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Sector social, crisis, poder y capitalismo: un marco general de entendimiento

 

Introducción.

En este artículo retomamos algunos análisis sobre el momento histórico actual y los relacionamos con determinados conceptos sobre el poder, sus técnicas, cálculos y formas de influencia en la vida de las personas. El propósito es tratar de proporcionar un marco de entendimiento, general, amplio, estratégico, que nos permita situarnos en el contexto actual de crisis global, y valorar cómo ese contexto general afecta y afectará en particular al sector social. A partir de esa valoración, esbozaremos algunas posibles vías para la construcción de alternativas.

 

Sector Social CGT


1. La crisis.

Estamos en un momento histórico de crisis global y profunda. Desde la hegemonía del poder, se nos dice que para intentar superar estas crisis, la única posibilidad, objetivamente necesaria, es realizar una serie de cambios dolorosos que impondrán sacrificios a todos. En caso contrario, el desastre absoluto, la bancarrota total, el caos, el abismo: todo, absolutamente todo se derrumbará y se perderá para siempre… Cada pocos días vuelven a sonar las alarmas. Un agente anónimo que se hace llamar “el mercado” desata

situaciones que, de nuevo, imponen como necesidad técnica objetiva profundizar en la implementación de esos cambios dolorosos.

Todo cambia a una velocidad vertiginosa. La incertidumbre es cotidiana, es difícil comprender lo que está sucediendo; la zozobra y la angustia se extienden en el ánimo de todo el mundo. La amenaza es constante, el peligro inminente, la debacle puede llegar en cualquier momento. El miedo y la confusión se instalan de forma permanente, de manera extensa e intensa: está en el medio, en el aire, y llega a cada rincón de nuestra existencia.

Con el cuento de la crisis y a base de confusión y miedo nos han quitado derechos laborales, rebajado las pensiones, bajado los salarios, recortado y privatizado servicios básicos como la salud, la educación, y también los servicios sociales… Nos gobiernan a base de miedo. Se trata de producir en la población un fuerte impacto emocional a través de una situación intensa y profunda de amenaza, una situación que desoriente; y antes de que pueda darse cualquier reacción, implementar rápidamente una serie de cambios profundos en la estructura económica, social y política. Es la estrategia de gobierno que una conocida autora estadounidense, Naomí Klein (2007), bautizó como “La doctrina del shock” y que esbozamos brevemente en el siguiente punto.

2. La doctrina del choque. 

Milton Friedman ha sido uno de los principales ideólogos de la doctrina neoliberal, impulsor de la Escuela de Chicago, escuela de pensamiento económico defensora donde las haya del “libre mercado”. Según esta doctrina, para que el mundo se desarrolle adecuadamente, prácticamente todo ámbito de la vida habría de ser regulado por el mercado, es decir, habría de estar

sujeto a las leyes del mercado. El mercado sería ese espacio en el que se compra y se vende mercancía, en libre competencia, y donde todo adquiere su justo precio sin más regulación que las derivadas de unas leyes naturales como las de la oferta y la demanda, coste-beneficio, etc. 

Todo ámbito de la vida significa “todo”: la salud, la educación, toda forma de relación social, la vida misma se debiera someter por completo a las leyes del mercado. Friedman era consciente de que alcanzar ese estado de cosas ideal era tarea fácil y que, a la hora de implementar los cambios necesarios para tratar de conseguirlo, encontraría una serie de reticencias en determinadas

franjas de población que tratarían de justificar su poca colaboración en base a cuestiones como derechos laborales, justicia social, etc. y que, irresponsablemente organizarían protestas, huelgas, etc. Habría resistencia al cambio necesario, resistencias que se sostendrían en el tiempo y que hasta podrían llegar a prevalecer en un contexto.

Había que pensar entonces cómo hacer para que esa resistencia no se diera, y para que además, posteriormente, la población colaborara de manera continuada. De alguna manera, esto significaba deshacer para rehacer, borrarlo todo para rehacerlo de la manera adecuada. Uno de los modelos de cómo hacer esto fue proporcionado por unos experimentos psiquiátricos a través de los cuales la CIA pretendía encontrar claves para conseguir la colaboración de los detenidos en los interrogatorios. La idea de tales

experimentos consistía en la aplicación de electrochoques hasta la destrucción de la voluntad del sujeto para posteriormente construir un nuevo sujeto colaborador.Se trataría de extrapolar la idea del mecanismo desde un nivel del individuo a un nivel de la sociedad, de la población.

Friedman pensó que solamente un impactante evento, una crisis social, actual o percibida como tal, podría producir un verdadero cambio. Y cuando esa crisis ocurriera, las acciones a tomar dependerían de las ideas que estuvieran presentes en el medio (Klein, 2007). Así que se trataba de que las ideas estuvieran presentes y de que se desatara una crisis suficientemente intensa, un evento creado o sobrevenido, que produjera un estado de shock en la población, un estado de miedo, confusión y paralización, que abriera la oportunidad para implantar rápidamente las reformas planeadas y consolidar el nuevo estado de cosas antes de que se pudiera producir cualquier tipo de resistencia.

El experimento-país fue Chile. La crisis, en forma de gran violencia, represión y muerte, la puso Pinochet; las ideas, los discípulos de Friedman, los Chicago Boys. La lectura es que para implantar el nuevo estado de cosas, la implementación de las reformas había de acompañarse de una determinada dosis de alguna forma de violencia organizada y realizarse de manera rápida, mientras durase el estado de miedo, confusión y paralización. 

No siempre son necesarios espectaculares golpes de estados y dictaduras militares. Hoy día, basta aludir a la seguridad, en un estado de excepción permanente en apariencias de democracia. Lo común, más allá de diferencias según circunstancias y países, es que se apliquen estrategias similares para contener a los pobres de las ciudades: inmigrantes, desocupados, los habitantes de los barrios populares, etc. Aquellos sectores que quedaron desconectados de la economía formal, de modo permanente y estructural son las categorías enteras de ciudadanos que en una suerte de guerra civil legal se podrán eliminar físicamente por no resultar integrables en el sistema político (Agamben, en Zibechi, s.f.: 4-5)

Las reformas planeadas consisten en transferir grandes espacios de creación de riqueza de lo público a lo privado, a las grandes corporaciones. La salud, las pensiones, la educación, la vivienda… todo lo necesario para la vida pasa a estar sujeto a la ley del libre mercado, todo se ha de comprar y vender. Los ricos se hacen cada vez más ricos, y los pobres, cada vez más pobres, de manera tal que no pueden comprar una vivienda adecuada, ni la atención a su salud, ni la educación privatizada… y llega un punto en que ya no pueden comprar nada, en que resultan inútiles para el mercado, resultan desechables.

El proyecto neoconservador, continúa Klein (2007), no es la implantación de la democracia, sino una prescripción cuyo propósito es la creación de un nuevo orden feudal que habría de resultar en una nueva redistribución de la riqueza mundial en el que una pequeña élite maximizara sus beneficios globales, y las clases medias desaparecieran desintegrándose entre los pobres permanentes.

Unos planes, unos cálculos en que el oligárquico grupo reducido del 20% de la población vive en una burbuja de gran prosperidad, a expensas del restante 80% que queda condenado a la miseria. Para su control, la violencia de la represión. Estamos ante una política económica gubernamental de cuya racionalidad se derivan no sólo las masivas violaciones de derechos humanos, sino también la atrocidad de condenar a millones de seres humanos a una miseria planificada (Klein, 2007:15; 95; 444; Clonan, 2007).

Violencia represiva. Pobres desechables. Miseria planificada. En esos cálculos de gobierno para el equilibrio deseado, se le ha otorgado un valor nulo a la vida de las personas que componen la gran franja de la población que ha quedado desconectada del aparato productivo y de consumo. No producen beneficio. No entran en el mercado. Su vida es desechable. Se renuncia a su integración.

La doctrina del shock es una forma de explicar unas técnicas de gobierno de nuestro tiempo histórico que nos resulta muy ilustrativa para entender nuestro momento actual. No estamos tanto en una presunta crisis económica, sólo superable tras unos inevitables y duros pero pasajeros sacrificios. Estamos en una reordenación global y permanente de la vida social de acuerdo a los

presupuestos del neoliberalismo.

A estas alturas de la contextualización, ya estamos hablando en términos de técnicas, de cálculos y de racionalidades para conducir las conductas de una población y componer y mantener un determinado orden general de relaciones sociales y de distribución de la riqueza. Es decir, estamos en términos de gobierno. En términos de intencionalidad y de proyectos políticos, no de desgracias naturales sobrevenidas que provocan situaciones lamentables sin responsables.

Estos términos nos llevan a la cuestión de cómo es posible que desde una posición hegemónica de poder se puedan conducir las vidas de las personas:

es decir, nuestras vidas, nuestros cuerpos, nuestras mentes, nuestras formas de ser y de relacionarnos, en este tiempo que habitamos. Para referirnos a esta cuestión adoptaremos, de una manera amplia, los términos biopolítica/biopoder.

Las racionalidades y técnicas de poder son producto cultural humano, tienen historia y han evolucionado en su concepción e implementación. Para perfilar más esta contextualización que nos ha de proporcionar un marco de

entendimiento más completo y preciso desde el que analizar el momento que atraviesa actualmente el sector social y sus perspectivas de evolución, puede ser conveniente dedicar un espacio a la cuestión de la biopolítica del neoliberalismo.

3. El poder y la vida.

Cómo el poder regula nuestra vida, nuestro cuerpo, nuestra subjetividad, nuestro “alma”, nuestras maneras de relacionarnos, nuestras maneras de vivir y de reproducir la vida social, el sistema social, la forma de vida.

Para desarrollar nuestra explicación, iremos avanzando situando brevemente los conceptos implicados: el ser humano, el poder, el neoliberalismo, la biopolítica....

3.1. El ser humano como ser social, histórico, en relaciones de poder.

Las personas no somos solamente huesos y carne de organismos individuales. Somos seres activos, históricos y sociales. Nos formamos en la relación con otras personas, a lo largo de tiempo, en un ambiente relacional y cultural concreto, en el que se desarrollan acontecimientos y procesos que son realizados, significados y cargados de afectos por seres humanos entre los que hay equilibrios de poder.

Es en ese entramado complejo en el que nos configuramos como individuos, como personas, como seres humanos.

Quienes controlan el entramado, el medio, dirigen las formas de relación, y encauzan significados y afectos de manera funcional para la configuración de unas y no otras formas de ser humanos. Y así, a lo largo del fluir del tiempo, tratan de asegurar la continuidad y reproducción de las formas de vida social que onfiguran el medio a su imagen y conveniencia en un círculo continuado que se proyecta al futuro.

Seres humanos en un tiempo histórico, inscritos en unas formas de relación social, envueltos en unas relaciones de poder concretas. Esas inscripciones sociales nos marcan los márgenes entre los que se podrán desarrollar nuestras posibilidades de ser, unas y no otras. “El individuo sólo es, a mi entender, el efecto del poder en cuanto este es un procedimiento de individualización”

(Foucault, 2005: 28). El individuo será sometido a unos procedimientos para convertirse en “normal” y será vigilado para ello (Foucault, 2005:68). Sujetos sujetados a través de unos procedimientos fijados por un poder político.

3.2. El poder como situación relacional.

Entenderemos que el poder no es simplemente un lugar o una institución privilegiada de donde emana todo lo que se puede hacer. Hay lugares que, efectivamente, concentran poder, pero son producto de un sistema de relaciones, están basados en una situación relacional. El poder está presente en todo momento, se produce en cada instante, en todos los puntos del sistema relacional, en toda relación de un punto con otro,en el mismo relacionarse. La relación de poder es omnipresente, resulta inescapable. En el efecto de conjunto de esas formas de relación, en su repetición, en su permanencia, en su encadenamiento, en su movilidad, se

dibuja el poder. “El poder no es una institución, y no es una estructura, no es cierta potencia de la que algunos estarían dotados: es el nombre que se presta a una situación estratégica compleja en una sociedad dada” (Foucault, 1995:113).

El poder es relacional, por lo tanto sufre tensiones constantes, cambia según los momentos, los acontecimientos, las voluntades, las intencionalidades, los proyectos, los relatos que dan cuenta de ellos, las materialidades, los afectos, las identidades, las conductas, las fuerzas, las luchas, las resistencias… La vida y lo político se forman mutuamente en un círculo de retroalimentación. En esas inseparables relaciones entre la vida y el poder, la vida, la vida que el poder, el biopoder, quiere coptar y explotar tan intensa y extensamente como pueda, se escapa a cada rato en el decurso de esas constantes luchas relacionales que también lo conforman.

A la hora de intentar responder nuestra pregunta inicial, es conveniente ir teniendo en cuenta todo esto. No estamos en un espacio neutral, técnico y no necesariamente positivo para según quien. Estamos en un determinado tiempo histórico, situados en unas determinadas relaciones de poder. Y esas relaciones de poder adquieren formas concretas, persiguen unos determinados objetivos.

4. Una determinada forma histórica de relaciones de poder: el neoliberalismo

El (neo)liberalismo se funda en una racionalidad y en una serie de valores. Constituye y propugna una visión del mundo y una forma de vida. No se pretende realizar ahora un detallado análisis de esos valores y esa visión del mundo. Pero sí es necesario apuntar algunos elementos. 

El primer derecho humano que se reconoce desde el liberalismo, fundante y principal, es el derecho a la propiedad (Martínez, 2004:104-106). Se reconoce antes que cualquier otro derecho, y los demás derechos emanan a partir de este derecho a la propiedad, entre ellos, el derecho a la vida. Esto quería decir entre otras cosas que, en tanto en cuanto prevalecía el derecho a la propiedad sobre otros derechos, se legitimaba que un ser humano fuera propiedad de otro humano, es decir, la esclavitud.

Desde estas perspectivas, todo adquiere su valor en base a su valor en el mercado, no por constituir un bien para el desarrollo de la vida, de vida digna para tod*s, como se plantea desde otras perspectivas de derechos (Herrera, 2005; Martínez, 2004). Los valores son los que fija “el mercado”, es decir, los más poderosos en el mercado, los más ricos; todo se ve bajo la óptica del lucro

privado, todo se convierte en mercancía a comprar y vender. Eso conlleva la necesaria implementación de unas formas concretas de poder y gobierno históricamente ligadas de manera estrecha al nacimiento de la biopolítica (Foucault, 2007).

4.1. El Estado y el nacimiento de la biopolítica. Biopolítica del neoliberalismo. 

Propiedad, derechos, poder, y gobierno. Los propietarios son quienes tienen derecho a participar en el ejercicio del poder en el gobierno. A más propiedad, más derecho, más poder. El Estado es una peculiar tecnología de concentración de poder para el ejercicio de gobierno, que se pretendió realidad autónoma en sí misma. Sin embargo, la tecnología “Estado” no es natural, ni ha estado siempre como tal. Es histórica, es social, y se fundamenta en una racionalidad.

La racionalidad gubernamental, la razón de Estado, proporciona unas razones para gobernar y para el ejercicio de la práctica gubernamental, para el arte de gobernar. La gubernamentalidad será la manera de conducir la conducta de los hombres, y de alguna manera consistirá en una grilla de análisis para las relaciones de poder (Foucault, 2007: 218).

La razón de gobierno entiende a los seres humanos como una población, como un problema a manejar para conseguir unos resultados. Así en sus inicios, se plantea cómo habrá que observar, a través de qué instrumentos, y de qué tipo de cálculo, si una determinada acción gubernamental, puede funcionar adecuadamente. De este planteamiento se derivan varias cuestiones.

La primera, sobre “qué hacer” implica necesariamente también “qué no hacer”:

la cuestión de la autolimitación de la acción gubernamental está presente desde sus inicios en esta racionalidad de gobierno que surge de los propietarios del mercado: no intervenir, “dejarnos hacer”, no nos opriman.

Segunda, las prácticas de gobierno pasarán su examen en función de su “utilidad”, es decir, de si la práctica de gobierno tiene éxito y se comporta como se desea respecto a un marco de comprensión que hace descifrable la realidad, y que permite establecer si la práctica gubernamental es útil o no en función de algún indicador.

Y esto nos lleva a la tercera, se hace necesaria una inteligibilidad, un régimen de Verdad, un conjunto de reglas que permitan respecto a un discurso dado, caracterizar los enunciados, establecer la verdad, lo que es verdadero y lo que es falso, la veridicción.

Un buen gobierno será el que actúa en la verdad. El buen gobierno encontrará en la Mercado el lugar de veridicción por excelencia, de formación de verdad.

El Mercado concebido como lugar en donde se hace justicia distributiva a través de la verdad de los precios, donde se ponen en evidencia los mecanismos naturales que permiten la aparición de los precios naturales, del buen precio, del precio justo, del precio verdadero. Hay que dejarlo actuar, sin regularlo artificiosamente, para que aparezca su norma, y obedecerla; hay que dejar actuar sin interferencias a los mecanismos “naturales” y espontáneos, aunque no haya posibilidad de aprehenderlos. El Mercado es el lugar de la Verdad. El Mercado revela una Verdad. Buena, natural, justa. El Mercado será espacio de jurisidicción y de verdad para las prácticas gubernamentales, patrón de verificación y falsificación a la gubernamentalidad (Foucault, 2007:43-67).

Verdad y falsedad para la acción del poder político sobre la vida. Así que todo y todos al mercado, según los valores que marque para el intercambio, y con el ánimo de la ganancia como valor principal. Si en algo o alguien no hay negocio, que no exista, de hecho, dejará de existir, naturalmente.

Todo en el mercado; todo al servicio del mercado. Por lo tanto, es necesario facilitar el intercambio en el mercado, la ganancia económica. Hay intercambio en aquello en que existe interés. Hay interés en aquello que permite cubrir necesidades, desarrollar vida. El negocio y el poder se colocarán y producirán allá donde se produzca la vida, en la satisfacción de las necesidades para la

vida. Luego ya se crearán otras necesidades para las determinadas formas de vida y ya se implantarán formas de vida para crear mercados de necesidades… 

Además, el gobierno sólo debe actuar donde resulte útil. Será útil si hay interés en el mercado, si facilita el interés del mercado. El gobierno deberá actuar por los intereses del mercado.

Poco a poco fueron cambiando la concepción de las maneras liberales. De pensar inicialmente en cómo limitar al Estado para dejar hacer al mercado, a pensar sobre cómo hacer existir al mercado, por supuesto a partir de la libertad económica de los propietarios. Se vuelven las tornas, la libertad de mercado surge como principio organizador y regulador del estado, desde el principio de su existencia y hasta el final de cada una de sus intervenciones. El Estado queda al servicio y bajo vigilancia del Mercado.

Es más, el mercado debe ser producido por el gobierno. Se tiene que promover una competencia pura que, paradójicamente, sólo puede aparecer si es promovida por las acciones del Estado, por el arte de gobernar. Ya no es tanto dejar hacer al mercado, como promoverlo a través de una intervención permanente.

Esa intervención se realizará actuando sobre las condiciones del medio, sobre el marco de relaciones. Se actúa no sobre las condiciones actuales del mundo, sino sobre las condiciones de existencia del mundo. Se transformará todo para que el mercado pueda funcionar, pero jamás se intervendrá sobre los sagrados elementos del Mercado.

Se intervendrá sobre la población, la sociedad se cambiará para que los mecanismos del Mercado actúen, a través de técnicas como el cambio del régimen jurídico de explotación (reformas laborales, por ejemplo). Se producirá no solamente un orden “natural” del mundo sino también su orden legal. Se pretende conformar un determinado tipo de sociedad. Una sociedad adecuada al mercado, inmersa en la competencia. Habrá que multiplicar la forma social “empresa” en el cuerpo social, crear una sociedad-empresa…

Las políticas sociales para la adecuación de la sociedad al mercado nunca tendrán como objetivo la igualdad, ni la compensación de desventajas, ni la distribución equitativa… todo eso lesionaría al Mercado. Dentro de los cálculos, se podrán atender algunos efectos de la pobreza, pero no sus causas; las políticas sociales no asumirán los riesgos de lo social, solamente considerarán

mecanismos de intervención a quien lo necesite y sólo cuando lo necesite, no hay seguridad para todos, ni en todo momento. Habrá unos encargados de realizar los correspondientes cálculos, establecer mecanismos de evaluación y determinar la verdad o falsedad de esa necesidad de individuos concretos. 

Sólo el crecimiento económico puede aportar solución y luego ya se irá distribuyendo esa riqueza. Los mecanismos de política social no pueden ser obstáculo a las leyes del mercado.

La persona es concebida como la máquina del trabajador que le va a producir flujos de ingresos; el individuo será una empresa para sí mismo, será “capital humano” sobre el que, según sus propias decisiones, podrá invertir en formación, migración, etc.

En la política de sociedad, la vida y los individuos quedarán incluidos en relaciones de propiedad privadas. La empresa permanente se establece como modelo de relaciones sociales y del individuo consigo mismo, como modelo universal, generalizado, de la existencia misma. Será necesario también reconstruir una serie de valores morales y culturales. La competencia como valor moral, el lucro, el individualismo, etc. Ha de haber una economización de todo el campo social. De la vida…

4.2. Biopolítica. Cálculo de formas de vida.

Para poder manejar el objeto “población” y las condiciones del medio para adecuarlo a las necesidades del mercado, hace falta pues realizar una serie de cálculos y prospecciones que se han de hacer en base a un régimen de verdad nocimiento de la realidad. Saber y poder. Foucault (1995) nos explica otros aspectos interesantes.

En el desarrollo de las técnicas de gobierno, se descubre un nuevo objeto llamado “población”. Se constata que había una serie de datos al respecto de unos acontecimientos, unas variables que mostraban que, en una multiplicidad de individuos en el tiempo, se producían regularmente una serie de valores, en una evolución concreta: muertes, enfermedades, crímenes, accidentes… Se

pensó que la evolución de esos valores obedecía a las leyes de la naturaleza, que en su devenir natural esas variables acababan por acomodarse en unos niveles naturales, adecuados, y que de alguna manera resultaba posible relacionar unas variables con otras variables, aunque en apariencia pudieran parecer estar algo lejanas. El objeto “población” tenía efectos económicos y se

convertiría en la meta e instrumento de gobierno (Foucault, 1995: 130-134) 

Así, por ejemplo, se podría relacionar la posibilidad de un determinado acontecimiento, una revuelta en la ciudad contra el soberano, con la escasez de grano en el mercado. Cabría pensar que se habría que evitar la escasez, que haya abundancia de grano en el mercado. Pero si hay mucha oferta de grano en el mercado, sus precios bajan; si los precios bajan, no sale a cuenta

producir, se siembra poco; si se siembra poco, habrá escasez en el próximo ciclo. Es decir, si no hay escasez, se producirá escasez. La escasez sería un “fenómeno natural”, no estará ni bien ni mal que habría de mantenerse entre unos márgenes. Un nivel es la población, otro nivel son los individuos. Para que la escasez se mantenga en un nivel aceptable en la población, algunos individuos tendrán que sufrir los rigores de la escasez (Foucault, 1995: 45-56).

La cuestión será tener un buen dispositivo de conocimiento, de cálculo, bien conectado con la realidad, que permitiera entender las oscilaciones y vincularse con otros elementos de la realidad que sirvieran para compensar dinámicas y facilitar que la propia realidad del movimiento lleve a la anulación del acontecimiento no deseado (Foucault, 1995: 57-60). La revuelta contra el soberano, por ejemplo.

En esos cálculos, será necesario ampliar el análisis de los procesos a numerosas variables, a todo el ciclo de producción, ensanchando tiempos y espacios; habrá que conocer bien el mercado, y habrá que disponer de un ajustado conocimiento de la población y de su comportamiento. La estadística, los cálculos, permitirán el análisis de lo que suceda y de lo que va a suceder en el ciclo natural. Hay que dejar hacer, dejar pasar; la escasez no debe desaparecer, ha de haber cierta escasez, cierta hambre (Foucault, 1995:60- 62). Miseria planificada, se decía anteriormente.

Manejar las condiciones del medio. Administrar la escasez. El problema es cuando el pueblo no se quiere comportar como “población” y se resiste a aceptar el sufrimiento que ha de llevar a la resolución natural de la situación.

Entonces, todo dejaría de funcionar (Foucault, 1995: 64). El poder, sus cálculos y la vida de las gentes: “habría que hablar de biopolítica para designar lo que hace entrar a la vida y sus mecanismos en el dominio de los cálculos explícitos y convierte al poder-saber en un agente de transformación de la vida humana; esto no significa que la vida haya sido exhaustivamente integrada a técnicas que la dominen o administren; escapa de ellas sin cesar.” (Foucault, 1995: 173)

El poder, el negocio, el interés, se sitúa donde se produce la vida. Un poder político transformando la población y creando de manera calculada una forma de vida, con sus necesidades y deseos, que constituirá el nicho de negocio en el mercado. El poder, creando formas de vida social acordes al mercado. 

Biopolítica del neoliberalismo.

No estamos en una “crisis”. Son “muchas crisis”. No son “naturales”. Es biopolítica: una calculada reordenación de la vida desde una hegemonía del poder con unos presupuestos ideológicos, los del neoliberalismo. En ese proyecto ideológico, o bien sobramos, o bien, como mucho, nuestra vida está destinada a ser carne que alimente el negocio en el mercado. Pero el resultado no está determinado. Es una lucha social histórica, va nuestra vida, y hasta la vida misma en ello.

(Ajuntamos documento completo)

Informe de Rubén-A. Benedicto Salmerón. Psicólogo social. Asamblea del Sector Social, CGT. De-Liberaciones.

Más información:

CGT Sector Social

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