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Horas de Revolución: poemas

 

Dos poemas de Adriana Portero Rodriguez, miembro de las Juventudes Anarcosindicalistas de CGT y poeta autora del blog Horas de Revolución.     

 

Adriana Portero Rodriguez


Máximo superior

Forastera de papel blanco, en mitad de esta noche pasiva, intranquila, intenta (co)razonar los sinsabores. Poeta, vuelva a su poesía.

Estoy sembrada de espinas que arrojar al vacío, pero no me encuentran las palabras.Quizás no existan. Quizás las hayas robado tú, y el aire.

Dejando a un lado la prosa carencia acude a la cabeza el idioma más viejo del mundo. Me faltan esas palabras ágrafas, mudas. Eslabón de las causas perdidas. No me engañas, naturaleza, sé que aún te escondes por entre húmedos rincones. Los labios se recuerdan. Sexo primitivo, lenguaje y lengua indistinguidos, gemidos. Ruta de senderos salvajes, camino de la revolución. Sinapsis, fricción de neuronas y orgía de pensamientos: revuelta de sesos.

Las camas están vaciadas de debate, llenas de conciencia contaminada de carencia y faltas del piel con piel. Me pregunto cuál será el segundo último de este zulo. De estas calles que apestan a distancia entre los cuerpos. Ya no se roza, por decoro, manos y rodillas. Ya nadie besa, orejas, boca, ombligo... No hay lenguas caballeras dispuestas a hablar con sentido. Y al no haber, no hay miradas que desnuden al alma, ni si quiera que se asomen curiosas a ella. Tampoco hay voces que desentonen la frontera del dolor y el placer, arte de amar.

El dolor, que la modernidad individualista mide su entorno por el riesgo a aproximarse a éste. Sistema de observación mínimo inferior. Aférrate a la carencia y no perderás nada.

Nada, excepto tus manos.

Amante y no dogma

Espero los días sin juicio. Días en que los sueños clandestinos se desnuden al sol. Te espero entre sábanas. Piel y hierba húmeda. Espero, bajo la sombra de un ciprés, respirar aire en llovizna. Y que mis pulmones se embriaguen de nuevas drogas, y de ti también que se embriaguen si pueden.

 El deseo intranquilo martillea mis sienes, subversivo. Pesa como pesa el mundo, cuestionando la palabra libertad. Y cuestionando también a los hombres que la estrangulan inocente, con garras y esmalte confusos.

Ahora somos lobos que juegan rendidos al olvido de las imposiciones, custodiados por la Luna, que se ve más grande y guapa que nunca. Que se ve enloquecida a las afueras vírgenes de ciudad. Allí no hay horizonte frontera que separe al cielo del mar, dos amantes desatados por la brisa y el salitre. Revolucionan las olas.

Vivir, viajando en un coche por senderos de asfalto inesperados, hacia donde el instinto nos lleve.

A todas las almas salvajes.

Adriana Portero Rodriguez

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