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El BNG vuelve

 

Artículo de opinión de Rafael Cid

Rafael Cid


El gran triunfador en las urnas gallegas del 12-J ha sido sin duda de mérito el BNG. Núñez Feijóo, por su parte, se ha coronado en los anales de Manuel Fraga, el homo sapiens de Villaba. Alzarse con la cuarta mayoría absoluta encadenada, como ha logrado el presidente de la Xunta, no es timbre de excelencia en una sociedad donde el clientelismo político y el neocaciquismo condicionan mentes y haciendas. Pero tampoco es para menospreciarlo a la ligera. Porque en buena medida se trata de un éxito personal del candidato. Feijóo publicitó toda su campaña ocultando su denominación de origen pepera, esa es su virtud y también su debilidad. Se acabó el eterno dicho <<Galiza vota PP>>. En la Andalucía socialista, de parecidas constantes vitales, el rodillo ideológico se perpetró siempre fue a mayor gloria del partido con todas siglas, sin rutilantes fulanismos.

La reválida de Feijoo poco tiene que ver con un presunto perfil carismático, gracia de la que carece. Es cosa del modelo marianista adoptado, de político moderado en las formas, poco dotado para el estruendo mitinero y la confrontación, estilo que Rajoy elevó casi a la categoría de arte. La cara B de Fraga, padre putativo del tándem, capaz al mismo tiempo de encabezar una carta pública solicitando la libertad del jerarca nazi Rudolf Hess (junto a sedicentes liberales como Joaquín Garrigues, Manuel Jiménez de Parga o José María Pi Suñer),y apadriñar la visita a Galiza de Fidel Castro. Gesto que debió conmover tanto al dirigente cubano que a la muerte de Franco su Cuba revolucionaria fue el único país del mundo <comunista>> que decretó tres días de luto oficial.

La buena marca de Feijóo tiene también lectura en clave nacional. Aunque suele argumentarse que lo que se vota a nivel autonómico no retrata la opción elegida en el ámbito estatal, en esta ocasión haberla hayla. Pandemia por medio, muchos electores parecen haber ponderado bien la gestión hecha desde el palacio de Rajoy (se mire por donde se mire aparece el heteronómico). Sobre todo en la comparativa con lo ocurrido en otras comunidades y en el total de España. Los recortes en sanidad, que tanto abundaron en Galiza en las últimas legislaturas, no fueron determinantes para el naufragio de su red hospitalaria y residencial en los momentos más críticos. A pesar de que la ley 15/ 97 que abrió la puerta a la privatización de la sanidad pública en España, según el esquema del <<Informe Abril>> encargado por Felipe González, naciera gracias a los votos de PP, PSOE, y la rotunda oposición del BNG (postura recompensada a posterior).

Ambos dos, PP y BNG, distintos y distantes, son los verdaderos herederos de estos comicios. El primero con los recursos que brinda el mando único del poder para surfear sobre su responsabilidad en el desmantelamiento de la sanidad autonómica. El segundo, en el extremo opuesto, al superar la travesía del desierto a que se vio obligado tras la irrupción de unas mareas que planificaban su estrategia por encima de sus capacidades. Y los claros perdedores son el PSdeG del otro Caballero, rebañando uno de sus peores resultados a pesar de haber estado al frente del gobierno de la Comunidad en dos legislaturas, y la disparatada tropa de Galicia en Común / Podemos (así se anunciaba, ¡en castellano!), despeñada de la noche a la mañana a la condición de fuerza extraparlamentara.

Posiblemente porque en ambos casos primó la arrogancia de un relato que nada casaba con lo que se veía en las ciudades y concejos. La arrogancia del PSdeG, paseando en sus mítines al ministro al tempo que los rebrotes cundían por doquier, y la estúpida ceguera de Pablo Iglesias, convirtiendo los suyos en actos de autobombo y victimismo (los <<cañones mediáticos>>). Y entre uno y otro, la infantil ocurrencia de la dirección progresista (Soledad Gallego-Joaquín Estefanía) de El País de dedicar la portada de su dominical a un Fernando Simón posando a lo James Dean. ¡Salimos más fuertes¡ El bochorno fue tal, que una semana después que siete días después el periódico entonó con una entrevista al ex ministro de Zapatero rotundamente negacionista (Fernando Sebastián: <<Simón debería pedir perdón>>).

Por lo demás, mal trago para el histórico Xosé Manuel Beiras, promotor de esa intifada denominada en la distancia de los años Galicia en Común, un intento de asaltar los cielos rompiendo las costuras de la sociología profunda del país y de su paisanaje. Ya lo advirtió Marx:<<la tradición de las generaciones muertas oprime como una pesadilla el cerebro de los vivos>>. La cita del sabio también podría servir para explicar el fracaso sin paliativos de Vox y Ciudadanos.

Rafael Cid

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