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Jornadas “Feminismos y retos del sindicalismo”

 

Madrid, 27 y 28 de febrero de 2020.

Macarena Amores


Desde la Secretaría de Formación de CGT, a través del Gabinete de Formación de CGT, se ha organizado, -coincidiendo con la semana de acciones y actos previos al Día Internacional de la Mujer Trabajadora-, unas jornadas didácticas sobre el papel del feminismo ante los retos actuales a los que se enfrenta el sindicalismo combativo y de clase.

Las jornadas, que se han celebrado en la Facultad de Documentación de la Universidad Complutense de Madrid (UCM) durante los días 27 y 28 de febrero, han contado con una gran participación de la militancia de CGT. En este sentido, se ha remarcado la idea de que estas jornadas han estado pensadas pensadas y dirigidas a toda la afiliación, tanto a compañeros como a compañeras, por entender que el patriarcado como sistema atraviesa en nuestra sociedad a todas las personas por igual, y por lo tanto la respuesta que hay que darle debe ser colectiva, a través del anarcofeminismo.

Estas jornadas han tenido como ponentes a personas con una importantísima trayectoria de lucha feminista, tanto a nivel personal como profesional, de muchos años, y cuyos trabajos, experiencias, análisis, conclusiones, etc. servirán sin lugar a duda a todas las personas que desean continuar trabajando en la construcción de una sociedad más justa e igualitaria.

Desde Rojo y Negro TV, la televisión de la CGT, se han grabado todos estos talleres y charlas, y ya están disponibles también en la página web de la Confederación General del Trabajo y en los perfiles en redes sociales tanto de CGT como de Rojo y Negro Tv.

 

“Anarcofeminismo para el siglo XXI” (Viki Criado)

“Las mujeres llegamos al Feminismo por experiencias vividas”

Viki es militante de CGT desde hace 25 años. Asegura que la mayoría de lo que expone en sus charlas y talleres sobre anarcofeminismo es aprendido de sus compañeras de Alicante. Sus primeras palabras, de agradecimiento y admiración, son para ellas y lo deja bien claro al inicio de su ponencia. “Somos autodidactas, es decir, todo lo hemos aprendido a través de la militancia”.

Viki realizó un viaje en el tiempo durante su charla, llevándonos hasta los mismos orígenes de las ideas anarquistas. Allá por el siglo XVIII, cuando los hombres deciden romper con los paradigmas que sostenían el poder absoluto basado en la herencia divina y abrazar “la razón”, tienen lugar una serie de acontecimientos que marcarán un punto de inflexión para quienes hoy nos enfrentamos al mundo desde las ideas libertarias. La Revolución Francesa que tanto hemos idealizado y que en 1789 logró poner fin al Antiguo Régimen y abrir la nueva etapa o Edad Moderna, no significó el fin de la opresión y la explotación para muchísimas personas. La Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano estaba pensada para el tipo de hombre, denominado por la compañera Sira del Río, “hombre BBVA” (hombre blanco, burgués, varón y adulto). Dejaba fuera de toda esa carta de derechos y reconocimientos a buena parte de la Humanidad, y sobre todo a las mujeres. Es durante esta época, la de las ideas ilustradas, cuando aparecen las ideas anarquistas y las feministas. Según Viki, “tanto el feminismo como el anarquismo fueron hijos no deseados de la Ilustración”. Por un lado las ideas anarquistas perseguían que el lema de “Libertad, Igualdad y Fraternidad” fuera el de toda la Humanidad, y no solo para los hombres “BBVA”, a través de la autorganización del ser humano, contra toda jerarquía y toda autoridad. Y por otro lado, el feminismo, que intentaba un reconocimiento de la mujer como sujeto con iguales derechos y deberes que el hombre. La cosa no debió ser muy fácil porque Viki recordó cómo trataba esta “nueva” sociedad surgida de la Revolución Francesa a las mujeres que osaban plantear la “igualdad real” con la figura de Olympe de Gouges. Olympe fue, simplemente, guillotinada por ello, y su delito nada más y nada menos que hacer la Declaración los Derechos de la Mujer y la Ciudadana.

Durante el siglo XIX, tanto el anarquismo como el feminismo tienen un importante desarrollo en sus planteamientos y se entrelazan conceptos e ideas en ambos movimientos. El anarcofeminismo mezclará la esencia de estos movimientos: luchar contra toda discriminación por razones de sexo o género con métodos o valores anarquistas, y plantear una alternativa al sistema social impuesto por el capitalismo y el patriarcado.

Viki nos puso el ejemplo del actual Movimiento Feminista, que a nivel mundial y lejos de acudir a “terceros” para que den respuestas a sus problemas, se está autorganizando a nivel global con las herramientas del anarquismo: apoyo mutuo, asamblearismo, acción directa y autogestión. Y no solo, recordó Viki, ha pasado con el Movimiento Feminista. Hemos podido ver estas prácticas o parecidas, en movimientos más recientes como el 15M. “Algunas voces por ahí nos han acusado a las y los anarquistas de “adueñarnos” de movimientos, cuando en realidad ha ocurrido lo contrario, que estos movimientos han utilizado las herramientas que los y las anarcosindicalistas llevamos toda la vida defendiendo, por eso podemos llamar a las cosas por nombre cuando oímos estas afirmaciones”, comentaba la compañera Viki en algún momento de su explicación.

Somos porque fueron, por eso es importante recordar y reconocer a quienes fueron pioneras en el anarcofeminismo: Louise Michel (La Comuna de París), Enma Goldman (perseguida durante toda su vida por difundir y practicar ideas anarquistas), Virginia Bolten (propagandista en defensa de sus compañeros y compañeras de fábrica) o Teresa Claramunt (referente del feminismo anarquista y obrerista). Y por supuesto a Mujeres Libres, la organización de mujeres que a finales de agosto de 1937 nace en València y que consigue en muy poco tiempo extenderse por todo el Estado español, llegando a tener a más de 25.000 afiliadas que pusieron en práctica el concepto de emancipación de la mujer. A nuestras antecesoras les preocupan temas que hoy, un siglo después, continúan siendo también los nuestros, como el fin de la violencia machista, el derecho a decidir sobre nuestros propios cuerpos, el fin de la explotación sexual, el fin de la brecha salarial, el reparto justo de la riqueza y el reconocimiento de los trabajos de cuidados, así como la visibilización de los logros de aquellas mujeres que nos precedieron.

Por todo ello, Viki, terminó su ponencia animándonos a reflexionar sobre conceptos tan importantes como el de “sororidad” y el de humanismo integral”, y la necesidad de tenerlos presentes en nuestro día a día. La sororidad es esencial en organizaciones como la nuestra, sobre todo para desmontar el mito patriarcal de que las mujeres somos las mayores enemigas de las mujeres. Y el concepto de “humanismo integral”, puesto encima de la mesa precisamente por Mujeres Libres, para aclarar de una vez por todas de que las ideas feministas no han consistido jamás en ir contra la otra mitad de la Humanidad, algo que es absurdo, sino de entender que el enemigo común a todas las personas de clase obrera es la explotación y la dominación. Es decir, que la revolución tiene que ser de todos y todas, no de una parte de la humanidad, recordando que a los compañeros el patriarcado también les afecta, les limita y les aprisiona.

https://www.youtube.com/watch?v=ycv5RV2GuHg&feature=youtu.be&fbclid=IwAR2BR0dXQjS2-W9WSI7pFHnzfPG5Z4HgGu2yNFQCdzt200XZhJbfOO67TeI

 

“Ecofeminismo para otra economía” (Giulia Costanzo)

“Quizás lo que no necesitamos son aliados feministas, sino traidores al patriarcado”.

Giulia tiene una amplia trayectoria como ecofeminista. En su ponencia nos demostró cómo los efectos más perjudiciales de la globalización para la Humanidad tienen mayor incidencia en las mujeres, y cómo estas consecuencias solo podrán paliarse poniendo en marcha otros sistemas, organizándonos en el ecofeminismo.

La “globalización” es un concepto que se relaciona con la economía, con las redes de flujos y transacciones entre regiones o internacionales, que tiene unas dimensiones que no solo son culturales, sino sobre todo económicas.

Cuando nos referimos a la globalización lo hacemos a una en concreto, que es la neoliberal que ataca directamente a todo aquello que se relaciona con lo local, transformándolo en lo que se ha denominado “no-lugar”. El pilar fundamental de la globalización es la división colonial del trabajo, que utiliza el sistema de las antiguas colonias especializado en la obtención de recursos y productos primarios para Europa. De este modo, tenemos fábricas que operan en diferentes partes del mundo pero quienes poseen estas fábricas son pocos países. Por lo tanto es un sistema profundamente injusto y racista, porque el poder está concentrado en poquísimas manos que en su mayoría son hombres, blancos y de determinados países.

Este sistema de flujo de capitales, al que llamamos globalización, está basado indiscutiblemente en la violencia machista. La economía, para poder cumplir ciertos parámetros de rentabilidad necesita la violencia machista, un orden y un control, y el poder neoliberal es un poder colonial y patriarcal.

Según Giulia, el patriarcado se pone en marcha a través de todos y todas cuando nos centramos en una mirada paradigmática que pone en el centro, como valor más importante, el androcentrismo. Es decir, frente al “hombre productivo” tenemos a la “mujer improductiva” o a la “mujer reproductiva”.

Y es que, como decía Giulia, una de las bases más importantes de los sistemas de poder y dominación es que los sujetos oprimidos piensan como los opresores. Por eso no es de extrañar que cuando una mujer es violada se tienda a pensar, incluso por la propia víctima, que la culpa ha sido de ella. No debía estar en ese lugar, a esa hora, con esa ropa, con esas personas, etc.

Este sistema económico utiliza sin duda la violencia contra las mujeres como control social y económico. Nos enseñan desde bien pequeñas cuál es nuestro lugar en la sociedad. Y cuando hablamos de que hombres y mujeres tienen diferencias no nos estamos refiriendo a las naturales, sino a las “naturalizadas”, que tienen relación con aquellos roles que se han impuesto a la mujer en sociedad por el simple hecho de haber nacido hembras. En nuestra sociedad las agresiones a las mujeres más evidentes se reconocen, pero no las que son más sutiles, como los chistes, o las actitudes de humillación, anulación y desvalorización. Estas hacen también mucho daño y dejan una marca importante en las mujeres.

Giulia mostró la relación que existe entre violencia contra las mujeres y el cambio climático, por ejemplo, que como bien explicó la italiana, “no es solo que en Madrid en pleno invierno estemos a 25 grados”. Se dice que las mujeres “cuidan por amor”. Esto es una de las “naturalizaciones” que se han realizado de las mujeres, como si los hombres no fueran capaces de amar o dar amor. Las mujeres no cuidan por amor, sino porque han sido sociabilizadas y educadas en la idea de que son ellas las que tienen que sacrificarse para cuidar. Es decir, el capitalismo construye la clase obrera pero a las mujeres obreras las quiere obreras y encargadas de los cuidados. Por eso no es de extrañar que en el mundo el 70% de las personas pobres sean mujeres. Y es que, como bien argumentó Giulia, “aquí todo tiene género, hasta la pobreza”.

Los desastres medioambientales, como los que vemos hoy en día en muchos lugares del planeta, son consecuencia de este sistema patriarcal en el que nos ha tocado nacer. El sistema que hipócritamente por un lado quiere que los flujos de capitales se muevan de un país a otro, y por otro lado no permite que las personas puedan moverse también, y si lo hacen, evidentemente no todo el mundo puede hacerlo igual puesto que no todos los pasaportes son iguales.

El ecofeminismo considera que este sistema económico actual tiene gusto por la necropolítica. Este sistema constantemente quiere la muerte. No valora los pueblos, orígenes de vida, no valora la naturaleza. Lo único que ansía es acumular por acumular sin importar nada más, y para ello mata. Nunca se han matado tantas especies animales y vegetales como en la actualidad.

La globalización neoliberal utiliza el extractivismo para conseguir sus objetivos. Y esto es una estrategia, una táctica de guerra totalmente, puesta en marcha por los de arriba, es decir, por las multinacionales y los Estados, para acabar con los pueblos con el objetivo de adueñarse de los territorios y los recursos naturales, como el agua por ejemplo.

Las multinacionales lo saben bien y cuando quieren golpear a un pueblo lo primero que hacen es atacar a las mujeres. Se cometen entonces violaciones de todas las formas, sobre todo aquellas que tienen en su centro la violencia machista. ¿Por qué se ataca a las mujeres de esta manera? Pues porque para atacar el paradigma constituido donde las mujeres además de ser débiles son el origen de los pueblos, se intenta destruir aquello que origina la vida de los mismos. Y mientras se logra esto, por otra parte se ataca a los hombres de esos pueblos recordándoles constantemente que no han sido capaces de proteger a sus miembros más débiles. Como se demuestra, es un nivel de violencia machista enorme.

Giulia aseguró que las mujeres son las primeras víctimas del deterioro ambiental. Las personas pobres son las que peor lo pasan cuando ocurre un desastre o una crisis ambiental. Las mujeres, al ser las encargadas de los cuidados, son las primeras que se encuentran en dificultades para encontrar recursos con los que poder continuar cuidando. Cuando una mujer es víctima de una situación causada por el cambio climático, también lo son las personas que dependen de ella. Es por esta razón por la que vemos a las mujeres latinoamericanas liderando movimientos en defensa de sus propios territorios y cuerpos. Porque son ellas las que sufren las mayores violencias, tanto en sus cuerpos como en sus lugares de origen.

Las migraciones por razones climatológicas también se han visto aumentadas en los últimos años. Y con este aumento se ha comprobado el fenómeno migratorio se ha feminizado.

Toda esta realidad, la cual estamos constatando en los últimos tiempos, puede abordarse desde otra economía, siendo posible plantear alternativas, y la principal idea es que los cuidados deben formar parte del circuito económico, pero los cuidados ampliados, es decir, cuidados a las personas y a la naturaleza. Y de no asumirse esto, al final el sistema terminará constándonos la vida. Por lo tanto, el ecofeminismo no es otra cosa que una crítica al modelo de producción actual que tenemos y a las posibilidades que se abren en cada uno de los territorios donde arraiga como forma de luchar contra todo lo anteriormente expuesto.

https://www.youtube.com/watch?v=gXwNGsekT7Y&feature=emb_logo

 

“La organización social de los cuidados” (Justa Montero y Alicia Rius)

“El trabajo de cuidados es un trabajo necesario para absolutamente todo en el día a día de cualquier persona”. (Justa Montero).

Hablar de cuidados es hablar de economía feminista, por eso Justa Montero se basó en su ponencia en los planteamientos de autoras de gran relevancia en la economía crítica, pero también en postulados de la teoría feminista y de la práctica política feminista citando a autoras como Cristina Carrasco, Amaya Pérez Orozco o Mari Luz Esteban.

Justa Montero nos hizo, con su charla, reflexionar sobre lo que entendemos por “trabajo de cuidados”. Según la activista feminista, existe una gran amplitud de interpretaciones sobre qué son los cuidados y esto es grave porque se corre el riesgo de que este concepto se banalice. La economía feminista no es un pensamiento único, sino que posee un importante abanico de posiciones pero sí tiene cuestiones comunes a este respecto como es situar en el centro de los análisis sobre economía a las mujeres en contraposición de la economía clásica que ha puesto en el centro al varón, analizando o estudiando solo el trabajo del hombre como sujeto. Del mismo modo, la economía feminista plantea una realidad que se da cuando se deja a un lado la otra gran parte de la reproducción social que son los cuidados y solo se enfoca la atención en el trabajo asalariado.

Según Montero, cuando hablamos de sostenibilidad de la vida debemos “adjetivarla”, es decir, hablar de vida digna, de vida sostenible para las personas y por supuesto para el medio ambiente. Y esto es importante porque en la actualidad hay una disputa por la vida como concepto que nos viene dada por la extrema derecha cuando niega derechos como el aborto, la eutanasia, etc. Esta lógica de la economía clásica de poner en el centro el trabajo asalariado, tiene su importancia porque a partir de ahí se articula todo en sociedad: derechos laborales, sociales, etc. Y no solo se organizan los derechos sociales, sino también los tiempos sociales, los espacios sociales, la organización de la ciudad, etc. Por lo tanto, es importante ampliar el concepto de “trabajo”. El trabajo no solo es el empleo asalariado sino también todo aquel que se realiza para que la vida sea posible. Por eso la economía feminista introduce un cambio de paradigma consistente en situar en el centro el trabajo de cuidados, como crítica a la idea social constituida que entiende al varón como el sujeto “independiente”, la idea de “hombre champiñón” que simplemente “surge”, “sale” de la casa y se pone directamente a interactuar socialmente, como si esto no viniera precedido de todo un trabajo de cuidados previo en el ámbito del hogar fundamentalmente, que le permite a ese varón (o mujer aunque son menos) que puedan hacerlo.

“¿Cómo es posible que la gente que realiza los trabajos más importantes del mundo, el trabajo sin el cual la vida como tal en ninguno de sus aspectos podría existir, sea la más pobre del mundo?”. (Alicia Rius)

Para Alicia Rius, Doctora en Economía Aplicada y Agente de Igualdad, la Economía Feminista se opone a los dos paradigmas económicos que se han puesto en práctica en la historia: el capitalismo y el marxismo. Y la razón es porque ambos se han olvidado de considerar “trabajo” la cantidad ingente del mismo que realizan las mujeres durante años en nuestros hogares. Este “pequeño olvido”, en el caso de cuantificarse, supondría un tercio del PIB de todos los países. Por lo tanto, no es un “olvido” menor el hecho que el que realizan las mujeres en sus casas no se considere “trabajo” y está explicado por la alianza existente entre el capitalismo y el patriarcado. Por un lado el patriarcado solo “valora” aquello que se atribuye a la idea masculina, y por otro, el capitalismo se beneficia de todo ese trabajo y tiempo que las mujeres dan a cambio de nada.

¿Qué pasaría si el Estado tuviera que pagar por todos los trabajos que estamos realizando cotidianamente las mujeres en casa de personas mayores, dependientes y menores que no pueden acceder a escuelas públicas infantiles gratuitas?

Alicia Rius también puso el foco de preocupación en la feminización de la pobreza. Entre el 70% y el 80% de las personas pobres en el mundo son mujeres. ¿Cómo es posible que las personas que se encargan de realizar el trabajo más importante del mundo, el trabajo sin el cual no existiría la vida tal y como la conocemos, sean pobres? Hay varias respuestas a esta cuestión. Por un lado, el denominado “Homo Económicus” se ha basado en el modelo de hombre trabajador fuera de casa. El diseño de persona trabajadora que se ha hecho es sobre un hombre que sale a trabajar a la fábrica a mediados del siglo XVIII, que va limpio, aseado, con la ropa planchada, etc. Pero si va de esta guisa es porque alguien, en casa, se encarga de estas tareas. Este modelo tuvo una importante lucha sindical, en la cual el marxismo tuvo cierta complicidad en todo esto porque defendió como “trabajo” todo el que se realizaba fuera de la casa, fuera del hogar, a mediados del S.XIX.  Esta lucha sindical consigue algo importante, la jornada de 8 horas. O dicho de otra manera, el “8+8+8” (ocho horas de trabajo, ocho horas de ocio y ocho horas de descanso). En la actualidad el “8+8+8” no tiene sentido porque desde que las mujeres se han incorporado al mercado laboral, todos y todas trabajamos 8 horas fuera de casa (mínimo).

Por lo tanto el capitalismo ha creado un conflicto con la vida. El capitalismo atenta directamente contra la vida, y aunque podamos sobrevivir como sociedad lo haremos a costa de las mujeres y de su pobreza. El capitalismo, para Alicia Rius, es un sistema que depredador con la vida del planeta y con la de las mujeres. Este conflicto entre la vida y el capitalismo es el que ha hecho que en España, desde hace un par de años, el crecimiento vegetativo venga siendo negativo. Mueren más y nacen menos personas. En esto la ultraderecha dirá que se debe al aborto, que esto es lo que explicaría que las mujeres cada vez tengan menos hijos, pero no es así. Lo que hace que las mujeres tengamos menos hijos es el sistema capitalista, que te obliga a escoger porque es imposible que desarrolles todas las facetas siendo mujer, y esta decisión no es nada fácil.

La dependencia económica que sufren las mujeres, y de la que no se habla nunca, tiene como cómplice al Estado, que no reconoce el trabajo de cuidados y no permite una redistribución de la riqueza más justa. Las mujeres tienen derecho a una remuneración por el trabajo de cuidados, porque para que una mujer sea autónoma y libre necesita mantener su vida. Y en cuanto a la política de reconocimiento, es cierto que se ha avanzado un poco pero aún queda mucho camino por recorrer. Ahora se reconoce a duras penas esta labor que las mujeres realizan en sus hogares, pero nos meten la coletilla de que las mismas “lo hacen por amor”, porque los hijos y las hijas “dan sentido a nuestras vidas”. Y precisamente a esa construcción del amor, la idea a la que nos someten desde bien pequeñas de que somos nosotras las que tenemos que sacrificarnos, no es amor. Deberían enseñarnos desde pequeñas que si no trabajamos mínimo 15 años jornada completa fuera de casa vamos a ser de las personas pobres del mundo. No vamos a tener derecho a una pensión contributiva, vamos a tener que suplicar una pensión. Que nos enseñaran esto habría sido amor de verdad.

El Estado tiene que dotar a todas las personas de los medios necesarios que les permita sostener sus vidas. Esto significa que las personas van a necesitar ayuda al menos en tres momentos de sus vidas: cuando nacen, cuando enferman y al final de su vida, en la vejez, cuando se acercan a la muerte. El Estado tiene que reconocer el trabajo de cuidados de forma fehaciente, y en este sentido cabe destacar la lucha que tienen las empleadas domésticas desde hace años para que España ratifique el convenio 189 de la OIT, que garantizaría que estas mujeres tuvieran derecho al menos al paro y cotizaran dignamente.

https://www.youtube.com/watch?v=EeC1shoN1aU&feature=youtu.be

 

“Cómo asesorar a las víctimas de violencias machistas” (Diana Mari-Pino)

Reflexión sobre las formas de apoyo a las mujeres que han sufrido la violencia de género. (Pendiente de actualizar).

 

“Brecha salarial, discriminación laboral y feminización de los trabajos” (Carolina Martínez).

“En las ordenanzas franquistas existía el concepto de ‘salario femenino’, porque se presuponía que el trabajo que realizaba una mujer tenía menos valor. Esto se perpetúa porque hoy todavía seguimos teniendo sesgos de género”.

Carolina Martínez es catedrática en Derecho en la Universidad de Oviedo, por eso comenzó su ponencia explicando que el Derecho Laboral es una disciplina que tiene su origen precisamente en la apuesta por la emancipación de los más débiles, de las personas más vulnerables. En los últimos tiempos esto se ha convertido, nuevamente, en una necesidad urgente debido a la situación laboral en la que está sumida gran parte de la población en el sistema capitalista. Por lo tanto, hoy en día el Derecho Laboral no es ninguna novedad.

Carolina Martínez se encargó de explicarnos todo lo que se relaciona con la denominada “brecha salarial” y lo hizo citando ejemplos de sentencias judiciales de los últimos años en las que se había tratado esta cuestión.

La brecha salarial no es un concepto jurídico, según la catedrática Martínez. Existen diferencias salariales que están justificadas por diferentes factores que tienen que ver con las condiciones del trabajo, el tipo de trabajo y en las circunstancias que se desempeña el mismo. Estas diferencias no tienen ningún componente discriminatorio, pero una diferencia que no esté bien justificada o calculada, es decir que esté basada en elementos objetivos, será sin duda una discriminación.

La brecha salarial es un indicador que engloba distintos elementos. Es un fenómeno estructural y además es un hecho socioeconómico generalizado. No es ninguna falacia, sino un hecho constatable. Lo que mide la brecha salarial son diferencias, además, no existe una sola brecha salarial, sino varias como distintas nociones o formas de medir y distintas fuentes para conocer estos datos.

Además, la brecha salarial puede ser de diferentes tipos:

a)     No ajustada: incorpora factores de diversidad (edad, nivel del puesto, sector, ocupación, tipo de contrato, etc.)

b)    Ajustada: asociada solo al sexo (factores psicológicos, preferencias personales, discriminaciones prejuiciosas, etc.)

Carolina analiza esta realidad a través de diferentes sentencias emitidas por tribunales durante años.

La brecha salarial existe siempre, es decir, existe en cualquier circunstancia y además aumenta en situaciones donde los salarios son más altos, a mayor formación, edad o antigüedad, y en contratos indefinidos, a jornada completa, a mayor calidad del empleo, etc.

Existen 3 factores que explicarían estas diferencias:

a)     Segregación ocupacional (techo de cristal).

b)    Estructura y componentes del salario y criterios de atribución del valor del trabajo.

c)     División sexual del trabajo.

En todos ellos influyen sesgos inconscientes de género, discriminación, estadística (maternidad, rendimiento, absentismo, etc.)

Martínez matizó que una de las herramientas más importantes para acabar con esta desigualdad es la transparencia, y en este sentido el control horario obligatorio que desde hace algún tiempo ya se hace es un paso a tener en cuenta.

https://www.youtube.com/watch?v=MgvnvpCFDjY&feature=youtu.be

 

Acoso sexual por razón de sexo, orientación sexual o identidad de género (Yuly Jara y Miguel Ángel López)

“En el acoso sexual juega un papel determinante el poder. Y donde los roles dados están muy acentuados es en la relación entre un profesor y una alumna”. (July Jara).

July Jara es periodista e investigadora, y en su ponencia durante estas jornadas expuso un trabajo de investigación, realizado en 2018 junto a la revista Píkara Magazine, sobre el acoso en las universidades. Según Jara, est trabajo de meses demostró que la mayoría de los casos investigados eran de acoso sexual, seguidos de los de tipo laboral y un resto sobre lo que no se conoció la categorización al no estar este dato especificado en diferentes universidades estudiadas.

July puso el acento en la importancia que tuvo para su proyecto de investigación poder acceder a documentación de muchos centros públicos, gracias a la Ley de Transparencia. Sin embargo, no pudieron conocer otras muchas estadísticas correspondientes a centros privados, puesto que no estaban obligados por ley a dar ciertas informaciones.

July parafraseó a una compañera, investigadora y también víctima de un acoso cuando afirmó que el acoso sexual tiene que ver con el poder, está muy relacionado con él. Por eso, donde esta relación, debido al rol que desempeña cada persona, es muy evidente es entre el profesor y la alumna. Pero también han existido casos de acoso entre personal universitario y personal docente, y siempre suelen ser de varones hacia mujeres.

Para las víctimas, el acoso tiene unas secuelas como la baja autoestima, el sentimiento de asco, problemas de concentración y el planteamiento serio de abandonar los estudios universitarios. Además, en muy pocas ocasiones la víctima denuncia por vergüenza, miedo a no ser creída, por sentirse aún más acosada o por miedo a que la respuesta policial o legal no sirva de nada. En cuanto a los protocolos existentes para abordar esta realidad, el proceso es muy largo y requiere preguntar una y otra vez a la persona acosada qué ha pasado y cómo han tenido lugar los hechos.

“Cuando las universidades no poseen o no actualizan sus protocolos de acoso, que son imprescindibles en estos centros, están siendo cómplices de la violencia institucional”. (Miguel Ángel López).

Miguel Ángel López (psicólogo) se centró en su charla en el proceso de revictimización que viven las personas que sufren casos de acoso en centros universitario. Según López, el acoso universitario se aborda desde 2 procesos opuestos, uno desde arriba a abajo y otro desde abajo a arriba, y ambos han ido a veces de la mano. Él se centró en explicar los detalles del proceso que va desde abajo a arriba por ser el resultado de las exigencias de determinados colectivos feministas dentro de la Universidad y de colectivos LGTBI de dentro o de fuera de la misma, y a pesar de la existencia de un marco legislativo.

Los protocolos de acoso en las universidades surgen tras las manifestaciones que realizan las compañeras que llevan años sufriéndolo, y lo ponen encima de la mesa no como un problema de ellas sino como un problema de la cultura universitaria.

El concepto de “acoso sexual” en el contexto universitario surge alrededor de 1973-1974 en EE.UU. pero no es hasta finales de los 70 y principios de los 80 cuando se amplía este concepto.

Existen, según Miguel Ángel López, unos “ladrillos” en el muro del acoso sexual en las universidades. El proceso de denuncia de un acoso sexual es bastante revictimizador. Para empezar, es una denuncia de la víctima la que abre el procedimiento por acoso y tiene que empezarlo ella, y no alguien que haya visto o haya sido testigo de una situación de violencia sexual en este ámbito. En algunas universidades ya se empieza a reconocer los indicios como prueba de que un determinado caso o situación deba ser investigado. Después de esta denuncia tienen que darse otros pasos, como la elección de la persona para que perite o medie en el procedimiento. La designación de esta persona, después de que se haya puesto la denuncia por parte de la víctima, tarda unos 7 días, pero según Miguel Ángel, estos plazos nunca son exactos. La persona que ha denunciado, y que por lo tanto ha tenido que contar por escrito en esa denuncia lo que le ha ocurrido, tiene que volver a contárselo a la persona que ha sido designada para la investigación de los hechos. En realidad, el proceso debería empezar con la persona experta a la que contar solo una vez lo que ha pasado y no dos ni tres. En 21 días, tres semanas, se supone que tiene que estar recopilada toda la documentación o información para hacer este peritaje. Por último se lleva a cabo una reunión con la Comisión de Igualdad.

Miguel Ángel demostró que el proceso no es que sea, como hemos dicho, revictimizador, sino que además también es generador de nuevas violencias.

A lo largo de este procedimiento se tomarán declaración a las dos partes y a las personas que hayan podido ser posibles testigos, se consultarán datos, etc. para aclarar todo lo acontecido. Durante este tiempo el perito tiene que evitar que la víctima vuelva a serlo dando instrucciones muy claras de lo que se quiere o se necesita para hacer esta labor, dejándole claro también a la víctima por qué y para qué está en este procedimiento, etc.

Algo en lo que puso mucha atención Miguel Ángel fue en la necesidad de tener una escucha activa, es decir, partir de la creencia de que la versión de los hechos por parte de la persona que ha sufrido esta violencia es veraz. Esto es sin duda un punto clave porque la persona no tiene que demostrar la culpabilidad de nada, está ahí para contar la violencia que ha sufrido. Es sin embargo, la otra parte, la parte que ha ejercido una violencia sobre otra persona quien tiene que demostrar que no ha cometido la misma.

https://www.youtube.com/watch?v=1JymBfx-KPI&feature=youtu.be

 

 “Igualdad en el seno de la representación de las trabajadoras” (Carmen Arnaiz)

En el último día de estas jornadas, la compañera Carmen realizó un taller práctico con todas las participantes. El objetivo era invitar a la reflexión, tanto de manera individual como en grupo, de la situación en la que se encuentran las mujeres en diferentes ámbitos de su día a día que abarcan desde el sindicato, el centro de trabajo y el hogar.  Las participantes pudieron manifestar cómo se sentían y a qué se enfrentaban en todos y cada uno de ellos.

Las conclusiones de estas reflexiones reflejaron que son necesarias más redes de cuidados con apoyo real, que las asambleas de los sindicatos donde las mujeres participen finalicen en horarios compatibles con otras tareas (como la del cuidado de menores), que existan espacios de cuidados en los comicios que se celebren en el sindicato (tales como congresos, conferencias, etc.), más formación para sensibilizar a toda la afiliación, sobre todo a los compañeros para que aprendan a dar a un paso atrás y renunciar a sus privilegios. En cuanto a los espacios de participación, que las compañeras se sientan segura en estos lugares en los que participan, a través de la puesta en marcha de dinámicas para fomentar dicha participación e involucrar a las mujeres que son más tímidas o no terminan de dar el paso a la hora de tomar alguna responsabilidad en el sindicato, es también un objetivo importante. Las participantes insistieron en la necesidad de ser acogidas en estos espacios sin notar ningún tipo de rechazo, además de hacer de los mismos sitios más acogedores.

Macarena Amores

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