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¿De qué hablamos cuando decimos prostitución?

 

Artículo de María Carballo López publicado en Rojo y Negro nº 354

Rojo y Negro


Al hablar de prostitución automáticamente terminamos centrándonos en las prostitutas. Ellas son siempre el centro de la discusión o exposición, que suele girar alrededor del feminismo, del derecho al cuerpo y de la liberación sexual y de la mujer. Envolviéndolo todo pero sin llegar a abordarlo, tenemos el patriarcado, las clases sociales y el sistema género-sexo. El objetivo de este artículo es hacer una pequeña aproximación a la prostitución a nivel económico, social y cultural. Las prostitutas, los puticlubs y los puteros son las actrices, escenarios y actores que interactúan en un espacio simbólico y real mucho más amplio.

¿HABLAMOS DE PROSTITUCIÓN...

«Quedémonos, pues, con la idea vulgar y paralizada de prostitución: cambio por cualquier cosa, distinta del amor, de las caricias que sólo al amor se deben»

Mujeres Libres, nº 11

La prostitución como institución abarca diferentes aspectos de la sociedad: políticos, sociales, económicos, legales y culturales. Gimeno (2012) destaca que el debate sobre la prostitución no suele contextualizarse históricamente. Tanto el feminismo antiprostitución como el proprostitución realizan aproximaciones ahistóricas. «Las antiprostitución tienen interés en mostrarla siempre como la primera y la peor esclavitud femenina, como si necesitaran demostrar que siempre ha sido una institución fuertemente opresiva para combatirla hoy día. Por el contrario, el feminismo proprostitución tiende a mostrarla de manera idealizada, describiendo a las prostitutas como mujeres libres y transgresoras a lo largo de la historia» (Gimeno, 2012, p. 119). Ninguno de los dos sectores feministas tiene en cuenta la situación de las mujeres o las relaciones de género en cada momento histórico.

Es fundamental tener siempre presente la importancia de la mirada feminista a la hora de analizar fenómenos históricos, sociales y culturales. No debemos obviar nunca la hegemonía del relato androcéntrico y eurocéntrico, donde domina el enfoque y la proyección patriarcal y colonial en la construcción de la historia. En este caso también podemos añadir el enfoque capitalista neoliberal, exportado mundialmente a través del denominado turismo sexual.

Actualmente, cuando surge la cuestión de prostitución en los ámbitos feministas, la discusión suele estar totalmente polarizada en dos opciones: el abolicionismo y la legalización. Pero la realidad suele ser más compleja. Según Villarreal (2018) el abolicionismo sin anticapitalismo es claramente insuficiente. La legalización se basa en el contrato libre (libre mercado sexual) y compra de servicio en un sistema patriarcal y capitalista.

Reducir a dos opciones dicotómicas y extremas el debate sobre la prostitución, es sumamente simplista. De hecho, a lo largo de los últimos siglos de historia, podemos encontrar en Occidente diferentes modelos jurídicos y posiciones respecto a la prostitución: el modelo reglamentarista que la tolera y regula, pero no la legaliza; el modelo abolicionista que reconoce su existencia e intenta su eliminación; el modelo prohibicionista que la sanciona; y el modelo laboral o legalización que la considera como una opción laboral libremente elegida por las mujeres y los hombres que trabajan en la industria del sexo y merecen todos los derechos laborales reconocidos.

Tanto en una etapa prohibicionista o en un periodo de legitimidad, la presión social sobre la prostitución tiene grados, suelen estar más protegidas por la ley y tener menos acoso policial las prostitutas que trabajan con menos autonomía (Juliano, 2002).

No debemos olvidar que los modelos jurídicos y las posiciones se sitúan en una sociedad y en una cultura. El feminismo radical occidental denuncia en nuestra sociedad una situación sistemática de dominación masculina a través del patriarcado. Dos elementos clave de la sujeción femenina son la sexualidad (obtención de placer) y la reproducción (descendencia). Cuando hablamos de prostitución en una sociedad patriarcal, nunca debemos olvidar que está fundamentada en el sistema género-sexo, el cual conlleva una socialización de género con una identidad sexuada, lo que significa que determina un rango distinto para hombres y mujeres y prescribe un rol sexual (Puleo, 1995).

La socialización de género en una sociedad tiene como principal objetivo mantener los roles y el orden de género. En el caso de la sexualidad, las mujeres son percibidas como objeto de deseo, cosificándolas en los diferentes ámbitos de la vida, por ejemplo, como acompañantes en actos públicos. El deseo debe culminar naturalmente en la satisfacción del placer sexual. Pero la construcción de la sexualidad está basada en la penetración y dominación masculina, olvidando generalmente el placer femenino, excepto para salvar el ego masculino. Se reproduce así la reafirmación de la masculinidad como dominante.

Es interesante analizar la construcción de género desde los hombres, cómo se construye la masculinidad y cuáles son los roles sociales y sexuales que se reproducen. Donde es más evidente la dominación de la construcción de la masculinidad es en el control sexual femenino. Por un lado existe una mitificación de la mujer-madre, en el otro extremo está el estigma de la mujer-puta. La madre y esposa con el deseo sexual reprimido, dirigido a la reproducción y monogamia obligatoria. La prostituta, cuya función es satisfacer el deseo sexual del hombre, que ha sido naturalizado, y socialmente es considerado irreprimible. Dos instituciones que mantienen el estatus quo patriarcal dominante: matrimonio y prostitución.

…O DE TRABAJO SEXUAL?

«Se diría que en el transcurrir de los siglos el mundo masculino ha venido oscilando, frente a la mujer entre dos conceptos extremos: de la prostituta a la madre, de lo abyecto a lo sublime sin detenerse en lo estrictamente humano: la mujer. La mujer como individuo, como ser racional, pensante y autónomo»

Lucía Sánchez Saornil (1935)

No es lo mismo prostitución que trabajo sexual, ni prostituta que trabajadora sexual. Uno supone, por decirlo de alguna manera, una categoría social, mientras que la otra supone una profesión. En el momento que utilizamos un término o el otro nos estamos posicionando de alguna manera. Por supuesto, siempre desde el respeto hacia todas las mujeres.

En este punto es pertinente hacer referencia a la economía y, más específicamente, lo que actualmente llamamos la brecha salarial de género. Personalmente añadiría la brecha profesional, pues las oportunidades en el mercado laboral y en ciertas profesiones no son las mismas para mujeres y hombres. En la revista Mujeres Libres (1938) publicaron: «Insistimos en lo que se ha dicho multitud de veces: la mujer ha de ser económicamente libre. Se ha dicho muchas veces, pero hay que repetirlo sin cesar. Sólo la libertad económica hace posibles las demás libertades, tanto en los individuos como en los pueblos. Son necesarias una libertad y una igualdad económicas: una igualdad de salarios, una igualdad de sueldos, una igualdad de acceso a los medios trabajadores de todas clases».

La realidad es que la prostitución se hace por dinero, ya sea por necesidades económicas y de supervivencia, o simplemente por mantener un nivel de vida más alto. Como indica Juliano (2002, p. 10), como opción laboral solo tiene sentido en el marco de las oportunidades económicas a las que las mujeres de cada sector social o grupo ético tienen acceso y de las presiones sociales a las que están expuestas. Cuanto menos son las posibilidades que tienen de conseguir trabajos bien remunerados, mayor es la posibilidad que se dediquen a tareas más rentables, de alto coste social y considerable riesgo personal.

La cuestión de la libertad de elección y la decisión sobre nuestro propio cuerpo son otras de las premisas que suelen utilizarse, pero como indica Villarreal (2018), la clase social no puede nunca eliminarse de la ecuación. «Que las mujeres tengamos como salida laboral el vendernos como objeto sexual puede ayudarnos a sobrevivir, pero nunca será liberador» (Villarreal, 2018 p. 56). Es cierto que la mayoría de trabajos no cualificados no son liberadores y se tiende a comparar el trabajo sexual con el servicio doméstico o las trabajadoras rurales. Es importante evitar justificar la explotación de trabajadoras señalando otras situaciones similares. El objetivo debe ser luchar contra cualquier tipo de explotación y abuso, sea o no laboral. En este punto, de nuevo podemos hacer referencia a la clase social, pues determina en qué posición está la persona, como dominante o como dominada. Pero no debemos olvidar que en muchas ocasiones, el género es transversal.

Siempre que hacemos referencia a la decisión sobre nuestro propio cuerpo nos referimos a las mujeres, tanto en cuestión de libertad sexual como reproductiva (anticoncepción y aborto). Este hecho refrenda lo señalado anteriormente, la dominación masculina en una sociedad fundamentada en un sistema patriarcal.

Roberta Perkins destaca que el 99% de los estudios sobre prostitución se hacen a través de quien se prostituye y el 1% se hacen a través del consumidor de prostitución. Por supuesto, es un indicativo de la aceptación social del consumo de prostitución y el estigma que sufren las prostitutas. También muestran las desigualdades existentes en un sistema de género-sexo. «Esto implica que el enfoque predominante es considerar a la prostituta como una anomalía social que necesita ser analizada, mientras que los clientes forman parte de la normalidad y el anonimato» (Juliano, 2002: 138). Estos datos nos muestran que aún quedan muchos aspectos y cuestiones que giran alrededor de la prostitución que aún no han sido abordados.

IN-CONCLUSIÓN

La construcción social de la prostitución está basada principalmente en frases, ideas preconcebidas, estereotipos y sistemas de dominación. En los últimos años se han realizado varias investigaciones sociológicas y antropológicas que profundizan más en el tema, abarcando las diferentes variables sociales y, lo más importante, recogiendo la voz de un sector protagonista: las prostitutas. Tal vez, aunque hay algunos estudios, habría que incluir y destacar otras perspectivas, como son los clientes y las personas que se mantienen como espectadoras.

A lo largo de este artículo he expuesto una serie de cuestiones alrededor de la prostitución / trabajo sexual. Son varios aspectos que podrían ser desarrollados cada uno en sendos artículos.

Quiero añadir dos posibles polémicas en este debate. En primer lugar, la prostitución como tal mantiene el patriarcado del sistema género-sexo. Los roles y los estereotipos de género se mantienen socialmente, llegando incluso a justificarlos en algunas ocasiones.

En segundo lugar, el trabajo sexual puede llegar a cuestionar en algún momento el sistema género-sexo, argumentando la existencia de un contrato libre entre dos personas, pero en este caso se mantiene y justifica el sistema capitalista neoliberal. También existe la explotación de mujeres en la industria del sexo y clubs de alterne.

Es necesario destacar lo preocupante que es el consumo, la influencia y el carácter socializador que tiene la pornografía en la adolescencia. La violencia sexual, roles y estereotipos de género se mantienen y perpetúan en nuestra sociedad. También se observan diferencias en el consumo y la percepción de la pornografía entre la juventud según el sexo y el género al que pertenecen y se definen. El informe (Des)información sexual: pornografía y adolescencia realizado por Save the Children en 2020 incluye como recomendaciones a la sociedad: «La ciudadanía es responsable y debe formar parte del cambio social que persigue una sociedad sin violencia, desigualdad o cualquier tipo de discriminación, y que tiene como fin convivir en libertad. Así, todas las personas (…) debemos cuestionarnos aquellos esquemas que conducen a estereotipos, roles y cualquier prejuicio».

El posicionamiento desde el anarcofeminismo debe ser luchar contra el patriarcado basado en el sistema género-sexo y el capitalismo neoliberal.

Finalizo así la pequeña aproximación a la prostitución. Las prostitutas / trabajadoras sexuales son respetadas y tienen su propia voz para hablar y ser escuchadas.

María Carballo López
Doctora en Antropología Social y Cultural

BIBLIOGRAFÍA

Gimeno, Beatriz: La prostitución. Aportes para un debate abierto. Barcelona: Edicions Bellaterra, 2012.

Juliano, Dolores: La prostitución: el espejo oscuro. Barcelona: Editorial Icaria, 2002.

“Mujeres Libres: Acciones contra la prostitución”. En Mujeres Libres, nº 11, 1938. Puleo S, Alicia H. Patriarcado. En 10 palabras clave sobre mujer. Estella: Editorial Verbo divino, 1995.

Sánchez Saornil, Lucía: “La cuestión femenina en nuestros días”. En Solidaridad Obrera, 1935. Página web: http://www.escritorasenlaprensa.es/wp-content/uploads/2013/09/L.S.S.-La-... (Última consulta: 19 de octubre de 2020).

Save the Children: (Des)información sexual: pornografía y adolescencia. Página web: https://www.savethechildren.es/sites/default/files/2020-09/Informe_Desin..., 2020. (Última consulta: 15 de noviembre de 2020).

Villarreal, Elena: La prostitución. Perspectiva y Propuesta Libertaria. Madrid: La Neurosis o Las Barricadas Ed, 2018.

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