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Condenan a un rapero, absuelven a asesinos

 

Artículo de opinión de Rafael Fenoy Rico

Rafael Fenoy Rico


De Pablo Hasel se dice que es rapero ¿Que és un rapero o una rapera? La real academia española de la lengua (RAE) lo define como la persona “2. adj. Que canta o baila música rap. Intérprete rapero”. Indagamos algo más ¿Qué es el rap? La RAE lo define como: “1. m. Estilo musical de origen afroamericano en que, con un ritmo sincopado, la letra, de carácter provocador, es más recitada que cantada.” Y evidentemente Pablo Hasel, en sus creaciones raperas hace honor al calificativo provocador. Toda provocación conscientemente formulada pretende eso mismo: provocar. Y es en esto la RAE viene a ofrecer dos significados: “1. f. Acción y efecto de provocar. O 2. f. Der. Delito consistente en incitar públicamente a alguien para que cometa una acción delictiva.”

A esta criatura, la audiencia nacional le ha endosado una sentencia de dos años y un día, eso del día no es una anécdota y una multa de 24.300 euros, que vaya Vd a saber con qué la pagaría. Y ello “por enaltecimiento del terrorismo con el agravante de reincidencia, e injurias y calumnias a la Corona por 64 tuits y una canción en Youtube en la que llamaba “canalla”, “borracho” o “tirano” al rey emérito, y llegaba a desear la guillotina para la Infanta Cristina.”

Pero ocurre que la sentencia no es unánime, ya que se ha producido un voto particular, precisamente de la magistrada Manuela Fernández de Prado, quien considera que Pablo Hásel “debió ser absuelto al entender que su actuación encaja en la libertad de expresión” Aunque sea en minoría al menos alivia saber que hay aún inteligencia y sentido común en la judicatura, ya que la misma sentencia adolece del delito que pretende corregir por provocadora.

Y en esto de los formalismos la justicia española es más que única, porque puede un siniestro personaje robarte hasta el “alma” quedando impune, mientras quien te desee que te parta un rayo puede ser carne de presidio. Al fin y al cabo, hay tantos actos malvados, que no palabras, impunes que el espectáculo de condenar las palabras, por muy chocantes que sean, se antoja una barbaridad, si no fuera porque a fuerza de condenar las palabras y quien las dice, se evita perseguir los verdaderos y dramáticos delitos que acaban prematuramente con vidas inocentes por falta de cuidados.

Cada euro de dinero público que se han llevado estos políticos criminales podría haber salvado vidas. ¡Si!, porque esos euros permitirían que estuviera el médico necesario, el medicamento preciso, el quirófano operativo… Son más que ladrones, más que defraudadores, son ASESINOS y como tales deberían ser juzgados y condenados

Rafael Fenoy Rico

 

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