto teórico como en el práctico?

La aportación más importante fue contextualizar las desigualdades entre hombres y mujeres dentro del movimiento anarcosindicalista de la época, que luchaba contra las jerarquías en general: de género, de clase, la religión... Muchos movimientos feministas de aquel momento -y también los actuales- no planteaban cuál era la situación de la mujer dentro del sistema interrelacionado de jerarquías, pero Mujeres Libres lo tenía muy claro, tanto en el ámbito teórico como en el práctico. 

 Entonces, podemos decir que aquel colectivo mujeres se adelantó a su tiempo?

Sí, porque en aquella época de revolución social los movimientos feministas consideraron que la participación de la mujer en el mundo del trabajo era una necesidad provocada por la guerra, pero que esto no debía ser siempre así. En cambio, para Mujeres Libres, era imprescindible que la mujer participara plenamente en todos los ámbitos de la sociedad. En este contexto, la preparación de la mujer para el mundo del trabajo era una parte muy importante de su tarea. De hecho, la educación era el centro de las actividades del colectivo, creían que la ignorancia incapacitaba del individuo. Por ello, lo primero que había que hacer era combatir el analfabetismo para que las personas pudieran comprender qué pasa en el mundo. Esto todavía se ve muy claro hoy día, como mínimo en EEUU, donde hay tasas de analfabetismo funcional muy altas y mucha gente se desentiende de los últimos acontecimientos políticos y sociales. 

 ¿Qué papel jugaron las publicaciones y los grupos de apoyo mutuo y estudio en ese momento de efervescencia cultural?

La revista Mujeres Libres se difundió por todo el país que quedó bajo control republicano. También hicieron programas de radio, excursiones al campo, participaron en conferencias y congresos y escribieron artículos para la prensa anarquista para difundir sus ideas entre las mujeres, pero también entre los hombres. La sociedad no se podía cambiar únicamente mediante las mujeres, era necesaria la participación de todos. Los hombres tenían que entender que este tipo de cambio era necesario y eso, ellas, también lo tenían muy claro. 

 Una figura mítica como Durruti, pero también muchos otros dirigentes anarquistas, defendían que las mujeres no tenían que ir a luchar al frente. Cómo vivían este debate las mujeres el colectivo Mujeres Libres que pudiste conocer y entrevistar personalmente?

Algunas eran muy fuertes, querían participar e ir al frente, aunque la mayoría no lo hicieron y se quedaron en Barcelona o Madrid. Durante los primeros días de la revolución, estas mujeres estuvieron luchando en las barricadas y también proveyeron los combatientes. Las pocas que fueron al frente se encontraron con situaciones difíciles, ya que muchos soldados las tomaban por prostitutas. Mujeres Libres quería ayudar a los milicianos y las milicianas y la mayoría llevaron a cabo su labor en la retaguardia: se trataba de mantener las fábricas, los hospitales, las escuelas -en definitiva, la vida de la gente durante la guerra- y, al mismo tiempo, promover la revolución social. 

 Otro tema de debate importante de la revolución de 1936 es que no hacía falta luchar por los derechos de las mujeres, ya que, si triunfaba la revolución, surgiría una nueva sociedad y ya no habría que preocuparse por la discriminación de género. Qué pensaban esas mujeres?

Estaban totalmente en desacuerdo por varias razones. Para empezar, hay un concepto surgido de la teoría de la acción directa -que formaba una parte muy importante del movimiento anarcosindicalista- que dice que una revolución debe crecer desde abajo y mediante las actividades de las mismas personas. Hay que tener en cuenta que, en aquellos años, las mujeres estaban bastante sometidas y, para poder capacitarlas, era necesario movilizarse las desde el primer momento. Si no, el día después de la revolución, nadie estaría preparado. La nueva sociedad no era un regalo que caería del cielo, sino que había que ir alimentando y cuidando. 

 Y tú, personalmente, ¿qué opinas?

Las revoluciones y los movimientos sociales tienden a decir que al día siguiente de la revolución todo estará solucionado, pero eso no es así. La revolución se ha de vivir para poder crear las condiciones de una nueva sociedad. Hay que luchar, pero, al mismo tiempo, también hay que ir cambiando la manera de vivir. Si no, la gente no entiende por qué lucha. 

 ¿Hasta qué punto las organizaciones libertarias actuales siguen reproduciendo, en la práctica, los patrones de dominación patriarcal clásicos?

No estoy muy al día de estos temas, pero, por lo que he sentido los últimos días, el problema de los roles continúa existiendo. Los hombres siguen dominando los sindicatos, las mujeres no tienen muchos puestos de responsabilidad y, a veces, no se las toma en serio. Este fue el problema que tuvo Mujeres Libres y muchos de los movimientos feministas que han venido más tarde. Aunque el movimiento libertario de aquella época y la actual está comprometido con la lucha por la igualdad de género, todos somos el producto de una sociedad patriarcal y estos valores están muy interiorizados. Tenemos que estar muy atentas para sacarlos hacia fuera. 

 La Guerra Civil es un periodo histórico que a menudo ha fascinado la historiografía y la literatura del mundo anglosajón. ¿Por qué?

La Guerra Civil no fue sólo una guerra, había una revolución social... y no hubo muchas experiencias revolucionarias de este tipo protagonizadas por el pueblo. A diferencia de la revolución soviética, aquí, la revolución creció desde abajo, fruto de 70 años de preparación mediante sindicatos, ateneos libertarios, la escuela racionalista ... La gente de aquí estaba preparada para hacer una revolución, que al final se produjo: se colectivizar las fábricas y las tierras agrícolas y, incluso, muchos ayuntamientos.

Entonces, lo que se consiguió-aunque sólo fuera durante unos meses-fue mucho más allá de lo que había hecho en otros lugares. Una de las mujeres de Mujeres Libres que entrevisté me dijo que estos años que vivió de revolución fueron los más importantes de su vida. Y cuando hablo con estas personas, su experiencia increíble me entra en el corazón. Sientes una parte muy pequeña de lo que ellas pudieron experimentar, era una especie de sueño. Pasó lo mismo con los brigadistas internacionales: quizás no vivieron toda la revolución, pero seguro que experimentaron algo fuera de lo normal, ya que no estamos hablando de un ejército regular como los demás. 

 Y a ti, qué te impulsó a investigar este momento de la historia y, concretamente, la experiencia del colectivo Mujeres Libres?

Estaba interesada en la literatura y la historia de España, supongo que porque, en la escuela primaria, comencé a estudiar castellano. En la universidad, me cautivó la historia del anarquismo agrario andaluz, quizá porque soy una revolucionaria de corazón y este tipo de experiencias hacen crecer las posibilidades que la gente lleve a cabo una acción común. Más tarde, descubrí la teoría anarquista y pude juntar con la dimensión práctica. 

Inicialmente, me interesé mucho por las colectivizaciones y como la revolución social cambió las relaciones entre las personas y, específicamente, las relaciones entre mujeres y hombres. Al final de la década de 1970, vine aquí para entrevistarme con hombres que habían participado de las colectivizaciones, pero nadie quería hablar de estas relaciones ni de las actividades de las mujeres, era como si no hubieran existido. Primero me desanimé un poco, pero, después, conocí algunas personas que me pusieron en contacto con mujeres del colectivo Mujeres Libres, que después entrevisté para el libro. 

* Entrevista realizada por Carlos Masià aprovechando la presencia de Martha Acklsberg en Barcelona en un ciclo de charlas organizadas por CGT y Mujeres Libertarias, publicada en el núm. 281 del semanario Directa

Mujeres libres a contracorriente

Soledad Estorach, Conchita Liaño, Teresa Claramunt, Amparo Poch, Mercedes Comaposada... Son los nombres de algunas de las mujeres que formaron parte de Mujeres Libres, que a partir de 1936 se organizó para promover la emancipación de la mujer y prepararla para los nuevos horizontes que abría la revolución social, de la que participaban activamente. 

Editaron una revista con el mismo nombre y llevaron a cabo actividades muy importantes de formación, como las que desarrollaban el Casal de la Mujer Trabajadora en Barcelona. También se encargaban de organizar una especie de guarderías volantes para cuidar de los niños de las afiliadas, que, de esta manera, tenían tiempo para estudiar y participar políticamente. Por todo ello, tuvieron una función muy importante a la hora de construir un movimiento de mujeres de raíz libertaria y obrera: no se definían como feministas, ya que en aquellos momentos el concepto se asociaba a la lucha de los sectores más acomodadas de la sociedad para obtener algunos reconocimientos, como el derecho de voto o ascender profesionalmente. 

Sus actividades, sin embargo, no siempre fueron bien vistas por los compañeros libertarios -ni tampoco por parte de muchas compañeras-, que no veían la necesidad de crear una organización separada porque creían que podía restar fuerza al movimiento anarquista y desviar la atención. Muchas de estas mujeres estaban afiliadas a la CNT o a las juventudes libertarias, pero Mujeres Libres -que llegó a contar con 20.000 adheridas- no fue aceptado como grupo integrante formal del Consejo General del Movimiento Libertario con el resto de organizaciones, aunque, finalmente, en uno de los congresos, tuvo turno de palabra porque le cedió uno de los afiliados a la CNT.

Todo ello aparece documentado en Mujeres Libres. El anarquismo y la lucha por la emancipación de las mujeres (Virus, 1999), un libro que Ackelsberg publicó en inglés a principios de los 90. Ackelsberg recordó el legado del colectivo en unas jornadas de homenaje organizadas en Barcelona el 28 y 29 de junio por la CGT, en la que también se pudo ver el documental Indomables. Una historia de mujeres libres (Zerikusia, 2011).

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