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El Doctor No y la construcción del “trifachito”

 

Artículo de opinión de Rafael Cid

Rafael Cid


“Volé tan alto, tan alto, que le di a la caza alcance”

(San Juan de la Cruz)

A poco más que siga entrenando con parecida pericia, Albert Rivera puede pasar a encarnar el prototipo del aquel conjuro enunciado por Jorge Luis Borges “hay que tener cuidado al elegir a los enemigos porque uno termina pareciéndose a ellos”. Tal es su obsesión por arrebatar a Pedro Sánchez la primogenitura del “no, es no”, enarbolado por el líder socialista para vetar a Mariano Rajoy en 2016, que puede acabar con un cisma dentro de Ciudadanos similar al que destronó por un tiempo a su ahora codiciado adversario. También en el partido naranja se está activando una quinta columna en favor de la abstención que facilite la investidura del secretario general del PSOE frente al mantra del Doctor No. La política de los partidos oculta razones que la lógica ignora.

Aunque desde los dos holocaustos (el nazi y el yanqui de Hiroshima y Nagasaki) sabemos que con la razón no basta, como postula el posmodernismo, reflexionar sigue siendo una de las herramientas más poderosas para refutar el pensamiento mágico, tan abundante en esos pagos. El sentido común y el ejercicio de la responsabilidad, nos permite desplegar estrategias para soportar, y en su caso refutar, las añagazas y trampas que propaga la estirpe hegemónica (política, económica, cultural o religiosa) para domeñar la verdad o sus representaciones. Ya los sociólogos Peter L. Berger y Thomas Luckmann intuyeron una “construcción social de la realidad” externa a la voluntad del sujeto, inducida como cuerpo de conocimiento a través de la información accesible. Lógicamente, en parte solo una oportuna de-construcción de la realidad así conformada puede permitirnos mantener viva y vigilante cierta capacidad de pensar históricamente como adultos. La actualidad rampante no deja de vomitarnos ejemplos de ese adoctrinamiento que avasalla el principio de no-contradicción. Por higiene mental, veamos algunos casos.

Durante el precedente y copioso periodo electoral, la foto de Colón con Casado, Rivera y Abascal ofreció una oportunidad de oro a la izquierda institucional para identificar el monstruo que venía a vernos con la estigmatizante etiqueta de “trifachito”. Tres derechas unidas bajo un mismo código fuente “facha”. Lo que con los rangos culturales que gasta el progresismo significaba todo un hallazgo. Y dicho y hecho, “trifachito” por aquí, “trifachito” por allá. Un talismán troglodita parecido en eficacia hipodérmica a aquel “puedo prometer y prometo” de Adolfo Suarez o el “mientes Marcelino y tú lo sabes” de Nicolás Redondo a Camacho. Trajinado al limón por el PSOE y Unidas Podemos, y jaleado por los medios afines y sus oráculos de cabecera, el esperpento no defraudó y colaboró al descalabro del tricornio ultra, según el guion, y con ello enfrentó a la mitad del cuerpo lectoral que les votó.

Lo que ocurre es que el engendro resultó tener las patas cortas en cuento se topó con la tozuda realidad de los hechos y el zurrón de los intereses propios. Y al primer envite de poder la cosa se torció. La cacareada unidad de destino en lo universal persistió solo en la imaginación de sus patrocinadores. Contra todo pronóstico, el monolítico “trifachito” se deshizo por los cuatro costados. Ni menage a trois ni matrimonio de conveniencia, cada oveja con su pareja. Así, Manuel Valls, el verso suelto de Ciudadanos en la alcaldía de Barcelona se saltaba al mando y ponía sus votos en la cesta de los comunes de Ada Colau; Vox impedía en una primera lectura (luego ya veremos quién da más) que PP y C´s se hicieran con el poder en las comunidades de Murcia y Madrid; y la dirección de los naranjitos expulsaba del partido a los concejales de Santa Cruz de Tenerife que habían osado unirse a los socialistas para designar alcalde (ahondando la crisis interna que había abierto el ex primer ministro francés en la capital catalana).

Si esto es un “trifachito” macizo de la raza, lo de Sánchez, Iglesias y otras izquierdas emergentes sería un soviet mal avenido. Porque el presidente del Gobierno en funciones juega al “ni contigo ni sin ti” con el líder de UP; Iglesias boicoteó hasta en el carnet de identidad a Manuela Carmena el 26-M arruinando una posible mayoría absoluta de Ahora Madrid; y el tránsfuga Íñigo Errejón, ni corto ni perezoso, llegó a pedir a Ciudadanos que le facilitara un “tamayazo” cediendo los 3 votos que necesitan Más Madrid y el PSOE para encumbrar la investidura en Gabilondo. Ya Giordano Bruno, en La cena de las cenizas, avisaba de la suprema ley de la “vicisitud”.

Y de las investiduras a las imposturas. Josep Borrell, ministro de guardia en Exteriores, se presentó como cabeza de lista por el PSOE a las elecciones europeas el 26-M. Un atractivo reclamo para los votantes dado su espléndido currículum europeísta (presidió en europarlamento) que obtuvo la compensación debida. Sin embargo, pocos días después renunciaba al acta tan primorosamente lograda. Motivos, ninguno con sustancia. Al decir de los mentideros, Pedro Sánchez le utilizó como gancho para la convocatoria, deseoso de que con él al frente el grupo socialista tuvieran una holgada representación en la cámara. Un desplante a la ciudadanía que salió gratis a cesante y cesatario (¡ande yo caliente…!) cuando el sanedrín de jefes de Gobierno y de Estado que trapichean los cargos de la Comisión Europea (el Ejecutivo de la UE) eligió al flamante escapista como nuevo responsable de la diplomacia de la Unión Europea. La voluntad de los electores está muy devaluada.

En parecida escuela se inscribe lo ocurrido con otro emérito colega de Borrell, el ex secretario general del PSOE y dos veces comisario europeo (ambas en pleno periodo del austericidio) Joaquín Almunia. Quien fuera de facto jefe de los “hombres de negro” ha comparecido en uno de esos saraos que se organizan en verano para dar chicha a los medios en su estación de sequía noticiosa enarbolando un mea culpa que suena a otro corte de mangas al respetable. Afirma Almunia que se equivocaron al permitir que siguiera funcionando el Banco Popular, cuyos balances dieron por buenos sin demasiado criterio. “En el rescate financiero del 2012 se nos escapó el Popular”, ha dicho con la alevosía del farsante sobrevenido. Otra ver, y a toro pasado, el “equivocarse es de humanos” que ya entonara el entonces gobernador del Banco de España, Miguel Ángel Fernández Ordoñez de opaco recuerdo, en la comisión de investigación del Congreso sobre la crisis. Llama la atención que hayan sido precisamente dos socialistas de pro, Almunia y MAFO, quienes se confesaran incapaces de prevenir el colapso financiero que se avecinaba y, sin embargo y por el mismo precio, supieran que había que liquidar las cajas de ahorros. Un colectivo que representaba el 45% del sector, en competencia con la banca, y que tenía como principal objetivo la ayuda crediticia al desarrollo regional y la realización de proyectos sociales con los beneficios acumulados al no tener que repartir dividendos. Cosas de la mano invisible.

En ese maremágnum, algunas noticias suenan a derecho de consolación que sirven para compensar el maniqueísmo de saldo con que a menudo comulgamos. Aunque una golondrina no hace verano, estos días ha sorprendido un Mario Vargas Llosa solicitando el Nobel de la Paz para Carola Rackete (“La UE financia a criminales en Libia sabiendo que lo son”), la capitana del barco de salvamento Sea Watch 3 retenida en Italia por orden del vicepresidente Salvini, y que el ex diplomático franquista Ángel Sanz Briz ha sido reconocido como “Justo entre las Naciones” por haber salvado a 5.200 judíos de la persecución nazi en 1944 durante su etapa de embajador de la dictadura en Budapest (en la famosa y cinematográfica “Lista de Schindler” solo figuraban 1.200 nombres).

Mientras, aquí y ahora, siguen los “viernes sociales”. En su última edición han aprobado la compra de una remesa de blindados por 2.100 millones de euros y el ascenso de una mujer a general de brigada por primera vez en la historia del Ejército. Infortunios de la paridad a cañonazos. No hay dinero para las pensiones, pero si para cebar la industria de la muerte, para nuevas elecciones (de producirse serían las quintas en un año) y para que muchas corporaciones recién constituidas se suban el sueldo a manos llenas. “Volé tan alto, tan alto…”

Rafael Cid

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