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La verdad histórica del exilio

 

Reseña sobre el libro Los exiliados del Franquismo-Las voces de los sin voz.

Octavio Alberola


Habiendo sido solicitado por el compañero Carlos Ramos de la Fundación Salvador Seguí, para comentar el libro Los exiliados del Franquismo - Las voces de los sin voz, que esta Fundación ha coeditado con CGT, en ocasión de los 80 años del final de la guerra y comienzos de los exilios (interior y exterior), para su divulgación entre los más jóvenes y su presentación en sindicatos, ateneos y asociaciones de vecinos, le manifesté que solo podía hacerlo desde la verdad histórica de lo que vivi en el exilio y de las interrogaciones que esas vivencias me han suscitado sobre el comportamiento del exilio frente al régimen franquista. Pues, aunque han pasado ya 45 años de la muerte de Franco, la actualidad política española obliga a preguntarse por qué sus herederos ideológicos están aún tan presentes en las instituciones y en la sociedad española. Una presencia que ha obligado al Gobierno de «coalición progresista» a pagar, casi a escondidas, la factura de mantenimiento de la tumba del exministro de la II República Alvarez del Vayo, en Ginebra, mientras el Ministerio de Defensa ha repatriado -desde 2003 hasta 2017- los restos mortales de 29 soldados españoles de la División Azul (la división de infantería que Franco envió a luchar junto a la Alemania nazi en la II Guerra Mundial) y actualmente prepara la repatriación de otros siete soldados de esa División -desde Rusia- a cargo de las arcas del Estado. Presencia que explica también la impunidad con la que exjefes militares pueden dirigir hoy cartas al Rey invitándole a liderar un golpe de Estado para salvar la unidad de la patria...

Pues bien, habiéndome manifestado Carlos su acuerdo en ser honesto con la verdad histórica -aunque eso pueda molestar a algunos- al comentar el libro y en hacerlo a partir de mis vivencias, me ha parecido que lo más pertinente, para los tiempos que corren, es exponer las evidencias y las respuestas a las interrogaciones, que mis vivencias y la lectura del libro me permiten formular. No solo para comprender por qué el régimen franquista pudo durar tantos años y Franco ser enterrado con todo los honores en su mausoleo del Valle de los Caídos dejando todo «atado y bien atado», sino también para comprender por qué el franquismo ha podido perdurar desde entonces hasta hoy.

Esta es pues la razón de exponer a continuación -aunque sea muy resumidamente- esas evidencias e interrogaciones:

Las evidencias:

La primera evidencia, que se puede constatar con la lectura de los testimonios que se recogen en el libro, es sobre la amplitud de la tragedia vivida por el antifascismo español -en España y en el exilio- tras el triunfo fascista en 1939 y durante los cinco años que dura la Segunda Guerra Mundial. Tragedia y contexto histórico que le obligan a darse como prioridad la de sobrevivir en aquellas difíciles condiciones bélicas en las que el mundo estuvo a punto de quedar en manos del totalitarismo nazifascista.

La segunda evidencia, que también se puede constatar con la lectura de los testimonios que se recogen en el libro, es la profunda decepción del antifascismo español -en España y el exilio- al verse olvidado, en los años que siguen al triunfo del mundo 'democrático' en 1945, y sacrificado luego con el pretexto de la 'guerra fría'... Decepción que no le impide de seguir confiando ingenuamente durante muchos años en una solución 'político/diplomática' del 'caso español'...

La tercera evidencia, que también se puede constatar con la lectura de los testimonios que se recogen en el libro, es la resignación con la que el exilio acepta la desaparición de la guerrilla en 1947 y su poca voluntad a lo largo del exilio para organizar una resistencia decidida a combatir activamente al régimen franquista. Y ello a pesar de su profunda decepción por la connivencia de las Democracias con ese régimen fascista y a las protestas populares que no cesan de producirse en España a pesar de la brutalidad de la represión...

La respuesta a las interrogaciones

La respuesta más frecuente a las interrogaciones formuladas al comienzo es la de atribuir -como se hace en el libro- la «derrota» del antifascismo y la longevidad del régimen franquista a «la inhibición y desidia de las democracias europeas» y a la «represión» (p. 202).

Pero, aunque es indiscutible que esa «inhibición y desidia» y la «represión» fueron factores determinantes para que Franco pudiera mantenerse hasta su muerte (en la cama), que la Transición a la Democracia fuese la que fue (sin ruptura institucional con la Dictadura) y que hoy estemos como estamos, también contribuyó enormemente a ello la actitud claudicante del exilio de esperar pasivamente a la desaparición de Franco y de no apoyar a los que iban a España a intentar provocarla.

Para mi no cabe duda de que es esta resignación la que posibilitó al régimen franquista ser tan longevo y poder condicionar tan decisivamente la Transición.

Es obvio que mi respuesta está condicionada por las tres evidencias que ex expuesto antes; pero, ¿cómo olvidar que, salvo individualidades y sectores muy minoritarios, la gran mayoría del exilio se inhibió de la lucha activa contra el régimen franquista, y que solo en casos excepcionales de la represión esa mayoría fue capaz de sacudirse la desidia para participar en manifestaciones de protesta en el exterior?

Claro que no se debe olvidar que Franco pudo contar primero con Hitler y Mussolini para ganar la guerra y luego con las Democracias para perpetuarse. Pero tampoco se debe olvidar la indiferencia e insolidaridad del exilio con los grupos que fueron a España para hostigar al franquismo. Un exilio, anestesiado por las rivalidades partidistas, que no solo nos apoyó a estos grupos sino que los abandonó a su suerte frente a la represión franquista. Inclusive en los medios libertarios...

¿Cómo olvidar lo sucedido con los acuerdos de lucha del MLE, aprobados por unanimidad en 1961, y la constitución del DI en 1962? ¿Cómo olvidar que es el propio sector del exilio libertario, que había redactado y aprobado esos acuerdos, el que no para de sabotear al DI desde su constitución, y que en 1963 aprovecha la razia de las autoridades francesas contra las Juventudes Libertarias para paralizarlo y en 1965 enterrarlo en el congreso de Montpellier, dividiendo una vez más a la CNT y al MLE?

Yo no puedo y no debo olvidarlo; pues solo tomando en consideración esos comportamientos se puede comprender la ausencia de acción antifranquista colectiva del exilio y lo sucedido después de la muerte de Franco y durante los 45 años que ya han transcurrido desde entonces.

Octavio Alberola

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