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Purificación Eisman: «Mirada a otro lado»

 

Seguimos viendo en los medios de comunicación las muertes que se producen casi a diario de mujeres y empezamos a ver este fenómeno como rutina, sobre todo cuando observamos en los telediarios que, al informar de la noticia, a continuación terminan diciendo que esta muerte es el númeroÉ en lo que llevamos de año.

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Desde que empezó a contabilizarse estas muertes, año tras año, se ha ido incrementando la cifra progresivamente. Por tanto, a los ojos de cualquiera es evidente que esto no funciona y el problema exige la urgencia de cuestionar qué es lo que se está haciendo mal.

Hace unos días, en un informativo, con naturalidad por parte de la presentadora, se dio la espeluznante noticia de que una niña de cinco años había presenciado cómo su padre agredía hasta la muerte a su madre y había permanecido toda la noche con la fallecida, en su casa. Y al día siguiente, cuando fue al colegio, dijo que su madre no se movía.

Al día siguiente, otra noticia decía que una mujer se había suicidado tirándose de un sexto piso, cuando se encontraba en su domicilio con su maltratador, que por cierto tenía una orden de alejamiento. Dos días después, una juez determinó que, efectivamente, se trataba de un suicidio porque no se había encontrado en el domicilio signos de violencia y el maltratador quedaba ajeno de tal sospecha. Y la pregunta se hace obvia ¿por qué se ha suicidado esa mujer? ¿No será la desesperación porque no tenía salida?

Esta noticia plantea una nueva dimensión a tener en cuenta, pues son datos no contabilizados como muertes de género machista. Sabemos que los medios no difunden los suicidios para evitar el efecto contagio y entonces la pregunta sería ¿cuántas mujeres han fallecido por suicidio en los últimos años? Si tuviéramos esos datos y se investigara, seguramente la cifra de muertes por violencia machista ascendería todavía más.

Nos encontramos ante un fenómeno muy serio de origen ancestral, digno de estudiar y no parar hasta encontrar la fórmula que erradique esta barbarie.

La Ley integral contra la violencia de género que se aprobó hace unos años, supuso un paso al crear un protocolo que unificaba toda la problemática en un seguimiento, pero si profundizamos un poco, vemos que carece de lo fundamental: medios económicos que permita desarrollar en su integridad todo el proceso e integre a la mujer afectada en una vida normal. Y lo más importante, carece de la visión fundamental para encarar el asunto con eficacia: el maltratador es el origen del problema y, por tanto, los medios de actuación deben ir dirigidos en especial a la educación en todos los centros y al maltratador en particular. Por ejemplo, la vigilancia policial se la debe realizar a él, cuando exista una orden de alejamiento. Las pulseras, que en algunas comunidades se aplican, deben estar dispuestas en todos los casos y visibles, para que la sociedad conozca a los hombres que maltratan a las mujeres. Ya está bien de proteger al malhechor. En las noticias, a menudo, aparece la imagen de la víctima, pero rara vez se conoce al maltratador. Es incomprensible esta especie de protección por parte de los medios. Toda esta respuesta es la que está influyendo en estos hombres a la hora de tomar tan drástica decisión, porque están viendo a diario que pueden saciar su rabia matando y no ven una respuesta negativa en tal decisión. Es como si todos asumiéramos este drama con total naturalidad, mirando hacia otro lado como si este problema no fuera nuestro. Nos encontramos con una lacra ancestral que, en los países que llamamos desarrollados, arrastramos como un fardo.

En la CGT, estamos comprometidos con la igualdad en todos sus ámbitos, como así lo ha venido demostrando a lo largo de su historia y exigimos a los políticos que se involucren en esta causa, que es la causa de todos y nos gustaría ver a sus dirigentes al lado de las víctimas, de la misma forma que asisten con tanto interés, para salir en la foto ante un atentado terrorista. Porque estamos hablando de muertes, muertes que dejan huérfanos y familias rotas de la misma forma que el terrorismo. Es más, si comparamos, nos encontraríamos que la cifra de mujeres asesinadas en una década, casi supera al terrorismo en este país en treinta años.

Por lo planteado, porque creemos en la igualdad como un hecho natural y porque es de justicia, nos gustaría que el 8M no sea un día más.

Purificación Eisman, CGT-Alacant

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